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Cine LOS TESOROS DE LA CRIPTA SÁBADO, 15 DE OCTUBRE DE 2011 abc. es ABC cultural 35 Humor gamberro El asalto al castillo de la Moncloa es una joya del doblaje humorístico, género que tiene una notable, aunque olvidada, tradición en el cine español se, muy hija de su tiempo compuesta de obras aproximadamente pedestres, en la que relumbra como una gema la que ahora comentamos, cumbre del humorismo hispano. En El asalto al castillo de la Moncloa, Lara Polop utiliza como conejillo de Indias Los amantes del desierto (1957) una coproducción italo- española de aventuras exóticas, protagonizada por Carmen Sevilla, Ricardo Montalbán, José Guardiola y Gino Cervi, cuyo accidentadísimo rodaje en Egipto fue interrumpido por la Guerra del Sinaí. En su desternillante versión, Lara Polop aprovecha la previsible y un tanto ridícula trama original para engalanarla con unos diálogos abracadabrantes, alusivos a la situación política del momento, y una narración en off que bordan, con su habitual propensión al surrealismo, los célebres Tip y Coll. Adolfo González (más conocido como Fito el Mañoso y Felipe Suárez (un rebelde galán que acaudilla las tribus del desierto) se disputan el amor de la bella Carmina de la Rivera (trasunto evidente de Carmen Díez de Rivera) sobrina del Poderoso Gran Capital, que acaba de derrocar al Mandamás Te- Irás- Y- No- Volverás. El Gran Capital desea casar a Carmina con Fito (ante lo que la disputada moza se opone con un sonoro: ¡Nunca seré la esposa de un centrista y un pelota! pero el galán Felipe la corteja sin descanso (aunque en sus cortejos nunca olvide preguntarle si ha tomado la píldora) mientras planea su asalto al poder. Sorprendentemente, el paso del tiempo no ha hecho mella en los diálogos de la película, que bajo su aspecto de astracanada absurda, ofrecen interesantes motivos para la reflexión. El asalto al castillo de la Moncloa presenta la Transición como un proceso promovido por las fuerzas económicas encarnadas en el Poderoso Gran Capital que habían crecido al calor del franquismo y que, una vez muerto Franco, precisaban de un clima democrático para ampliar su poder, mediante el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea. El retrato que la película hace de las diversas facciones democráticas, capitaneadas por el mañoso Adolfo y el galán Felipe, es de un sarcasmo demoledor; y no faltan momentos que podrían pasar a cualquier antología del humor gamberro, como aquél en que las tribus del desierto, convertidas en una horda cruel que arrasa a su paso con lo que pilla, corren democráticamente en camello en pos de las urnas, mientras suena como música de fondo La Internacional. Aunque a simple vista pueda parecer un subproducto memo y casposillo, El asalto al castillo de la Moncloa es una joya necesitada de reivindicación, de una frescura e irreverencia insólitas; y constituye una radiografía muy higiénicamente desmitificadora de una de las épocas más divinizadas de nuestra historia reciente, que aquí queda reducida a guiñapo y componenda. Una apoteosis de humor iconoclasta y deliciosamente friqui que ningún cinéfilo desprejuiciado debería perderse. JUAN MANUEL DE PRADA EL ASALTO AL CASTILLO DE LA MONCLOA. FRANCISCO LARA POLOP ESPAÑA, 1978 Guiñapo y componenda U n recurso habitual del humorismo televisivo consiste en tomar secuencias de películas famosas y doblarlas con diálogos chocantes de irresistible hilaridad. Como inventor de esta técnica suele citarse a Woody Allen, quien en 1966 estrenara su carrera como director con What s Up, Tiger Lily? en realidad una pedestre película japonesa de espías aderezada con diálogos rocambolescos. Pero la genealogía del invento se remonta al menos hasta 1933, fecha en la que el genial Enrique Jardiel Poncela estrena sus Celuloides rancios, en los que añade acotaciones humorísticas a cortometrajes de la época muda. Algunos años más tarde, Miguel Mihura y Antonio de Lara Tono probarían algo semejante en Un bigote para dos (1940) un experimento paródico en el que trufaron de diálogos desquiciados un melodrama alemán. Unos meses más tarde, el propio Jardiel, muy enojado de que Mihura y Tono se hubiesen apropiado de su invento, daría a la luz Mauricio, o una víctima del vicio, película en la que añade diálogos cómicos a un viejo dramón mudo de Ricardo de Baños, La cortina verde (1916) Desgraciadamente, tanto Un bigote para dos como Mauricio, o una víctima del vicio son películas extraviadas de las que no se conserva copia alguna; ojalá en un futuro próximo algún ratón de filmoteca pueda restituirnos tan gozosos tesoros. En 1978 Francisco Lara Polop (1932- 2008) volvería a utilizar la técnica del re- doblaje de películas rancias en la demencial farsa El asalto al castillo de la Moncloa. Como tantos otros cineastas de su generación, Lara Polop se curtió en labores subalternas antes de dar el salto a la dirección con La mansión de la niebla (1972) una película nada desdeñable con elementos terroríficos y giallescos, a la que seguirán varios títulos sensacionalistas muy en la línea sexploitation del tardofranquismo como Cebo para una adolescente (1973) o El vicio y la virtud (1975) Con el advenimiento de la democracia, Lara Polop se especializará en los subgéneros populares más denostados: cine de destape Secretos de alcoba o Clímax, ambas de 1977 el cine quinqui La patria del Rata (1980) o la españolada pura y dura Le llamaban J. R. (1982) para concluir su carrera con obras como La mujer del juez (1984) a mayor gloria de las turgencias de Norma Duval, y El fraile (1990) una adaptación desangelada de El monje, la novela gótica de Lewis. Una filmografía, como puede comprobar- Una joya entre la morralla En la otra página, una imagen de Los amantes del desierto la cinta usada para crear esta película. Sobre estas líneas, el cartel, los narradores Tip y Coll y el director