Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Libros 18 UN CAMELLO EN PEKÍN EL CAMELLO XIANGZI LAO SHE Edición de Blas Piñero Martínez Revisión de Nicolás Giménez Ediciones del Viento La Coruña, 2011 428 páginas, 26 euros iempre es difícil evaluar una obra que proviene de otra cultura, quiero decir, de una cultura que no conocemos bien. Lao She (1899- 1966) es, junto con Ba Jin y Mao Dun, uno de los grandes renovadores de la novela china moderna. En China tiene fama sobre todo de escritor satírico y humorístico, y sus novelas son celebradas por la viveza con que reproducen la forma de hablar callejera del Pekín de su época. Lao She fue profesor de chino en Inglaterra entre 1924 y 1931, y en este país leyó las novelas de Dickens, una de sus principales influencias (aunque muy poco de Dickens hay en El camello Xiangzi) Las novelas realistas inglesas, francesas y rusas, especialmente las de estética naturalista, son sus principales fuentes de inspiración fuera de las tradiciones literarias de su propio país. Lao She habla con admiración de Poe, de Maupassant, de Zola y de Chéjov, pero también de Conrad, un escritor que en los años treinta representaba la modernidad más rabiosa. Sus ideas sobre literatura, por otra parte, resultan bastante peregrinas. El enemigo contra el que debe luchar la novela contemporánea es el arte de la poesía dice, para nuestra gran sorpresa, el admirador de Conrad. Para Lao She, el poeta es el que vive una ilusión mientras que la novela ha de reproducir la realidad como es. A pesar de su decidida vocación de escritor social (El camello Xiangzi es, ante todo, una crítica feroz del individualismo) a Lao She no le fue bien con los nuevos tiempos. Durante la Revolución Cultural fue detenido, y murió apaleado por sus guardianes. El camello Xiangzi es la no- S vela más famosa de Lao She. Describe la vida de un conductor de rickshaw en las calles de Pekín. Él es el camello del título, ya que su trabajo consiste en arrastrar un carrito para transportar a personas de un punto a otro de la ciudad. La novela describe la degradación moral del personaje, su hundimiento moral en una sociedad que es toda ella corrupta. Xiangzi, el suertudo es, nos dice su autor, un producto degenerado, egoísta, desgraciado, el aborto de una sociedad enferma, el fantasma atrapado en el camino sin salida del individualismo La lectura de la novela, sin embargo, nos deja perplejos. ¿Es realmente Lao She un gran escritor? Su estilo narrativo es tan tosco que nos remite casi a los orígenes del género novelístico, como si Lao She escribiera antes de que se inventara el género y no en sus postrimerías. Su prosa es un amontonamiento sin orden ni concierto de descripciones, trozos narrativos que no conducen a ningún sitio, observaciones, comentarios inconexos y escenas deshilvanadas que, francamente, parecen la obra de un escritor amateur. Él mismo admite que su libro está lejos de ser perfecto, que escribió el libro a toda prisa y que el final, por ejemplo (un absoluto disparate estético) termina de forma demasiado abrupta. El volumen está lujosamente anotado por su traductor. Sus notas, eruditas y llenas de información son, junto con su Epílogo quizá lo más interesante del libro. También los ensayos del propio Lao She en los que nos explica, con un estilo tan caótico y desordenado que parece próximo a la esquizofrenia, sus ideas estéticas. ANDRÉS IBÁÑEZ A toda prisa LA JARRITA LLENA LA GENTE CORRIENTE DE IRLANDA FLANN O BRIEN Traducción de Antonio Rivero Taravillo Nórdica. Madrid, 2011 405 páginas, 22,95 euros Malos tiempos C onocía la prosa de Flann O Brien (1911- 1966) por El tercer policía, que es para muchos su obra maestra y que su autor guardó toda la vida en un cajón. Su narrativa me interesó y, en algún momento, me entusiasmó. Seguí leyendo. La Crónica de Dalkey confirmó mis expectativas y, ahora, esta colección de artículos, La gente corriente de Irlanda, sube a este Pessoa irlandés (y lo digo por su afición a los heterónimos) en mi escala de talentos literarios, a un plano todavía superior, prácticamente máximo. Este libro recoge una selec- ción de sus mejores artículos a partir de una antología póstuma: The Best of Myles. Pues bien, el tal Myles, que firmaba en el Irish Times con el seudónimo de Myles na gCopaleen, era, según confesión propia, un bebedor con problemas con la escritura. Con decir que su columna se titulaba Cruiskken Lawn La jarrita llena ya está dicho casi todo. Un pub por oficina El estilo O Brien, chispeante, mordaz y de ingenio indudable, se refleja en cada página. Leer a O Brien es una verdadera fiesta: cada frase es una sorpresa. Consigue que algo inequívocamente local, y ahí está su arte, traspase las fronteras y pase a ser universal. Porque estas columnas no tendrían hoy interés si su autor no fuera un artista que, por su imaginación y gusto por la sátira, recuerda a Swift; pero también a Sterne, por su hilarante metafísica doméstica. Su capacidad para reproducir el lenguaje común y, sobre todo, su determinación a no dejar títere con cabeza, tuvo que poner nervioso a más de uno. Entre divertido y amedrentado, el público irlandés se desayunaba cada mañana con las ocurrencias de alguien que oía lo que decía la gente en las paradas de autobús y, sencillamente, lo transcribía.