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SÁBADO, 9 DE JULIO DE 2011 abc. es ABC cultural 31 dimensión de la imagen siempre ha sido en Vilariño ámbito de meditación, pero en esta muestra, la mirada se abre a los espacios elementales con especial lentitud, recoge con demora todas las partículas radiantes de lo que, vivo, se ilumina y transcurre en el espesor de una propagación tras las tinieblas. Flotan los hielos como lúcidas estampas de una constelación salida de la Estigia felizmente superada, contemplada ya desde la proximidad lejana; por mucho que los puntos de quemazón y la negrura se hallen presentes como memorias de un tránsito y un hueso que perdura. Los paisajes de Vilariño y la frontalidad desarmante de sus pájaros funcionan también como signos o trazos de una hipnosis. El detalle suave, aterciopelado, de los negros, las texturas como de grafito de sus grises, la mirada próxima de sus criaturas, devoran el ojo. La imagen se abre como un amanecer o una boca profunda. Cielo sin fondo que se ahonda, universo que se despliega en los matices del plumaje de un búho. De nuevo, es el lugar o el organismo mirado que se proyecta como una constelación, como un continente insondable. Proximidad de lo lejano, como el vuelo de un pájaro transfigurado en su caída, que es un destello y ya Sobre estas líneas y abajo, algunas de las imágenes de la serie La campana de la noche (2011) de Manuel Vilariño para su muestra en Vigo una sombra. Pues es grande y misterioso el territorio de intimidad que Vilariño guarda con las aves como con las aguas y el fuego Acontecimientos puros, cualidad casi intangible del vuelo y de la espuma, del resplandor y el aire. Del fulgor. La foto en sus manos quiere ser ese fulgor convertido en hielo. Desea conocer el mundo en el instante mismo de su rapto y captura. Trabajando desde lo conocido, apunta a una abstracción que es de lejanías e infinitos; como apelando al fantasma que concerniese a un espacio. Figurabilidad onírica de la pasión, el deseo y el peli- Ese fulgor de hielo gro de una flotante o errabunda libertad. Pero sin alejarse del calor de un trazo, del resplandor de un mínima llama o el correr del viento con la lava. Es esto y nada más lo que hace de este espacio algo extenso y mensurable, una profundidad implicada y remota, tan indecisa como intensiva, tan íntima y personal como una meditación, un trance hipnótico compartido. A. RUIZ DE SAMANIEGO MANUEL VILARIÑO LA CAMPANA DE LA NOCHE Galería Bacelos. Vigo. C Progreso, 3. Http: www. bacelos. com Hasta el 30 de julio