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SÁBADO, 9 DE JULIO DE 2011 abc. es ABC cultural 13 HASTA QUE LA MUERTE LOS REÚNA MRS. BRIDGE MR. BRIDGE EVAN S. CONNELL Traducción de Ana María de la Fuente y Elsa Mateo Seix Barral. Barcelona, 2011 640 páginas, 23 euros U sos contraviniendo las órdenes explícitas de sus padres para no pisar un terreno tan peligroso. Escobar fue abatido en los tejados de Medellín en 1993 y su Hacienda Nápoles se fue degradando, abandonada. El deterioro fue aprovechado por algunos animales para escapar y, el sacrificio del hipopótamo que desencadena la historia de El ruido de las cosas al caer sucederá mucho más tarde, en 2009, pero el hecho levantará la costra de una herida abierta. ¿Qué revelación del desti- no nos tienen reservadas las coincidencias? El narrador de la novela está atrapado por esa obsesión. La historia que nos cuenta le sucedió en pocos días, mientras conoció a un personaje, Ricardo Laverde, que acabará asesinado sin que se sepa por qué. La historia incluye también la muerte de Elaine Fritts, una cooperante norteamericana que hacia los años setenta se trasladó a Colombia con propósitos altruistas. Las circunstancias en que murieron ambos son investigadas por un profesor que acompañaba a Ricardo el día de su asesinato y se libró de la muerte, aunque resultó herido física y psíquicamente. La mujer que lo acompaña, hija del matrimonio asesinado, ejercerá en él una atracción renovadora y devastadora a la vez. Indagar sobre Ricardo y Elaine supondrá también la revelación de sus propias vidas. Las preguntas planteadas por el autor superan a las revelaciones. La historia juega a esconder datos, pero la trama policial es menos importante que la humana. La novela quiere ser más una representación de cómo la tragedia sacude a personas concretas que una descripción social. Lo que importa son los caracteres que Vásquez ha dibujado para mostrarnos una emotiva representación de las devastadoras consecuencias que esos factores tienen sobre lo humano. Vásquez ofrece menos una solución a la tragedia de sus protagonistas o una puerta a la superación de la violencia en su país que un lamento trágico, sensible y auténtico. ARTURO GARCÍA RAMOS Trama humana n crítico refiriéndose el díptico compuesto por Mrs. Bridge (1958) y Mr. Bridge (1969) comentó que, como en Seinfeld, nada sucede aquí; porque el tema es la nada Lo que quería decir ese crítico y lo que sentirá todo lector ante el rescate de estas dos novelas en contrapunto es que en Mrs. Bridge Mr. Bridge todo sucede y que su tema es absolutamente todo. Todo lo que le ocurre a una pareja unida para siempre por sus complementarias diferencias y un par de alianzas como eslabones de cadenas. Y siempre narrado como si allí no pasara nada. Pero pasa. Y mucho. Y, de nuevo, Evan S. Connell (1924) vuelve a probar aquí que es aunque aparente cierta normalidad un escritor de lo más extraño. No porque sea capaz de ofrecer lo que se le ocurra una biografía novelada del general Custer o El diario de un violador, preanuncio, ya en 1966, de la llegada del american psycho como gran materia literaria nacional sino por el tono con que lo hace. No importa la trama, Connell parece enviar despachos con cadencia de alien contemplando terráqueos y contándoselo a los suyos con la frialdad del outsider. Como si pretendiera atenuar el espanto de lo que cuenta, siempre, desde ese engañosamente calmo centro del huracán. Y el espanto, en Mrs. Bridge Mr. Bridge, transita por el infierno en vida a menudo más gélido que ardiente, como se comprueba en la última página de Mrs. Bridge y en la última escena de la adaptación de James Ivory, interpretada a la perfección por Paul Newman y Joanne Woodward en 1990 de una reprimida y alienada y siempre moribunda vida en pareja. Un matrimonio mo- delo antiguo, aunque Connell anticipe aquí el latido moderno y rompedor de títulos como Vía revolucionaria, de Richard Yates, o Bullet Park, de John Cheever. Pero insisto no esperen aquí truenos y rayos aunque alguien se suicide, alguien muera, alguien huya, alguien regrese. Lo formidable de Mrs. Bridge Mr. Bridge organizadas como sucesión de momentos aislados cuyo impacto se potencia por acumulación reside en su polaridad opuesta. Erotismo asexuado, confrontaciones en voz baja, alegría melancólica y un único mandamiento: guardar siempre las formas. Así, India Bridge una madame Bovary a la que gana y vence la cautela es una mujer mucho más inteligente de lo que cree ser (se apuntó que Mrs. Bridge se adelantaba cuatro años a la teoría de la mística femenina de Betty Friedan) Y Walter Bridge, un hombre mucho más apasionado de lo que parece y que cada vez que lo intuye (como cuando fantasea sexualmente con su propia hija) busca refugio en torpes comentarios racistas, dientes apretados, puños cerrados. Yates y Cheever volvieron una y otra vez sobre el paisaje de un matrimonio como puente en llamas sobre aguas turbulentas donde nadie se atreve a llamar a los bomberos. Y su mirada siempre fue crítica. Connell prefiere observar con ojos entrecerrados y sonrisa tenue a estos dos presos de sí mismos que purgando su confortable condena son tan pero tan ¿felices? hasta que la muerte los separe, aunque sospechando que los reunirá del otro lado. Lo del principio: casi nada; pero absolutamente todo. RODRIGO FRESÁN Puente en llamas Latido moderno