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Libros 16 VENTANAS DE PAPEL JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN JUSTICIEROS ¿Q uién no ha soñado alguna vez con llevar una anodina vida diaria, pero por la noche ponerse una máscara y lanzarse al mundo a enfrentarse a los poderosos, deshacer entuertos, reparar injusticias? Internet, donde toda fantasía adolescente tiene su asiento, está llena de justicieros así. El Colectivo Addison de Witt, formado por cinco anónimos poetas o críticos, se dedica a analizar los premios de poesía y sus jurados para valorar su objetividad El resultado lo expresan con precisión matemática: el Ciudad de Las Palmas es ecuánime en un 75 por ciento, mientras que el Manuel Alcántara lo es en un 1, el Emilio Alarcos en un 10 y el Hermanos Argensola en un 80, según leemos en reciente entrega de su página web, la que mayor número de visitas tiene, con más de veinticinco mil usuarios mensuales Para llegar a esa conclusión analizan las relaciones entre el jurado y los ganadores: haber publicado en la misma editorial, colaborado juntos en alguna revista, tener idéntica profesión. No importa que el jurado esté compuesto por cinco, seis o más miembros. Si uno de ellos es profesor y el poeta ganador también lo es, la objetividad queda fuertemente mermada. Y desaparece por completo si se puede establecer algún vínculo con Luis García Montero o la editorial Visor. Es lo que ocurre con el premio Manuel Alcántara, a cuyo jurado no le ven relaciones con el ganador, Juan Carlos Abril, pero resulta que este se doctoró con una tesis dirigida por Luis García Montero y, por si fuera poco, el poeta que da nombre al premio ha publicado algo en Visor Esas son las razones para que la credibilidad del premio se reduzca al uno por ciento. ¿Cuál será entonces la credibilidad de quienes denuncian, no ya sin pruebas, sino con caprichosos argumentos? Que hay premios amañados, de acuerdo. Que conviene denunciarlos, por supuesto. Pero para eso hace falta algo más que buenas intenciones: cierto conocimiento del medio literario y, sobre todo, alguna inteligencia. DIÓGENES ERA ECOLOGISTA LOS PODCASTS DE PLATÓN MARK VERNON Traducción de Alejandro Pradera Alianza. Madrid, 2011 237 páginas, 15 euros tían mujeres. Platón defendió algo de suma importancia: la educación colectiva, lo que supone una experimentación de las ideas, una vivencia sensible. Las emociones, como hoy sabemos muy bien gracias a la neurociencia, pero que ya Spinoza y Hume defendieron con lucidez, son fundamentales a la hora de pensar. Platón, que al principio no tenía buen concepto de la escritura, acabó convirtiéndose en el gran transmisor por escrito del saber clásico, y así sus rollos de escritura se vulgarizaron, penetraron en los individuos aislados y, también como con los podcasts de hoy, suscitaron, junto con un saber profundo, superficialidades sin cuento. Nos queda, pues, la fijación del texto y la lectura solitaria, pero, no menos importante, el ejemplo de la discusión, sin el cual nadie puede pensar bien. Una cabeza sola no piensa, podríamos decir, como no hay lenguajes particulares, según Wittgenstein. La crítica de la fama, tan actual, es muy vieja, y Vernon nos retrotrae a Diógenes, parecido a un militante ecologista, defensor desde el apego a lo natural de una libertad radical, que es un apego a otras leyes. Aristóteles, que estuvo veinte años a la sombra de Platón, tuvo una vida difícil, impopular, pero trató de vivir de acuerdo con lo mejor de sí mismo. Siempre fueron para mí demasiadas las cosas afirma Borges, y parece un eco de Pirrón, o de Anaxarco, esos escépticos que viajaron con Alejandro a la India. Epicuro, que aprendió de Anaximandro, es para Vernon el gran pensador de la relación menos es más (una ironía para los que sufrimos la crisis actual) Curiosa es la lectura de Zenón de Citio y de Epicteto con relación a las tiendas y los mercados: un saber de la aceptación. Más cosas: Bión de Borístenes o la defensa de la empatía, que a tantos les supone, erróneamente, un empobrecimiento cuando solo es el yo quien disminuye; Segundo el Silencioso, defensor de un saber callado, al que Adriano únicamente logró sacarle unas palabras por escrito. Terminemos con Hipatia, la representante del mejor, al parecer, racionalismo espiritual del mundo griego frente al fanatismo religioso. JUAN MALPARTIDA Menos es más a filosofía, entendida como sabiduría y no solo como conocimiento, exige la presencia del sujeto, es decir: lo que uno hace tiene que ver con aquello que sabe. La tradición científica en el pensamiento procura poner entre paréntesis al sujeto, para que no proyecte sombra sobre el tema de su reflexión, incluso cuando ese objeto es uno mismo. Pero tanto en el mundo oriental que no es objeto de este libro como en una parte de la tradición griega y romana, especialmente en la estoica y epicúrea, pensar es, sobre todo, saber vivir. Vernon ha fundido ciertas líneas del saber clásico con el conocimiento de las vidas de los filósofos, procurando inci- L dir en los aspectos ejemplares, en las singularidades que nos pueden servir para reflexionar y actuar sobre nuestras propias vidas. Y para alcanzar cualquier saber hay que prestar atención, una cualidad que Vernon señala en la poetisa Safo y que le otorgó una perspectiva diferente, en una época ¿cuál no? en la que las mujeres eran tenidas por inferiores, incluso para Aristóteles. Sin embargo, Sócrates cuenta que aprendió todo lo que sabía del amor, y hay que entender que se refería a un saber no meramente sexual, a una mujer: Diótima. Recuérdese la importancia de Eros en el platonismo: aquello que enlaza. También hay que recordar que a la academia platónica asis- La importancia de Eros Vernon ofrece una guía filosófica para modernos que bebe de clásicos como Sócrates (sobre estas líneas) e Hipatia de Alejandría (en la imagen superior, encarnada por Rachel Weisz en Ágora de Alejandro Amenábar)