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Opinión 08 acia la mitad de la vida, un hombre empieza a enfermar. Esa es la tesis de uno de los personajes de Hemingway, que siempre fue un pesimista eufórico. Su naturaleza le impelía a saciar la curiosidad intelectual, o de cualquier otro género, que palpitaba en su cerebro. Su sed de aventura lo llevó a caminarse el mundo entero, desde la guerra al albero de los toros, desde el amor a la borrachera, desde las verdes colinas de África a las nieves del Kilimanjaro. En su genética latía la tentación del suicida que ama la vida pero intuye que la destrucción acecha. Un hombre puede ser destruido pero nunca derrotado: esta es una frase hecha que invoca toda una filosofía, la que encontró en las tragedias de Sófocles, a quien leía en el cuarto de baño. Hablo de Sófocles como el genio de la tragedia escrita en quien se miran muchos de los mejores novelistas del siglo XX, y aprovecho para citar el libro de mi amigo Marcos Martínez Hernández, catedrático de griego de la Universidad Complutense, Sófocles. Erotismo, soledad, tradición (Ediciones Clásicas, Madrid, 2001) Sin duda, Hemingway no podrá leer ese libro, pero lo pueden hacer otros muchos escritores de hoy, que tienen al alcance de su mano elementos de información y documentación que el Gigante cambiaba por experiencias y lecturas personales. Santiago, el pescador de El viejo y el mar, lucha contra la tragedia de su vida, esperanzado en que la derrota no le llegue nunca del todo. Pero le llega exactamente en el mar, su mar, la mar, el mismo mar en el que Hemingway se batía contra el mundo en el puesto de mando de su Pilar. a primera traducción al español del que pasa por ser el mejor relato de Hemingway la hizo el novelista y periodista Lino Novás Calvo, el autor de Pedro Blanco, el negrero. Un escritor excelente que, al decir de muchos especialistas, mejoró con su traducción el texto extraordinario de Hemingway. El gringo gigante y viejo, en agradecimiento, le regaló a Novás Calvo un forcito (un Ford pequeño, para entendernos) que lo condujera a su trabajo de periodista en La Habana. Hemingway se llevó en Cuba mucho mejor con los escritores periodistas que con los poetas cultos, académicos y gentes de Orígenes, que no le tenían en mejor consideración. Uno de sus grandes amigos, y émulos en algunas novelas muy buenas, fue el periodista y escritor Enrique Zerpa, a quien visitaba y paseaba por La Habana. Se habló siempre del carácter arisco de Hemingway, alimentado por un par de leyendas no exentas del todo de realidad verosímil. Un día bebía su daiquiri número nueve en su esquina preferida de la barra del Floridita, en La Habana, y se acercó a él el periodista y escritor cubano Lisandro Otero. He- H A LA INTEMPERIE J. J. ARMAS MARCELO EN LA MITAD DE LA VIDA Hemingway, el gran escritor gringo y viejo, nunca quiso ser del todo gringo (ni dejar de serlo) ni viejo (aunque lo fue desde que era joven) La bebida era uno de los lugares elegidos por él para hacer las paces con la vida mingway lo recibió con un puñetazo que sorprendió a Otero, pero todo quedó al final arreglado con una frase larga y un nuevo daiquiri: un hombre no debe ser molestado por nadie cuando está bebiendo solo en el rincón solitario de su barra preferida. La bebida era uno de los lugares elegidos por el Gigante para hacer las paces con la vida, una de sus zonas de recompensa. El púgil que se fajaba con su propia sombra, el boxeador frustrado, el gran novelista del que seguimos hablando, escribiendo y al que seguimos leyendo con gran placer, esbozó su famosa teoría del iceberg para la literatura y ahí quedó eso: que el novelista debe asomar solo la patita de un mínimo porcentaje que ni siquiera debe ser traducido por palabras escritas, sino por la complicidad del lector ensimismado con la magia del relato. Lo mismo, más o menos, que piensa Murakami; lo mismo que piensa García Márquez, que no hubiera podido ser quien es sin leer de un sorbo completo a Hemingway y sus tragedias sofocleas. e visitado en múltiples ocasiones las dos casas que más me interesaron de Hemingway: la de Cayo Hueso, en Florida, a noventa millas del enemigo y viceversa y la de tuvo en un pueblecito cercano a La Habana, donde Norberto Fuentes se encerró durante más de un año para escribir Hemingway en Cuba por expreso deseo de Fidel Castro. Resulta que Yuri Paporov, soviético que había vivido y dirigido la corresponsalía de Pravda en la isla durante casi veinte años, escribió y publicó antes que ningún cubano, y con ese título, un libro sobre la relación vital de Hemingway con Cuba. Castro, colérico, exigió que apareciera un cubano que escribiera otro libro mejor y con el mismo título. García Márquez le sopló el nombre del autor, entonces en desgracia desde el caso Padilla y Fuentes reivindicó su memoria literaria con una obra, con prólogo de García Márquez, que publicó Letras Cubanas y de la que ustedes aún pueden encontrar ejemplares. A mí me provocan un respeto imponente esas dos casas del Gigante, casi iguales, idénticas en su concepción, aunque mayor en superficie y en espacio la que tenía en Cuba. Hace años, cuando el pintor Úrculo vivía, hicimos un viaje a la isla para recorrer los lugares de Hemingway, para encontrarnos con lo que en Cuba quedaba del espíritu aventurero y machista del gran escritor gringo y viejo, que para colmo, y con buen tiempo, nunca quiso ser del todo gringo (ni dejar de serlo) ni viejo (aunque lo fue desde que era joven) Escribía de pie y descalzo. Escribía miles de palabras al día, día tras día, todos los días. Luego, a partir del mediodía, con sus amigos y amoríos, bebía sin control, se reía a carcajadas, contaba sus aventuras africanas, inventaba. Pero siempre escribía (y sabía lo que escribía) al día siguiente de la farra. H L En pequeñas dosis El ser o no ser del libro digital Una novela más larga que un dramón ruso de dinastías y decadencias es la protagonizada por el e- book Empieza a ocupar estancias del palacio editorial. Las últimas cifras: el libro de papel baja, y el digital sube POR CIENTO de las bibliotecas públicas de EE. UU. ofrece acceso gratuito a e- books Otra cifra que habla de la conquista, pero no en caravana, como hicieron los vaqueros, sino a lomos de la briosa tecnología 67 Twitter con Ai Wei Wei Lo que no invente Twitter, no lo inventa nadie. Ya ha puesto en marcha una campaña solidaria con Ai Wei Wei. Recaudar unas micro- donaciones para que pague la deuda que, dicen, tiene con el Estado chino