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Arte 26 C uando, en una ocasión, Leon Golub (19222004) mostró unos dibujos suyos de calaveras feas, monstruosas y terribles, tal como yo quería que fueran a unos amigos, estos alabaron solo sus cualidades formales, ante lo cual el artista protestó, airado: ¡Maldita sea! ¡Son putas calaveras! Recordando que alguno de ellos le había respondido que el asunto era lo de menos, él argüiría, tiempo después: Toda mi postura en el mundo del arte puede sintetizarse en esta frase: sí que importa. Y ahí es donde está la lucha La anécdota pone de manifiesto el sempiterno problema al que ha de enfrentarse cualquier artista que concibe su obra como arma política o con voluntad de denuncia. Si bien, por un lado, debe estar prevenido contra el riesgo que supone abonarse a planteamientos de corte maximalista que, por lo general, desembocan o se confunden con la estrechez de miras de lo meramente propagandístico por otro, está obligado a pergeñar un estilo que no desdiga, ni adultere cuanto pretenda transmitir con su trabajo: la eficacia de toda obra depende de la perfecta sintonía entre la ética (que mueve al artista, sus principios morales y convicciones) y la estética (con la que busca conmover al público) Ya desde sus inicios, ajeno por completo a la idea de ese creador ensimismado que vive de espaldas a los conflictos de la época que le ha tocado vivir, LA ESTÉTICA DEL FEÍSMO Poco conocido en España, y no siempre convenientemente entendido, el trabajo de Leon Golub se muestra ahora en una exposición antológica en el Museo Reina Sofía en sus intenciones, nada en absoluto tenía en común. Al igual que en la anécdota mencionada, el formalismo se sobrepuso al sentido, lo que nos llevaría a plantear la ardua cuestión de si la estética puede amortiguar el impacto que debiera producirnos el espectáculo de la barbarie humana. La antológica que ahora se presenta en Madrid ofrece la posibilidad de acercarse en óptimas condiciones a la obra de un artista escasamente conocido en España, contemplando diferentes etapas de su evolución muy bien representadas desde los primeros tanteos, oscuros y desmadejados, hasta sus últimos dibujos, rabiosos y cromáticamente sutiles a partes iguales a la vista de las distintas series que jalonaron su trayectoria. Una producción que compone (en la línea del Goya más apesadumbrado o del Otto Dix menos condescendiente) una monumental arremetida contra la violencia que anida en las cloacas de la Historia reciente y que no resulta difícil asociar a la que consuetudinariamente nos asalta hoy desde cualquiera de las pantallas que trasladan el horror, de forma implacable y banal, hasta nuestros hogares. VÍCTOR ZARZA LEON GOLUB Museo Re i n a S o f í a (Pa l a c i o d e Velázquez) Madrid. Parque del Retiro, s n. Comisario: Jon Bird. Http: www. museoreinasofia. es. Hasta el 12 de septiembre Línea evolutiva Golub rastreará en la nómina de los hallazgos pictóricos más recientes (el expresionismo abstracto, Dubuffet... dispuesto a encontrar entre ellos los argumentos plásticos mediante los cuales plasmar su visión desgarrada del mundo. irá aquilatando su particular manera de aplicar la pintura (empleando un cuchillo de carnicero a modo de espátula, poniendo y sustrayendo pigmentos, descarnando la materia) y de someter los soportes sobre los que trabaja (dramáticamente desestructurados Método personal a veces, ingratos en su burda Su decisión no ha de extra- desnudez, inauditos, como los ñarnos, habida cuenta de su de su esposa, Nancy Spero) vocación figurativa, si consi- Esto le llevará a empapar sus deramos que su finalidad era obras de una agresividad que resultar elocuente (legible) debe tanto al carácter violento dentro de un contexto estéti- de las escenas representadas, co determinado. a la iconograCon el tiempo, fía en la que GOLUB ADAPTÓ poniendo en abunda, como EL PROCEDER práctica el proal tratamiento HETERODOXO ceder heterocon QUE APRENDIÓ A estáel cual todo doxo que le suejecutado. SU VISIÓN ministraron los El feísmo de DESGARRADA ejemplos estusus cuadros hay DEL MUNDO diados, el artista que entender- lo, pues, desde la perspectiva de una consideración moral: es evidente que Golub busca, antes que nada, molestar, incomodar, remover las conciencias (forzando vicarialmente al espectador a través de composiciones de una frontalidad que resulta inequívoca, ruda, primitiva) sin permitirse la más mínima concesión hacia la sublimación de los horrores e injusticias que denuncia. Autor un tanto a contramano con respecto de las modas y estilos sucesivamente coetáneos, su reconocimiento se vio entorpecido por esta circunstancia, e incluso desvirtuado a causa de lecturas impertinentes, que es lo que sucedió en los ochenta, cuando se le reivindicó como antecesor de una modalidad figurativa con la que poco o nada