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Opinión 08 U or entonces ella tenía veinte años y yo veinticinco. Después de las clases en las que yo le enseñaba los trucos escondidos de la lengua griega, nos íbamos a su casa, tomábamos cada uno un par de gin- tonics y hablábamos de todo. Me enamoré de ella con la pasión de un joven loco y escribí para ella Scherzos pour Nathalie (1972) una declaración de amor sin límites, los únicos poemas que me atreví a escribir en toda mi vida, los mismos que llevaron a decir a Félix Grande en un libro en el que defendía a Luis Rosales que yo era un poeta frustrado Aquel amor se extendió durante años, decenas y decenas de gintonics, cruces de caminos, viajes secretos, seducción constante y juegos de juventud que alcanzaron los años de la madurez. Ella era y es para mí un fantasma literario, una constante imagen, no solo por los Scherzos, sino porque aparece y reaparece en varias de mis novelas bajo el nombre de Natalia (o Natalia Ferrer) Era, y en mi memoria seguirá siéndolo para siempre, bellísima, con una clase de finura rayana en la exquisitez. Iba y venía hasta donde yo estaba, y yo venía e iba una y otra vez al lugar donde ella vivía. Piel, cabellos, manos, cabezas juntas, rostros, roces, senos, besos, ojos fijos sobre caderas, huellas por todos lados: Nathalie. n día de los años 70 (yo vestía como Steve McQueen y trataba de imitarlo en sus gestos) me llevó a su casa para que hiciera un gran descubrimiento Había estado en Londres y traía los primeros discos de un juglar único. Quería que yo los conociera, los oyera y escuchara una y otra vez. Son poemas extraordinarios me dijo con una pasión desbocada. Y fuimos a su casa. En un momento determinado, entre las sombras, se levantó y su silueta me pareció, al caminar desnuda hacia el tocadiscos, la sombra de una diosa pisando la tierra. Y entonces comenzó a sonar la voz honda del poeta: una caricia tenue sobre la piel de los amantes. Cantaba una historia que podía ser triste o no, según el oyente escogiera el camino del pesimismo (entonces triunfante) o el optimismo (ahora derrotado) Se titulaba Suzanne. Era todo un descubrimiento para mí. Me regaló los discos del poeta- juglar y, junto a la banda sonora de las películas Midnight Cowboy y Anónimo veneciano, se convirtieron en nuestros himnos de batalla amorosa. Donde estuviéramos, donde fuéramos y donde nos pensáramos, salían las letras de Sisters of Mercy por todos lados. Después, pero no mucho después, vino Hotel Chelsea y nuestra canción de gran lujo, Hallelujah, que todavía escucho viva en tardes de otoño solitario. Leí a Leonard Cohen primero en inglés, porque ella me trajo sus poemas y novelas desde Londres P A LA INTEMPERIE J. J. ARMAS MARCELO HOMENAJE A NATHALIE Un día de los años 70, me llevó a su casa para que hiciera un gran descubrimiento Comenzó a sonar la voz honda del poeta: una caricia tenue. Se titulaba Suzanne Me convertí en un devoto de Leonard Cohen y Nueva York, y me convertí en un devoto del poeta, más poeta al fin que cantante, se mire por donde se mire. Sus Memorias de un mujeriego son para releer y plagiar, y cuando escribí las mías, aún inéditas (están escritas hasta el año 1980) no hice otra cosa que repasar y saquear las del poeta canadiense, un compañero del alma hasta el día de hoy. Nathalie murió en la realidad de la vida un día infeliz de la última semana del pasado mes de mayo. Y yo era miembro del jurado del Príncipe de Asturias de las Letras. Y Leonard Cohen, por primera vez, candidato a ese galardón. Oí, escuché, leí y releí todo cuanto había en mi biblioteca de Leonard Cohen, todo regalado golpe a golpe de pasión por Nathalie cuando éramos jóvenes, felices e indocumentados. Y, a pesar de muchos pesares (hace muchos años que no se otorga el galardón a un escritor de lengua española) Leonard Cohen estuvo toda esa semana anclado en el recuerdo de Natalia Ferrer, la Nathalie de mis Scherzos, el segundo gran amor de toda mi vida (tuve, hasta el momento, tres: con dos conviví más de veinte años; con Nathalie, no) un amor que nunca tuve del todo pero que sé que jamás perdí totalmente. hora Nathalie ya no es, pero está siempre, seguirá en mi memoria como una gloria vital que me hace soñar como cuando era casi un adolescente: la veo ahí, en primera fila, atenta al profesor, mientras yo cuento un cuento sobre el paso de las Termópilas o hago las alabanzas del Pireo. Ahora la veo sonriéndome desde su sillón preferido, en un silencio cómplice, mientras escuchamos embelesados y extemporáneos los poemas cantados de New Skin for the Old Ceremony. Solo es una memoria, pero es toda una memoria llena de ese mundo intangible que para mí es el universo de los afectos. Por entonces, en los primeros 70, yo era un pájaro enjaulado por la costumbre del franquismo de privar de libertad a todo aquel que demostrara no estar dispuesto a someter su libertad. Ahora soy un viejo (no un anciano, todavía) con mucha memoria y ganas de poesía. El mismo día en que a ella, a Nathalie, le rendían honores sagrados tras su muerte, yo estaba en Oviedo, voluntariamente encerrado para votar el Premio Príncipe de Asturias. No pude estar en su sepelio, ni en las honras fúnebres, ni en el homenaje sagrado que le rindieron su familia y sus amigos. Volé con mi memoria hasta Leonard Cohen. Volé con mi recuerdo hasta los Scherzos. Volé hasta Nathalie: sus huellas están para siempre en mi memoria y en la literatura que escribí hasta ahora. En todos esos textos ella es la diosa, una heroína única, algo más que un símbolo, por quien las cosas perdidas largo tiempo entre pantanos han vuelto definitivamente a su primitivo lugar de origen A En pequeñas dosis El día e y la hora h A quien se le ocurrió la idea de montar el día e que ya va por su tercera edición, no más (diríamos en mexicano) que felicitarle. Un proyecto participativo, original, que da la vuelta al mundo, como el español 1.500 Más aburridos que ¡Indignaos! La Feria del Libro también se ha montado su propia lista de más vendidos, en la que se puede votar a través de facebook La lista nos ofrece más indignaos ¿No va siendo hora de cambiar de tercio? PERSONAS SE presentaron en una fiesta de cumpleaños lanzada al mundo por facebook Y la homenajeada se quedó muerta por la sorpresa. Al igual que este suplemento ante el éxito de su número 1.000. Mil gracias