Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
SÁBADO, 11 DE JUNIO DE 2011 abc. es ABC cultural 19 El final de una amistad Junto a estas líneas, Freud (sentado, a la izquierda) y Jung (a la derecha) en la Universidad norteamericana de Clark en 1908. Su colaboración se rompe en 1913. Arriba, la portada que Time le dedicó a Jung el 14 de febrero de 1955 baciones (o anticipaciones) del mundo exterior. No obstante, en su comprensión del desarrollo de la personalidad, se preocupó de los aspectos reductivos y de aquellos que colindan con lo que denominó ánima y ánimus. En el caso de Freud, la meta es convivir con la neurosis, puesto que es connatural a la cultura, es decir: lograr que no nos impida amar y ser creativos; pero Jung quiso ir más allá y buscó un conocimiento integrador, total. El sistema de Jung se apoya en un entendimiento platónico, dual; el de Freud tiende al naturalismo. Su visión de las religiones estuvo lejos de ser una ilusión, como lo fue para Freud, y las analizó se entiende que simplifico como complejas psicoterapias colectivas. Tanto los mitos como las cosmogonías y las religiones responden a un sustrato común a la existencia humana. Al igual que Mircea Eliade, incidió en los aspectos comparativos en la mitología y la religión. RUSO PARA PRINCIPIANTES LOS POSEÍDOS ELIF BATUMAN Traducción de Marta Rebón Seix Barral. Barcelona, 2011 333 páginas, 19,50 euros ¿T Eros y los afectos evitable esta comparación) no estudió la mente solo desde la enfermedad y tampoco creyó en la represión como motivo central de la neurosis; la libido, en Jung, trasciende la sexualidad. La psicología de Freud engloba la vida familiar, social; la de Jung, aunque relacionada con la totalidad de las cosas, parece suceder siempre en una sola persona. En esto se parece a la reflexión budista. Jung no negaba los aciertos de Freud, incluso pensó que había mentes freudianas, y que debían tratarse con este método. Su idea del inconsciente, sin negar los aspectos meramente biográficos, supone la existencia de un mundo arquetípico, un inconsciente objetivo. No es de extrañar que relacionara determinadas perturbaciones puntuales en correspondencia con pertur- Fuente de inspiración Jung ha influido en la obra de numerosos autores. Entre ellos, Hermann Hesse (en la imagen superior) y Philip K. Dick (sobre estas líneas) Hesse, además, fue tratado por Joseph Lang, discípulo de Jung Idea del inconsciente Es curioso que su concepto de la mujer sea tan sesgado: incapacidad para desarrollar labores científicas y cumplimiento de su tarea más alta en la realización amorosa. Quizás por esto no habla nunca de su mujer en sus textos autobiográficos; aunque pensó que Eros es estar relacionado, apenas nos habló de los afectos en su vida. Los afectos y la Historia están sujetos a la narración y al cambio, pero Jung se interesó, sobre todo, por lo que apenas cambia. Estaba enamorado de la sincronicidad como los surrealistas esas coincidencias significativas que, además de en el Tao y en el I Ching, vislumbró en la física cuántica. A diferencia de Freud, se interesó por el arte y la literatura en un sentido creativo, no como expresión de una neurosis. En español contamos por fortuna con unas Obras Completas magníficamente editadas por Trotta. JUAN MALPARTIDA eoría o vida? En otras épocas, la elección era entre literatura o vida Una joven estudiante de veintiún años que aspiraba a convertirse en escritora y estudiaba en la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, eligió seguir con sus dos pasiones intactas. No separarlas. En ese amor que sentía la joven estudiante de Stanford por lo ruso y, sobre todo, por el majestuoso rastro dejado por su literatura, todo, misteriosamente, acababa siempre encajando. Todas las cosas que le iban sucediendo, desde las que tenían que ver con el campo de los sentimientos y el sufrimiento, hasta las más disparatadas, ya las habían experimentado Tatiana y Oneguin, Anna y Vronski. Todo aquello que atañía al enigma de la condición humana y a la naturaleza del amor ya había encontrado su hueco en la literatura rusa. dernos. Además, no ofrecía, a fin de cuentas, nada más allá de una emoción superficial al yuxtaponer Orgullo y prejuicio al principio de incertidumbre Un día, la estudiante de ruso decidió salir al encuentro de lo que más le gustaba: Tocar con los dedos y olisquear de cerca lo que llenaba sus días y horas de lecturas, mientras creaba algo que no tenía principio ni final Es decir, un mamotreto inclasificable como novela que, a su vez, distaba mucho de ser una tesis convencional y doctoral. Desde California hasta Samarcanda, Bujara y Taskent, en Uzbekistán, y las montañas de Kirguistán, pasando por Budapest, Estambul, Ankara, San Petersburgo y Florencia, la joven Ulif decide beber en las mismas fuentes de su pasión, la literatura rusa. Con todos aquellos viajes, encuentros, desvíos y pesquisas elaboró una originalísima y trepidante road movie que incluía a los grandes maestros rusos (Chéjov, Tolstói, Pushkin, Bábel) entremezclados y dialogando sin cesar en una fascinante conversación que atravesaba tiempos y espacios, abrazando personajes, escenas, imperceptibles detalles, problemas irresolubles o desafíos que habían dejado las obras de Mann, Flaubert, Stendhal, Proust o Nabokov. El resultado es un ensayo sumamente atractivo que encierra de todo: humor, insólitos vasos comunicantes, vida y lecturas, aventuras y rutina cotidiana, investigación académica y anécdotas delirantes, biografías de personajes inmortales y la autobiografía de una chica de 22 años que duda si hacer una tesis o escribir una novela. MERCEDES MONMANY Road movie Pura vida ÓSCAR ALZAGA Del consenso constituyente al conflicto permanente Feria del Libro de Madrid caseta núm. 304 novedad estrotta A finales de los años 90, cuando Elif Batuman (Nueva York, 1977) autora del inclasificable y divertido libro Los poseídos un homenaje apasionado a la literatura rusa, mezcla de memorias, crítica literaria y libro de viajes estudiaba en la Universidad, entre las múltiples supersticiones y dogmas de fe que circulaban por el medio académico existían varias amenazas que afectaban supuestamente al talento creativo de futuros escritores. Por un lado, los había que mantenían que no era aconsejable leer demasiadas novelas para no distraerse del material e inspiración procedente de la pura vida. En el otro extremo, estaban los defensores de la idea de que la teoría era mala para los escritores, pues los infectaba de una hostilidad hacia el lenguaje y los hacía posmo-