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SÁBADO, 19 DE NOVIEMBRE DE 2011 abc. es ABC cultural 19 Flann O Brien (a la izquierda) fue articulista en The Irish Times bajo el seudónimo de Myles na gCopaleen. Abajo, portada en la que el diario lo coronaba como rey de Irlanda de sí como inspector de sanidad nacional y literaria para Irlanda Junto a esta ligereza (una prosa cristalina aún en su multiplicidad de sentidos) lo que prefiero en este escritor es su enorme libertad y su salto a lo mágico, a lo irreal. No hay situación que no termine por resultar disparatada y, por ello, inmensamente real y reconocible. La literatura como espacio para lo imposible. Esta libertad literaria, este desenfado elevado a categoría de principio estilístico, se refleja en la maravillosa capacidad de O Brien para acoger los registros más variados y las voces más distintas, haciendo de sus novelas y ensayos una suerte de casa común. El escritor como anfitrión de infinidad de huéspedes. El libro como concierto en el que cada cual tiene su turno y su voz. De ahí que abunden los diálogos, jocosos, directos, que es donde más se nota que O Brien fue también dramaturgo. Esta afición al disparate, así como su estilo expresionista, sitúa sus delirantes libros en un disparadero fecundo y audaz. También experimental y, por ello, peligroso; no puede decirse de O Brien que no fuera un autor arriesgado, que es para mí una de las condiciones de los grandes. PABLO D ORS SETENTA Y CINCO AÑOS DESPUÉS ESCENIFICAR A VALLE- INCLÁN ADE TEATRO Revista de la Asociación de Directores de Escena de España. Número 137 320 páginas, 9,50 euros Casa común O Brien se nutría también de lo que escuchaba en los pubs, en particular en The Scotch House, que él solía llamar mi oficina y de su larga experiencia con picapleitos y, en fin, de su trabajo para la Administración pública, a la que sirvió durante casi veinte años. Conocía, pues, y desde dentro, la Irlanda oficial. El material para las burlas y dobles sentidos era copioso. Y él lo aplica al mundo del libro, al deterioro de la lengua, al teatro, a la teo- logía... y todo ello en una escritura loca y casi surrealista que le convierte en uno de los más grandes humoristas. Me encanta la ligereza de estos artículos, creo que es una condición sine qua non de la prosa literaria; y me arrebata cuando utiliza las palabras como balas de una ametralladora. La literatura como instrumento para la justicia narrativa allí donde no puede haber justicia social. No puede extrañar que O Brien hablara l hilo del septuagésimo quinto aniversario de la muerte de Valle- Inclán, que, dicho sea de paso, no ha sido recordado con la relevancia que merece, la revista ADE dedica un grueso número monográfico a recopilar textos e imágenes relativos a las escenificaciones que se han realizado, de 1899 hasta hoy, de las obras del gran don Ramón de las barbas de chivo, recordado por Diego San José en aquella lejana fecha finisecular en la que se realizó una representación benéfica de Cenizas promovida por Benavente para que Valle, que frisaba entonces unos 33 años, pudiera adquirir un brazo ortopédico como un garzón alto y barbudo con melenas de Cristo viejo, que velaba sus ojos miopes con lentes sin armadura Esta evocación es una de A las muchas informaciones, testimonios y curiosidades que contiene este suculento número ordenado en cuatro apartados: Escenificaciones en vida de Valle- Inclán Las estéticas de Valle- Inclán Texto teatral (se reproduce el de La corte de los milagros de José Picón) y Escenificaciones tras la muerte de ValleInclán agrupadas en tres periodos, de 1936 a 1975, de 1976 a 1990, y de 1991 a 2011. Un formidable e imprescindible trabajo en el que, además de la del director de la publicación, Juan Antonio Hormigón, aparecen las firmas de Adolfo Marsillach, José Luis Alonso, Harold Hobson, Enrique Llovet, José Tamayo, César Oliva, Lluís Pasqual y Jorge Lavelli, entre otros. JUAN I. GARCÍA GARZÓN