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Cunqueiro, aprendiz de brujo Cunqueiro, de cuyo nacimiento se cumplen cien años, llevó las letras gallegas a la cima. Su obra, que abarcó todos los géneros, alumbró una poesía de vanguardia en la que nos detenemos en estas páginas Por César Antonio Molina a obra poética de Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 22 de diciembre de 1911- Vigo, 28 de febrero de 1981) está compuesta por cinco libros en gallego y uno en castellano, además de abundantes poemas sueltos publicados en revistas y periódicos, fundamentalmente en El Faro de Vigo durante la época en que lo dirigió. En el tomo I de la Obra en galego completa estaban Mar ao Norde (1932) Cantiga nova que se chama riveira (1933) Poemas do si e non (1933) y Dona do corpo delgado (1950) Cantiga nova tuvo una segunda edición en 1957, con varios poemas más. Este primer tomo incluía un nuevo libro inédito en su totalidad, aunque parcialmente conocido por sus esporádicas publicaciones de poemas sueltos. Herba aquí ou acolá es su título, y en el volumen hay grupos de poemas que en un principio pertenecieron a otros proyectos de libros cuyas denominaciones provisionales eran: Eu son, Retorno de Ulises o Crónica de la derrota de las naciones. Sin duda, Herba aquí ou acolá nos devolvía a un poeta en la madurez de su expresión y de su reflexión. Como narrador, Álvaro Cunqueiro fue bilingüe y en el periodismo utilizó con mayor frecuencia el castellano; pero en la poesía y el teatro, el gallego era algo profundo y consustancial. Sin embargo, en la inmediata posguerra publicó su único poemario en castellano, Elegías y canciones, y algo tan efímero como versos sueltos en alabanza de los nacionales y uno de los famosos sonetos incluido en Corona de sonetos a José Antonio (1939) Su fidelidad a su lengua natal y a su cultura queda reflejada en el epitafio que en los meses finales de su existencia escribió para que fuese colocado sobre su tumba: Eiquí xaz alguén que coa sua obra fixo que Galicia durase mil primaveras máis El pensamiento poético de Cunqueiro puede resumirse en la Poética que escribió para la separata que le dedicó la revista Atlántida de La Coruña en el año 1954: No he pretendido nunca ser un poeta inspirado y luminoso. Con mis propios poemas he intentado explicarme a mí mismo qué cosa es la poesía. Una larga y esperanzada impaciencia es mi actitud ante la creación poética. No concibo un poema que no dependa, en última instancia, de la boca humana que lo dice. Reconozco, pues, a la poesía una esencial e insoslayable impureza. Con Rimbaud creo que el poeta roba fuego: Si lo que trae de abajo tiene forma, da forma; si informe, da lo informe Creo en el encantamiento por las palabras como la serpiente cree en la flauta, y este juego de aprendiz de brujo es quizás, aparte una violenta nostalgia y una confortadora melancolía, la razón por la cual mis poemas fueron escritos y publicados Elegías y canciones aparecía en 1940. Al final del mismo se anunciaba que eran los primeros versos del autor en castellano. Fueron escritos durante los años 1934, 1935 y 1936. Elegías y canciones jamás volvió a ser reeditado en vida el autor. El propio Cunqueiro arrojó sobre él el silencio. Tengo un cierto pudor por la poesía. Si lo religioso abarca una parte en Elegías y canciones, hay una general preocupación metafísica más amplia. La presencia de la muerte, el paso del tiempo, la permanencia del amor como consuelo efímero, nos ofrecen las primeras pistas para reconocer al Cunqueiro que aparecerá con posterioridad a Dona do corpo delgado. Apoyándose en la naturaleza, en el paisaje, en el transcurrir de las estaciones anuales, en los objetos de uso cotidiano, Cunqueiro configura toda una metafísica de la conciencia. Aplicándole una frase de Gaston Bachelard, el espejo de lo exterior le obliga a lanzar su ser fuera, lanzarlo al mundo. Y este mundo tan grande es a la vez particular y profundo. En la quinta elegía, como final, SÁBADO, 19 DE NOVIEMBRE DE 2011 abc. es ABC cultural 05 no podía menos que sugerirse el tema de la despedida. La despedida supone la entrega a esa incertidumbre que provoca la situación de tránsito entre lo palpable y visible hacia lo desconocido. El poeta muy pocas veces puede intuirlo en el mundo terreno, aunque quizás su función más importante está en saber captar esos instantes. Los ángeles, como en Rilke, son los compañeros que auxilian en el tránsito de un mundo a otro. El Cunqueiro de Elegías y canciones es un ser vivo con muchas dudas en la plenitud de su juventud. Confía en los recursos de las fuerzas naturales todavía en un estado primigenio, en un cosmos al que, como Rilke, convierte en patria poética y vital. Jean Cocteau afirmaba que un poema debería perder todas las cuerdas que lo retienen en lo que lo motiva, y añadía: Cada vez que el poeta corta una de ellas, su corazón late. Cuando corta la última, el poema se desprende, asciende solo como un globo, bello en sí y sin ningún lazo con la tierra En Mar ao Norde Cunqueiro, en cierta medida, sigue la fórmula invocada por Cocteau. Partiendo de una filiación vanguardista, añade elementos muy personales e intuitivos. El contacto con los ismos le llega a través de la lengua castellana y del gallego, mediante la lectura de Manuel Antonio, cuyo De catro a catro se había publicado en 1928. Pero si Mar ao Norde participa en primer lugar del ambiente literario gallego que entonces se respiraba, también lo hace de dos tradiciones lingüísticas, la castellana y la francesa. La primera, por medio de la Generación del 27 y en especial de Rafael Alberti, Jorge Guillén, Pedro Salinas y Gerardo Diego. Alberti y Guillén son los más visibles en Mar ao Norde. Y si el Alberti de Marinero en tierra o La amante es el más reconocibles en sus libros neotrovadoristas, y Sobre los ángeles en Poemas do si e non, el Guillén de la primera edición de Cántico, impresa en 1928 por Revista de Occidente, es una lectura fundamental. Un año más tarde el propio Guillén, y en la misma publicación, vertería al castellano Le cimetière marin, de Paul Valéry, otra de las lecturas fundamentales de nuestro poeta. En el prólogo a Balada de las damas del tiempo pasado, podíamos leer: En Francia La Generación del 27 y Francia L El consuelo del amor MAESTRO ENTRE MAESTROS Cunqueiro firmó los mejores poemas de la lírica gallega. Sus versos están a la altura de los que escribieron Eliot, Yeats y Pound (de arriba abajo) A la izquierda, Néstor Luján, Álvaro Cunqueiro y Juan Perucho en 1974