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Arte 28 ALLEGRO MA NON TROPPO GABRIEL ALBIAC ROMA VEDUTA astaba remover la tierra para hacer resurgir a los viejos dioses. El arado del campesino o la piqueta del albañil eran trabados por una cabeza de Diana cazadora, por el torso de un Hermes o un Zeus. Solo pedazos de mármol, en cuyo interior moraron dioses ya olvidados a inicio del siglo XV, cuando el Renacimiento quiere alzar un mundo que sea evocación del esplendor perdido. Italia se sabe edificada sobre la marmórea escombrera del paganismo. Roma, de un modo privilegiado. Y, ya que no al espíritu del politeísmo del cual esas piezas maravillosas son espejo, sí se consagra el hombre renacentista a la apuesta gigantesca de hacer suya la belleza perfecta de la cual esas estatuas, esos restos de un bello mundo perdido, dan cuenta intemporal. Maquiavelo, en el prólogo de la primera parte de los Discorsi, eleva a metáfora universal ese principio conforme al cual no hay más vida futura que aquella que se forja en el retorno a los más antiguos. No solo en arte, aunque sea en arte donde esa percepción haya nacido: Considerando cuanto honor se tributa a la antigüedad y cómo, muchas veces, un fragmento de estatua antigua ha sido adquirido a precio altísimo se plantea el diplomático florentino hacia 1513, ¿por qué no hacer lo mismo con lo que hasta nosotros ha llegado de escritos en los cuales los grandes historiadores romanos dieran razón de su igualmente perfecta visión de lo político? Y en ese instante nace el pensar moderno. Filósofos y artistas del norte de Europa sintieron la misma fascinación. Desde lejos. Y no pocos emprendieron el viaje a la Italia en la profundidad de cuyos paisajes estaba la verdad perdida de los clásicos. A ese extraer piedras e ideas del olvido lo llamaron humanismo. Paseo por las salas que el Museo del Prado consagra a estos paisajes entre 1600 y 1650, Roma, naturaleza e ideal. Jan Brueghel o GoffredoWals dicen la luz de Italia en su bárbara lengua del Norte. Es la pura belleza del desasosiego, la apuesta por lo imposible. B ALBAÑILERÍA PATRIÓTICA Mateo Maté levanta en La Gallera (Valencia) una edificación con la forma de la Península Ibérica. Actos heroicos es un nuevo capítulo de su denuncia sobre los nacionalismos domésticos ntre la mudanza y la incomodidad de la casa destartalada, hemos aprendido a no tener demasiadas esperanzas. Todos hemos contemplado los carros de los supermercados reciclados por los homeless y el pánico puede llevarnos a ponernos en ese sitio sin asideros. ¿En qué momento pregunta Paul Auster una casa deja de serlo? Si bien es verdad que una vivienda se transforma como señaló A. Mitscherlich en un verdadero hogar siempre que lo que vuelva a llevar a ella no sean solo las costumbres, sino la continuidad viva de las relaciones con otras personas, tampoco podemos perder de vista la idea de que en esa intimidad no dejan de encontrarse elementos negativos. La modernidad, desde Baudelaire, experimentó el horror domiciliario se nos vienen las paredes encima. Tenemos que marcharnos de casa sea como sea, aunque el destino sea deleznable. No hace falta haber leído E