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SÁBADO, 9 DE JULIO DE 2011 abc. es ABC cultural 09 hora que las copiosas tribulaciones de Grecia protagonizan los telediarios y hasta las conversaciones en la barra de los bares, no es mal momento para leer (perdón, quería decir releer, no faltaba más) a Tucídides y su Historia de la guerra del Peloponeso. Con un poco de suerte los ocho libros pueden durar todo un verano. Como sucede en las novelas rusas, lo más irritante son los nombres (de las personas, de las monedas, de las distancias) pero una vez que te acostumbras a sufrir las verstas y las trirremes, los dracmas y los kopeks, a los mujiks y a los estrategos, esta grandiosa elegía dirigida a la Atenas de Pericles se convierte en un placer, tanto por su talento narrativo como por su lección política y su constante interrogación ética. No es que yo sienta una curiosidad (enfermiza) por el enfrentamiento entre Esparta y Atenas, sino que Tucídides ha construido un aparato óptico de gran precisión que nos permite observar de cerca y por dentro la realidad. El núcleo de la obra son los veintiséis capítulos que dedica a los sucesos de Melos, de escasa importancia militar o política, pero en los que el narrador descubre una trascendencia ética que da sentido al conjunto. elos era una ciudad bastante pobre y con poca población que fue invadida por los atenienses. Estos demócratas imperialistas mataron a todos los varones adultos y esclavizaron a las mujeres y a los niños, y luego la repoblaron con unos quinientos colonos. El dramático episodio entre melios y atenienses es presentado por el narrador como el error trágico, la hybris: esa soberbia y pérdida del sentido que los griegos entendían como la ceguera que los dioses envían para que los hombres se dirijan a la destrucción por su propio pie. La Atenas que en Melos se había perdido a sí misma merecía la derrota que sufrió a manos de Esparta; la Atenas que había sacrificado el uso de la razón en aras de las razones del colonialismo caminaba ya a buen paso hacia su propia aniquilación. Es difícil, por supuesto, no pensar en los Balcanes, en Israel y Palestina, en Irak o en Afganistán, porque ese episodio forma parte de la adquisición para siempre que se propone lograr Tucídides: Mi obra ha sido compuesta como una adquisición para siempre más que como una pieza de concurso para escuchar un momento A mi parecer, lo que adquirimos al leerlo no es tanto el conocimiento de una realidad histórica, sino más bien el acceso a la realidad moral y política que encierran en su interior los hechos. Las herramientas para llegar hasta ese fondo oculto, en mi opinión, no son las del historiador, sino las del narrador: por eso he A LECTURAS Y RELECTURAS RAFAEL REIG SAL, LA QUE ADMITA Decía Nietzsche: Tanto Tucídides como Tácito han pensado, al confeccionar sus obras, en la inmortalidad. El uno creía dar dureza a sus ideas reduciéndolas por ebullición, y el otro, poniendo sal en ellas leído y recomiendo leer a Tucídides como se lee una novela. Quizá por eso decía Nietzsche: Tanto Tucídides como Tácito han pensado, al confeccionar sus obras, en la inmortalidad: si no lo supiésemos por otros medios lo adivinaríamos por el estilo. El uno creía dar dureza a sus ideas reduciéndolas por ebullición, y el otro, poniendo sal en ellas; y ninguno de los dos, según parece, se equivocó (El viajero y su sombra) Novelas, por lo tanto: procedimientos narrativos para hacer posible la adquisición para siempre el aparato óptico que podemos dirigir a otras realidades. En la cocina del novelista, el sabor intenso, según afirma Nietzsche, se puede conseguir sazonando los ingredientes con sal o especias exóticas, o bien hirviéndolos hasta que adquieran el máximo espesor posible (y se evapore lo que sobra) l bien provisto especiero de Tácito consiguió en los Anales la receta perfecta para la novela de dictador Su visión de Tiberio es la misma receta con la que se han cocinado desde el Juan Manuel de Rosas de la Amalia de José Mármol al Santos Banderas de Valle- Inclán, desde el otoñal patriarca Zacarías de García Márquez al Chivo de Vargas Llosa o el Supremo de Roa Bastos. Todos ellos, en efecto, con abundancia de sal. Siguiendo a Nietzsche, hay novelistas, en cambio, que trabajan por ebullición, a la manera de Tucídides. La reducción que concentra el pensamiento no significa que estas obras sean necesariamente más cortas (ahí están los ocho libros de Tucídides) Pienso por ejemplo en Thomas Mann, aunque también (porque yo creo que en Alemania hay mucha tradición de hervir el pensamiento para que su sabor sea más intenso) en Heinrich Böll, Siegfried Lenz o Thomas Bernhard, y por supuesto en Goethe (pero no en Günter Grass, pongamos, que cocina con tanta sal como García Márquez) Al final de Fortunata y Jacinta discuten Ballester y Ponce cómo contar la vida de la desdichada; si en crudo, tal como es, o si mejor sería aderezada, sazonada con olorosas especias y después puesta al fuego hasta que cueza bien No se ponen de acuerdo, resultando al fin que la fruta cruda bien madura es cosa muy buena, y que también lo son las compotas, si el repostero sabe lo que trae entre manos Lo mismo piensa Nietzsche, que ninguno de los dos se equivocó. Sabían lo que se traían entre manos. Disfruté mucho del sazonado menú de Tácito, pero no menos del intenso sabor del concentrado de Tucídides, que por cierto se vende en los quioscos, muy barato, en una excelente edición de la Biblioteca Básica Gredos una adquisición para siempre ideal para la playa o la montaña. E M Hemingway escribía a mamá Los aniversarios siempre tienen lo de exhumar cadáveres, y todo lo que pudiera llevar el muerto en los bolsillos. De Hemingway, ahora salen las cartas que escribió a su madre y a sus amiguitos del cole La SGAE y Camilo Sesto Con todo el barullo SGAE, Twitter ha sido un hervidero de ocurrencias a cual más ocurrente. Nos quedamos con esta: Hoy por fin hemos cantado en la ducha los éxitos de Camilo Sesto sin miedo ni mala conciencia ¿Qué te ha pasao en la cara? Este señor que ven a la izquierda se llama Daito Manabe y hace música con los gestos de la cara y unos microsensores (así se presentó en el pasado Sónar) Puede que cantara por Camilo Sesto: Vivir así...