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La gran ola japonesa Este año, las mesas de novedades españolas se han dejado inundar por el tsunami de la literatura nipona, de la que Haruki Murakami es solo uno de sus grandes nombres. Pero hay más Por Andrés Ibáñez SÁBADO, 9 DE JULIO DE 2011 abc. es ABC cultural 05 esulta curioso constatar que mientras en el restro del mundo los best sellers cuentan, por lo general, historias extrañas, macabras o alucinantes, en Japón los libros que más éxito alcanzan parecen ser aquellos que describen las menudencias de la vida doméstica. Uno de los grandes éxitos de la última literatura japonesa es, por ejemplo, La fórmula preferida del profesor, una maravillosa novela de Yoko Ogawa que trata de la relación de un viejo profesor de matemáticas aquejado de amnesia, su señora de la limpieza y el hijo adolescente de esta, que dio origen a un manga, una serie televisiva y una oleada de furor por el estudio de las matemáticas. Recordemos que la novela de Haruki Murakami de más éxito en Japón es Tokio Blues, la más costumbrista, la más sentimental y, francamente, la más aburrida de sus novelas. Pero el éxito de Tokio Blues fue ampliamente superado hace unos pocos años por Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama, historia de amor enormemente sentimental que dio origen a un manga, una serie televisiva y una película y se convirtió en el libro japonés más leído de todos los tiempos. Comencemos, pues, con Katayama, nuestro recorrido, necesariamente parcial R y sesgado, por lo último de la literatura japonesa. Digamos que el éxito de Un grito de amor desde el centro del mundo dio lugar a una especie de movimiento en Japón (me resisto a llamarlo movimiento literario llamado amor puro Amor puro quería decir historias sentimentales, delicadas, llenas de ternura, protagonizadas por seres cuasi angelicales que nos hacen recordar ese resurgimiento del amor angelical del que habla Philippe Ariès en su Historia de la vida privada y que tuvo lugar en Europa a mediados del siglo XIX. En El año de Saeko (Alfaguara) su nueva novela, Katayama ha querido poner algo de acíbar en su azúcar y nos cuenta una historia más compleja y turbadora, en la que una pareja de vida prodigiosamente tediosa y rutinaria (desde la perspectiva de este lector, aunque no creo que fuera esa la impresión que quería causar el autor) llena de coladas y desayunos minuciosamente descritos, ve su idilio doméstico roto cuando la hermana de la esposa le pide que haga de madre del hijo que ella no puede tener mediante inseminación artificial. El resultado es insoportable y cursi, una desesperante sucesión de vaciedades. RYU MURAKAMI Escenarios de pesadilla, personajes extravagantes y vidas fantásticas en Los chicos de las taquillas de lectores Y uno no sabe qué es lo que le causa más estupor, si la ingenuidad del novelista (que cree que su libro es realmente muy raro y especial) o su ignorancia del aspecto que tiene la verdadera literatura. Pero no es para ponerse trágico, porque verdadera literatura la hay en Japón en abundancia. Por ejemplo, la nueva novela de Yoko Ogawa, La niña que iba en hipopótamo a la escuela (Funambulista) un maravilloso relato de amistad y aprendizaje (la protagonista es una niña que va a pasar un año con sus tíos) en el que Ogawa, una autora dotada de todas las virtudes clásicas de la ficción japonesa (elegancia, humor, delicadeza, gusto por los detalles, imaginación, capacidad evocativa) crea para nosotros un mundo de misteriosa belleza e inolvidables imágenes alrededor de una rica familia que vive en una mansión situada en los terrenos de un antiguo parque zoológico. Cuentos tristes NATSUO KIRINO Macabra, negra y violenta: así es la historia que nos relata en Grotesco sobre el asesinato de dos prostitutas Diálogos muy picados Amor puro Katayama ha querido desligarse del movimiento amor puro mientras que Takuji Ichikawa nos cuenta que se vio arrastrado por él. Después de publicar sus ficciones en internet con bastante éxito, Ichikawa escribió Separación, que se convirtió en un best seller, y a continuación Sayonara, Mio (Alfaguara) un éxito rotundo. Se preguntarán ustedes si Sayonara, Mio dio también origen a un manga, una serie de televisión y una película. La respuesta es afirmativa. Se preguntarán también si Sayonara, Mio es tan ñoña y sentimental como las ficciones de Katayama. La respuesta es que probablemente lo sea todavía más. La novela está toda constituida por diálogos muy picados y cuenta una historia de amor en que la mujer, Mio, es un fantasma. Una literatura que quiere ser tan delicada, tan frágil y tan poética, que acaba siendo vacua e insignificante. Ichikawa declara que Sayonara, Mio se trata de una obra autobiográfica y que nunca ha sido su intención escribir para un grupo restringido TAKUJI ICHIKAWA Su última novela, Sayonara, Mio cuenta una historia de amor cuya protagonista regresa de la muerte Al lado de Yoko Ogawa, los relatos de la propia Banana Yoshimoto parecen desconcentrados y sin hilazón. El último libro de Yoshimoto, Recuerdos de un callejón sin salida (Tusquets) es, según declaración de la autora, el libro suyo que más le gusta y más le enorgullece. Se trata de una colección de cuentos tristes, incluso muy tristes, pero fíjense que está dedicada al maestro Fujiko F. Fujio que es el dibujante de manga creador de la serie Doraemon, que tan importante parece ser para nuestra autora. Hay que destacar también Paprika, de Yasutaka Tsutsui, una enloquecida novela publicada por Atalanta dentro de su programa de recuperación de este interesantísimo autor, en quien podemos ver, quizá, el origen del lado más fantástico de Haruki Murakami, no solo por el interés de Tsutsui por la ciencia ficción, sino también por la forma en que Tsutsui, fuertemente influido por el psicoanálisis junguiano, se adentra en las profundidades de la psique para buscar el fermento de sus historias. Y esta historia, aparecida en 1993, no puede ser más interesante. La doctora Atsuko Chiba, del Instituto de Investigaciones Psiquiátricas de Tokio y candidata al Premio Nobel, tiene que des-