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SÁBADO, 19 DE NOVIEMBRE DE 2011 abc. es ABC cultural U 23 El CGAC de Santiago de Compostela organiza la mayor retrospectiva de Jeff Wall en España. Una muestra en la que el fotógrafo se enfrenta a los artistas que le han influido Por Javier Díaz- Guardiola n neón de Dan Flavin es un guiño a su interés por la luz artificial. La pieza de suelo de Carl André habla de su obsesión por la escala. No pueden faltar las alusiones al cine (Fassbinder, Buñuel, Kubrick, Haneke) ni a los grandes que han retratado la vida cotidiana y sus anomalías (R. Frank, Atget, Arbus, Weegee... Hay incluso referencias a la performance de los setenta Siempre me ha interesado su inmaterialidad, lo que me llevó a pensar en cómo entran y salen los protagonistas de una foto explica) Son cerca de 70 artistas tan diferentes a él, como similares, porque de alguna forma le han marcado. Así se ha montado esta inusual retrospectiva de Jeff Wall algo muy lejos de la habitual antológica, que al final se convierte en un canon, sobre todo si has hecho muchas señala) la más importante en España hasta la fecha, que confronta 25 de sus fotografías más emblemáticas con trabajos de los grandes, sus grandes de las últimas décadas. La cita es suya: El arte que merece la pena es autobiográfico ¿Cómo lo es el suyo? No creo que mis fotos sean autobiográficas de forma directa. Pero mi arte habla de mi vida diaria en el sentido de que lo que se ve en mis obras son cosas que he experimentado y a las que he cogido cierto apego. He establecido un vínculo emocional con determinados momentos y se puede seguir un patrón de los suntos que me interesan. Se menciona la influencia de la pintura en su obra. Sus fotos son definidas como reproducciones de la vida diaria ¿Todo eso lo convierte en un fotógrafo clásico Empecé a interesarme por la foto cuando empezó a cuestionarse la vieja concepción de que era algo especial. Durante sus primeros cien años, su aspecto más emocionante era el ser un medio nuevo. Hacia 1965- 1970 eso había pasado a ser una auténtica ortodoxia. Todas las técnicas perseguían lo mismo: crear una imagen, por lo general, del ahora. Por eso mi intención fue no hacer hincapié en el carácter único de la foto. Y empecé a pensar en qué sentido se parecía a todo lo demás. Y eso dio lugar a cosas como el reportaje fotográfico, la idea de los tableaux, el proceso cinematográfico... Resultó que la ortodoxia de la foto era cierta pero incompleta. Había formas alternativas de fotografía que también lo eran. Y yo he intentado seguir esa intuición. Lo que me interesa de lo que llamamos día a día o contemporáneo es que son momentos que puede ser tan actuales como históricos en algún punto del futuro. Hay una paradoja en sus grandes escalas: Son su forma de hacer la fotografía más humana, porque envuelven al espectador. La forma de tableau hace que se experimente casi como un cuadro. Y en pintura no hay escalas: los cuadros pueden ser grandes, pequeños, enormes... La foto solía tener un tamaño reducido por su vinculación con las publicaciones en papel. Eso era una restricción. La pintura me aportó esa experiencia tan bonita de una obra que tiene la misma escala que el mundo. Al verla te sientes más cercano a ambos. Es la lección principal que se saca de Las Meninas, que la viene enunciando desde 1650. ¿Por qué el comisario solo ha optado por confrontarlo con autores contemporáneos si debe tanto a Velázquez o Manet? JEFF WALL (CANADÁ, 1946) ha conseguido con su trabajo renovar los parámetros de la fotografía y vincularla con la tradición moderna de la pintura. Sus cajas de luz le reportaron fama internacional y le granjearon el apelativo de fotógrafo de la vida diaria ¡No conseguimos que nos prestaran un velázquez! Y para que la filosofía de la exposición no se diluyera, habríamos necesitado obras de primer orden de grandes maestros, no piezas menores. Así que no tuvimos opción. Además, la idea de que mi arte tiene sus raíces en el siglo XIX ha pasado a ser otro cliché. Hay cierta influencia, pero mi trabajo tiene muchos otros vínculos. Las cajas de luz lo definieron desde los setenta. ¿Ha afectado el hecho de que estemos más acostumbrados a ver la vida a través de pantallas la forma que tienen los espectadores de enfrentarse ahora a estas piezas? Muy probablemente. De hecho, creo que las cajas de luz están empezando a convertirse en antigüedades. Yo las usaba porque me gustaban como medio y soporte. Ahora vemos cómo la foto está pasando a nuevos formatos, la omnipresencia de las pantallas digitales, que determinan cómo visualizamos una imagen. El tipo de foto que yo hago está volviéndose arcaico. Los jóvenes tienden a otros caminos: la transmisión veloz, la baja resolución, la grabación instantánea... Cosas fascinantes, de poco valor, pero en las que prima la rápida circulación. Yo apuesto por el tableau, su estatismo, el hecho de tener que ir a un sitio a ver las obras... Esto se está convirtiendo en una forma menor de ver imágenes. Nos ha ayudado a ver el cine como una técnica estática. ¿Qué lo diferencia de la foto? Cada fotograma de una película es una foto estática. Pero el cine es movimiento. Estoy seguro de que en el futuro los fotógrafos utilizarán sus cámaras para hacer fotos estáticas. Yo podría coger una Red Cam digital y hacer 10.000 fotos por hora, elegir una o una combinación y crear una única imagen, como hago ahora con la cámara de fotos. Las diferencias entre cine y fotografía son insignificantes, pero no la forma que tenemos de experimentarlos. Me gusta esa relación entre movimiento y ausencia del movimiento. La literatura también planea sobre la muestra. ¿Son sus fotos un subgénero de la literatura o es al revés? Todo arte pictórico tiene cierta relación con la literatura. Un pintor pinta un cuadro y describe con ello un momento concreto. Y un momento concreto es algo que a veces solo se puede captar a nivel lingüístico. La literatura forma parte del entorno; es una parte invisible, pero presente. Por ello, todas las obras de arte tienen cierta relación con la literatura. Los sesenta y setenta demostraron que no había normas en cuanto a esa relación. Su rebelión trató de liberar al arte de esa relación con la literatura, pero no lo liberó de la literatura. Considera que las imágenes existen por sí solas. ¿No precisan de un espectador? Damos por sentado que va a haberlo, pero la obra de arte, al ser libre, no está hecha para él. Hacer algo para un espectador implica saber de antemano quién va a ser y lo que quiere. No planifico que alguien vea mis fotos; solo, el hecho de hacerlas. Y serían igual de buenas aunque esto no ocurriera. El público es un regalo que no han pedido y que no necesitan. Para mí, es una entidad imaginaria. tiago de Compostela. C Valle Inclán, s n. Comisario: Joël Benzakin. Coproduce: Bozar de Bruselas. Http: cgac. xunta. es Hasta el 26 de febrero de 2012 JEFF WALL THE CROOKED PATH CGAC. San-