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Portada 06 doblarse en una especie de avatar llamado Paprika para penetrar en los sueños de sus pacientes. Novela, pues, de los sueños, de las profundidades de la mente, de la construcción de onirias artificiales, de la manipulación de la realidad. Novela loca, irreverente, llena de momentos kiogen (explica Fernando Iwasaki en su introducción) en que los personajes hacen cosas absurdas y se rompe completamente la lógica narrativa. Y, desde luego, diversión asegurada. Y dos oscuros. Natsuo Kirino dio mucho que hablar con su novela Out, macabra, negra, violenta, y ahora nos ofrece en Grotesco (Emecé) un cóctel similar, aunque el ritmo de esta novela, llena de flashbacks y rememoraciones de la infancia, no es precisamente el del clásico thriller. La novela cuenta la vida de dos prostitutas, Yuriko y Kazue, que resultan (pero esto seguro que ustedes ya se lo esperaban) brutalmente asesinadas. Un estilo plano, y más que plano inexistente, donde no hay climas, ni imágenes, ni detalles, ni caracterizaciones, ni ritmo, ni prosa ninguna en ninguna de las acepciones que pueda dársele a esta palabra, y donde de una casa se nos dice, por ejemplo, que es una casa y de un lago que es un lago Y todo esto contando con que Natsuo Kirino tiene una amplia obra a sus espaldas (veintiuna novelas) y un montón de premios. YOKO OGAWA Elegancia, humor, delicadeza y gusto por los detalles en las páginas de La niña que iba en hipopótamo a la escuela KYOICHI KATAYAMA La protagonista de El año de Saeko presta su vientre al embrión de su hermana. Será el fin de su matrimonio Vueltas de tuerca Mucho mejor es el otro Murakami Ryu Murakami, del que también acaba de traducirse otra extensa novela, Los chicos de las taquillas (Escalera) Murakami (Ryu) es un escritor con evidentes lazos con la literatura posmoderna americana, y tiene una inmensa imaginación. Uno se pregunta de dónde pueden salir tantas cosas, tantos detalles, tantas imágenes, tantas vueltas de tuerca como las que llenan las páginas de su libro, que en su densidad a veces nos recuerda al estilo narrativo clásico o de los inicios (Defoe, por ejemplo) donde el narrador no pretende imitar el tempo de la realidad como Tolstói o Hemingway, sino narrar, contar, con gusto y elocuencia. Su nueva novela se inicia con una imagen verdaderamente chocante, una mujer lamiendo el pene de un bebé, y cuenta la vida de dos huérfanos, Hashi y Kiku, abandonados por sus madres respectivas en las taquillas de una estación de tren. Escenarios de pesadilla, personajes extravagantes, vidas fantásticas. Una muchacha llamada Anémona cuya mascota es un cocodrilo de dos metros. Una zona en el centro de Tokio llamada Toxicentro (este es un viejo tema de los mangas desde Akira) cerrada por las autoridades y convertida en paraíso de delincuentes y drogatas. De modo que hay de todo para todos y mucho de todo, y muy bueno donde elegir. Podríamos decir, incluso, a la vista de tanto talento, y dejando a un lado esas incursiones en el kitsch sentimental a que hacíamos referencia más arriba, que la literatura japonesa vive un momento brillante. Ciertamente, y aunque todos sigamos a la espera de la última parte de 1 Q 84, la literatura japonesa no es sólo Haruki Murakami. BANANA YOSHIMOTO Cinco relatos sobre la tristeza, la soledad y el dolor integran Recuerdos de un callejón sin salida Me inspira el realismo mágico La literatura japonesa actual no se entendería sin Yasutaka Tsutsui. Lo mismo puede decirse del cine de ciencia ficción, que bebe de sus libros. El último traducido al español, Paprika