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SÁBADO, 9 DE JULIO DE 2011 abc. es ABC cultural 19 fíe. La gente me da su tiempo. La gente confía en mí. Sin ese talento no se podrían explicar logros como Honrarás a tu padre, un retrato de la Mafia a través de la familia Bonanno, o La mujer de tu prójimo, o insólito y exhaustivo a fresco sobre la rica vida asexual de los americalenos. Prefiero estables, cer relaciones estrechas, profundas. Dice que el teléfono es eun instrumento muy perk ligroso. En el New York on Times me prohibieron musarlo. La calle, siempre la calle, un adagio de todas las redacciones que l no dejan de proclamarlo mientras devoran lentamente a todos sus hijos, sobre todo a los que cada vez menos les afean la conducta de no permitirles salir a la calle a reportar. Habla Talese con una voz caudalosa, bien modulada, con frases de período largo, en circunvoluciones enlazadas, con un permanente pespunte irónico, de no querer darse importancia, pero dando por descontado que los demás se la daremos, no en vano ha llegado adonde ha llegado y le han traído a España cumpliendo los rituales de la promoción. No da la sensación de que se escuche, aunque se ha oído decir las mismas cosas demasiadas veces, y se esfuerza con exquisita educación en que no se note. Cada público se merece su dosis. La disposegunda por el empeño del sición de las sillas, como para periodista que le acompañó una miniconferencia en una durante buena parte de su casa particular, no propiciaperiplo madrileño, Juan Cruz, ba el diálogo, sino la lección, que me hizo los honores. y Talese se adaptó enseguida a un formato que le dejaba Siempre la calle los flancos cubiertos, menos Me dio la mano, grande y ma- expuesto. nicurada, y nos buscamos No deja rendijas en su exlos ojos. No hubo tiempo posición, hasta que de repenpara muchos preámbulos. te cierra el grifo. Mirarme y Tras tomar asiento se lanzó ordenarme que le hiciera la a un largo y brillante exordio primera pregunta fueron un acerca de un oficio que, en su único gesto, pura economía. caso, definió como perio- Menos mal que venía prepadismo personal ganarse la rado: ¿Qué fue lo que ayer confianza y escuchar, sin que atrajo su atención en la plaza por ejemplo se de toros de Las interponga una Ventas? ¿QUÉ LE ATRAJO grabadora en el Se había esDE LAS VENTAS? camino, artefactrenado la vís VI MÁS RESPETO pera. Manos a to que hace que Y ELEGANCIA EN la obra. Mostró el interlocutor LA PLAZA DE se retraiga, se su curiosidad TOROS QUE EN lo piense dos por el precio y veces, desconel destino de un PAKISTÁN ¿Diálogo o lección? Sinatra con catarro es Picasso sin colores o un Ferrari sin gasolina, solo que peor ha escrito Gay Talese (a la izquierda) Sobre estas líneas, página de su cuaderno de notas iguiendo mi inveterada costumbre, llegué antes que él para poder examinar el terreno. En realidad, fui de los primeros. Pude intercambiar algo más que cumplidos con la anfitriona, Laura Gould, agregada de prensa de la Embajada de Estados Unidos, en un tercer piso de la calle de Maldonado, en pleno barrio de Salamanca, un Madrid que es una declaración de intenciones desde el suelo de parqué crujiente y abrillantado, donde se le permitía asomar, porque no eran pocas las alfombras que lo cubrían, y la calidad indudable de los muebles. Cuando llegó, escoltado por la corte de su más reciente editor en español, me lo presentaron dos veces. La S animal criado para el sacrificio, amén del vistoso ritual de la corrida, bien apreciado por un ex católico como él. En su caso, parece evidente que la estética es una ética, desde niño. Hijo de sastre, siempre fue el alumno más atildado de su clase. Publicidad ambulante de los méritos de la casa. Al final acabó relacionando la faena con la muerte de Bin Laden: No hay diferencia entre lo que hacen los SEALS NAVY SEAL, los equipos de operaciones especiales de la Marina estadounidense y lo que hace la Mafia. Vi más respeto y elegancia en la plaza de toros que en Pakistán y se extraña de que el cerebro del atentado del 11- S contra las Torres Gemelas no tuviera más protección Está claro que Gay Talese no se encomienda a nadie y a nadie teme. Elogió al New Yorker de ahora, el de David Remnick, que ha vuelto a centrar el tiro del influyente semanario en el gran reportaje: Es donde se hace el mejor periodismo, no como en los sesenta, que era muy aburrido No es pomposo, aunque le escuchen con reverencia, como a un oráculo civil. Dice que se educó periodísticamente en la escuela del res- peto a la verdad Es decir, Ne el New York Times. El pelo blanco, no pareh ce haber sido amigo de los tint tintes. Nació en 1932. Tieo ne ojeras, pero un aspecto ters terso y aseado. Se despidi pidió, una hora y cuarto desp después de iniciada la velad lada, con la misma jovial co cordialidad con la que co comenzó, con su insepa parable traje de tres pieza zas, chaqueta impecabl ble con solapas amplias qu que parecen cartabone nes, camisa de anchas r rayas rojas y blancas (como una camiseta del A Atlético de Madrid estili lizada y planchada por u un sastre de Brooklyn) con pu puños y cuello blancos, ñ el pañuelo rojo en el bolsillo del pecho, corbata amarilla, zapatos bicolores como de alguien que sabe el terreno que pisa y las maneras de quien, sin haber perdido la curiosidad, no le desagrada ser el centro de la atención. Cruza y descruza los brazos, apoya la mano en la rodilla, y en el dorso atisbamos la historia de su vida. Elocuente mapa de venas. Enfrente tiene a su mujer, Natalie. Él no luce ningún anillo; ella, cuatro. Cada vez que su marido dice algo gracioso, ella ríe muy bien, con una amplia dentadura blanca. Usa sus manos con expresividad, y apenas bebe de una copa que parece vino, aunque en realidad era CocaCola. Gasta un estiloso reloj de oro sujeto por un armazón de aros del mismo metal precioso, a juego con su corbata. Mira Talese intensamente a su interlocutor, con sus ojos negros, como de águila, inteligentes, pero no fieros. No te incomoda. Es amable, y sin embargo destila una suerte de peligro de índole muy sutil, que acaso tenga que ver con el estereotipo de americano, alto, capaz de interpretarse a sí mismo en el cine de gánsteres con convicción inusitada. Fue una velada con Talese que se hizo corta y que a mí me hubiera gustado prolongar en un tête- à- tête después de haber devorado toda su obra. Un tipo exacto, elegante tanto a la hora de mostrarse, cuando se viste, como cuando escribe. Sinatra con catarro es Picasso sin colores o un Ferrari sin gasolina, solo que peor. Para seguir leyendo. ALFONSO ARMADA Ojos de águila Gran reportaje