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SÁBADO, 11 DE JUNIO DE 2011 abc. es ABC cultural 6 i les recomiendo que no vayan a la 54 edición de la Bienal de Venecia desde la primera línea de este texto, me voy a quitar un gran peso de encima. Entro a saco y se evitan toda la argumentación que debo soltar para que la frase no se quede en un sin más. Pero si quieren palabras mayores, aquí van. He dudado en ser tan expeditiva, por aquello de no pecar de intransigente, pero no hay salida, porque esta Bienal ofrece muy pocas opciones para que el arte sobreviva más allá de su ombliguismo. Pero no se trata del ombliguismo de los artistas ¡ya quisiéramos! sino del de los teóricos que pretenden darle forma, y lo que consiguen, al cabo, es deformarlo. No tengo más remedio que afirmar que, de las últimas bienales venecianas que he visitado, esta es en la que menos he podido rascar, con la que menos satisfacciones me he venido en la maleta de propuestas o discursos que, al cabo, es a lo que uno debe ir a una bienal. Aquellos que acusan al arte contemporáneo de marciano, de no hacer mucho para que lo entiendan los vecinos de enfrente, en la propuesta de este año habrán de encontrar mil y una excusas para seguir con su diatriba. Lo siento, pero no me queda más remedio que darles la razón ¡y mira que me cuesta! ILLUMInations es el título dado a esta Bienal por su comisaria Bice Curiger. En el breve texto que escribe en la hoja de prensa, ella comienza su discurso planteándose tres preguntas: ¿qué es una bienal? ¿qué clase de audiencia tiene una bienal? y ¿cuál es el rol de un curator (comisario) De ahí, lo de ILLUMInations. Aportar luz, iluminar, centrar el foco. Bueno, pues todo se ha quedado a medio gas; incluso, a oscuras. ¿Por qué? (yo también me hago preguntas) Porque una vez más prima el concepto conceptualizado (valga la broma en el juego de palabras) y los artistas se quedan en meras comparsas del curator, empeñado en reinventar una y otra vez solo él sabe qué. No basta que la gran revolución sea traerse al maestro Tintoretto al pabellón central de los Giardini, por aquello de sus impecables juegos pictóricos de luces y perspectivas, en un nuevo ejercicio de dibujar los contornos de lo contemporáneo desde el clasicismo y sus clásicos. Por cierto, con tres lienzos por cuyas capas no ha pasado ni una mano de restauración o limpieza en siglos. No basta con seguir explotando el planteamiento archivístico nacido del también clásico Atlas Mnemosyne de Aby Warburg. No basta, por ya sabido y aprendido. Son muchos los que desde hace tiempo abogan por el fin de las bienales tras haber llegado al punto máximo de espectacularización, de frivolidad glamurosa, de mercadeo y mercadotecnia. Y, tal vez, entre el espectáculo y el no espectáculo haya un término medio que en esta Bienal, desde luego, no se encuentra, como no sea en piezas muy concretas, aquellas que, como también apuntó algún clásico, trascienden esta bienal y cualquiera que se les ponga por delante. Vayamos a ellas. El recorrido central de la Bienal de Ve- S 25 Más oxígeno para los detractores 7 Bajo estas líneas, la comisaria Bice Curiger, junto a Marclay y Franz West, dos de los premios de esta bienal. En la otra página, detalles de los montajes del Arsenale (imagen 1) como el de Marclay (2) y de los pabellones español, con Dora García (3) ucraniano (4) ruso (5) el americano de Allora y Calzadilla (6) el suizo de Hirschhorn (7) y el francés de Boltanski (8) necia se desarrolla en El Arsenale. Construcción cuya grandilocuente escenografía siempre echa una mano, aunque no haya demasiado que enseñar, por aquello de que arropa y crea espacios sugerentes. En esta cincuenta y cuatro edición de la cita veneciana, ni por esas. Ni el Arsenale, con todo su poderío arquitectónico, puede sacar brillo en donde apenas lo hay. Una excepción supone el trabajo de Christian Marclay, The Clock, que se ha llevado uno de los premios de la cita. Menos mal que los jurados, y mira que son poco fiables, han acertado en otorgar el León de Oro a este montaje en vídeo, donde una vez más Marclay indaga en los distintos lenguajes visuales con el cine como telón de fondo. El siguiente en recibir alabanzas de mi parte (aunque no ha recibido premio alguno) es el artista suizo Urs Fischer, que construye un escenario neobarroco finisecular y trágico, tomando como eje central la pieza escultórica de Giambologna El rapto de la Sabina. A su alrededor, llamas destructoras. El poder de seducción del fuego. No sé si eterno o no, pero hipnótico e inquietante, desde luego. Como la Bienal va de iluminar, decíamos, no podía faltar el maestro contemporáneo de los trampantojos lumínicos, James Turrell, que en un ejercicio de evidencia discursiva, la curator Bice Curiger lo define como un eco de la paleta de Tintoretto Topicazo. Lo cierto es que Turrell nunca decepciona con sus mágicos juegos visuales. De esos que concitan colas y colas a la entrada de sus montajes. Y la italiana Elisabetta Benassi, con su poderosa instalación The Innocents Abroad, donde teje, microfilm a microfilm, una infinidad de historias. Traza una cartografía de la memoria archivada en antiguas fotografías de prensa. Si otros años el Arsenale es el foco receptor de las propuestas más interesantes en detrimento de los llamados pabellones nacionales de los Giardini, este ocurre todo lo contrario. Aquellos que criticamos el modelo de pabellón nacional, no tenemos más remedio que recular, porque si no fuera por la instalación de Bolstanki (que simula las máquinas rotativas de un periódico) en el francés; de Thomas Hirschhorn, con sus psicóticos montajes, en el suizo; de los irónicos Allora y Calzadilla, en el norteamericano... Y llegamos al español, con Dora García. Volvemos a no acertar con la propuesta enviada. No se trata de que la artista no esté a la altura de las circunstancias. Ella tiene más que avalada su trayectoria y el interés discursivo de sus trabajos; no obstante, se pierde en el espacio y el tiempo. Es decir, habremos de esperar hasta después de esta Bienal, allá en noviembre, para contemplar el proyecto en su conjunto. Lo inadecuado, que es el título, se entiende como un work in progress, pero la pregunta es: ¿una bienal de las características de la veneciana es el lugar apropiado para un discurso de tan largo alcance? Yo tengo mis serias dudas. 54 BIENAL DE VENECIA Arsenale y Giardini de Venecia. Comisaria: Bice Curiger Http: www. labiennale. org it arte index. htm Hasta el 27 de noviembre Las naciones salvan los muebles 8 La 54 edición de la Bienal de Venecia abrió sus puertas el pasado fin de semana decepcionando con su discurso, a cargo de Bice Curiger. He aquí un repaso a lo poco rescatable de sus contenidos Por Laura Revuelta