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Arte 30 ALLEGRO MAON TROPPO APRENDIZ DE DIOS l macilento azul de la morgue marca el punto sin retorno en el cual un chaval con talento, que ha llegado a París con 19 años en 1900, se dispara al vértigo del absoluto. Finales de 1901: el pintor da cuenta del cadáver de su amigo Carles Casagemas. Varias veces retorna sobre su retrato. Siempre los mismos tonos: azules, verdes, blancos. Es esa luz de hielo la que da, en el rostro del joven suicida, la poética intolerable de la muerte. La quemadura del disparo en la sien derecha sobrecoge sobre su placidez angélica. El Período Azul ha nacido. Y el joven pintor comienza a ser Picasso. En un Ámsterdam de primavera azul y luminosa, paseo hasta el Museo Van Gogh, cuyas salas recogen, bajo el título de Picasso in Paris, el trayecto parisino del pintor entre 1900 y 1907. Dibujos, cuadros, grabados que vienen de París, de Barcelona, de EE. UU. de museos y colecciones privadadas. Está en ellos la clave de Picasso. Que equivale a decir la clave de la pintura del siglo XX. La fuerza casi inimaginable de quien, antes de cumplir los veinte, ha completado ya todo. Del viaje iniciático a través del magisterio de Toulouse- Lautrec, Gauguin, Cézanne, Van Gogh deja muestras magistrales en apenas once meses. Luego, la luz azul de la melancolía. Y, a partir de ese octubre de 1901, Picasso ya no tendrá más modelo que Picasso. Son los años de la vida bohemia y del trabajo extenuante. Los años de la mayor concentración de genio que haya conocido el París moderno. Años de amantes, de amigos prodigiosos. Picasso pasará por encima de unas como de otros. A la manera de esa fuerza bruta y monstruosamente disciplinada al tiempo, que nada puede contener. Pienso en eso ante el busto de Max Jacob con gorro de bufón de 1905; cuatro decenios más tarde, los amigos se angustian por Jacob detenido por la Gestapo. Max es un ángel ironiza el gran Picasso. Se escapará volando 1944. Jacob no voló en el humo de Auschwitz; pereció en Drancy antes de ser trasladado. Pero Picasso era ya Dios. Sobreviviría a todo. GABRIEL ALBIAC E NO ME ENGAÑAS Cindy Sherman y Thomas Ruff frente a un desconocido: Franck Montero. Tres formas de entender el retrato i la identidad se ha construido históricamente en torno al rostro, ni tampoco la imagen del mismo era en modo alguno certificado de su autenticidad. Levi- Strauss publicó en 1963 un breve ensayo titulado El oso y el barbero en el que mostraba cómo el sistema tradicional de asignación de identidades se vinculaba más al modelo yo soy un oso (sistema totémico) o yo soy un barbero (sistema de castas) que a cualquier otro tipo de atribución a través de la apariencia del rostro. Es más, Deleuze y Guattari, en Mil mesetas, insistían en que los primitivos pueden tener las cabezas más humanas, más bellas y espirituales, pero no tienen rostro y no tienen necesidad de él Para ellos, el proceso de rostrificación era la construcción de la imagen misma del hombre blanco, bajo el modelo paradigmático de la imagen de Cristo. El rostro afirmaban es el propio Hombre blanco, con sus anchas mejillas blancas y el agujero negro de los ojos. El rostro es Cristo N retratos de los faraones egipcios, por ejemplo, no eran tanto representaciones fidedignas de su cara, cuanto de los signos de su dignidad. Es posible que los primeros retratos de la Historia estén vinculados más bien a la aparición de la moneda, en torno al siglo V a. C. cuando algunos tiranos griegos y emperadores persas empezaron a acuñar monedas con su propia efigie, como testimonio de su valor y autenticidad. A partir de ahí, la cultura occidental desarrolló una sabiduría del rostro y de la identificación a través del mismo que no ha tenido parangón en ninguna otra cultura. En este proceso, la fotografía vino a establecer una especie de culminación, en el que la propia identidad pasaba a ser sustituida y usurpada finalmente por el documento, dominado conceptualmente por la foto frontal del rostro. Por eso, mientras que en el XIX se temía que la fotografía iba a suponer el fin de la pintura, en rigor solo favoreció el fin del retrato pictórico y, en particular, el fin del próspero Rostro y retrato mercado de los retratistas de Sin duda, en el proceso de siluetas. Con ello, la foto pasó rostrificación del hombre a constituir históricamente blanco, además de la imagen nuestra identidad. verdadera del dios mismo, Gerardo Mosquera ha retransmitida a la cultura cris- flexionado sobre esta inquietiana en el mito apócrifo de tante relación entre fotograla Verónica, es fía e identidad, fundamental la EL REPROCHE QUE construyendo idea del retrato. una interesante PODEMOS Aunque tampoHACERLE A ESTE exposición con co este ha sido dos artistas ya FESTIVAL ES EL históricamente muy conocidos ABUSO DE OBRAS (Thomas Ruff y una reproducY ARTISTAS ción mimética Cindy Sherman) CONOCIDOS del rostro. Los y un tercero in- Sin parangón