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SÁBADO, 11 DE JUNIO DE 2011 abc. es ABC cultural 07 mientras Milosz había recibido ya el Premio Nobel. Oh, sí, la generosidad de Czeslaw Milosz superaba a veces toda expectativa. Más tarde, ya en otra época, cuando un conocido sacerdote de Gdansk me propinó un escupitajo antisemita a la cara, Tygodnik Powszechny publicó las graves palabras de Czeslawa Milosza, llenas de preocupación y seriedad. Czeslaw decidió que debía pronunciarse en un asunto público, aunque este tipo de manifestaciones le disgustaba. Y cuando le di las gracias por aquello, se limitó a encogerse de hombros. Es normal entre amigos, Adam... dijo con una sonrisa. Desde Kochanowski y, posteriormente, Mickiewicz no hubo otro escritor que dejara una huella más profunda en la cultura polaca, o diría, incluso, en la manera de ser polaco. Gracias a él somos, o tenemos la oportunidad de convertirnos en otra especie de polacos, que habitan este mundo sin pretender beneficiarse de una tarifa reducida que han renunciado a las rentas de su martirio. ¿Sabremos vivir así? Milosz comprendió perfectamente la oportunidad que se abre ante el espíritu polaco si somos capaces de reconsiderar la mordedura hegeliana experimentar las tinieblas de nuestra Ciudad de Sombras, comprender los valores y el sentido del catolicismo. Este heredero consecuente de la edad de la razón fue a la vez un pobre cristiano que mira el Gueto el ganador del Nobel cuyo otorgamiento a Milosz se celebró en Polonia casi tanto como la elección de Juan Pablo II como Papa fue un pesimista herido por el destino y convencido de su propio pecado e insignificancia. Durante toda su vida le acompañaron el sentimiento de la culpa y del deber. Estaba siempre pagando sus deudas: para con los excluidos y los desgraciados, para con la literatura polaca y los Estados bálticos sometidos, para con los poetas caídos en la Insurrección de Varsovia, los asesinados en Katyn, los judíos condenados a la discriminación y para con el destino que le obsequió con una voz de testigo de su época y unas visiones proféticas. Milosz se preguntaba: ¿Qué es la poesía que no salva Naciones ni personas? Una participación de mentiras oficiales, Una canción de borrachos antes de ser degollados, Una lectura en la habitación de una señorita Sin embargo, no estaba seguro de esta conclusión. En repetidas ocasiones suprimió este poema para después volver a restituirlo. Sabía que la poesía no tiene por qué salvar, puede limitarse a ofrecer belleza. Nadie como él había contado el mundo, y a su propia gente, de una manera tan viva, sincera y despiadadamente verdadera, la Historia de nuestra Europa familiar. Nadie como él nos había hecho ver tan claramente que nos rodean dilemas irresolubles, contradicciones inevitables, de las cuales nace la verdad del mundo. Él supo nombrar esta verdad con ternura y valor. En verdad, Czeslaw Milosz nos obsequió espléndidamente. Adam Michnik, periodista, historiador y ensayista, fue uno de los principales organizadores de la oposición democrática en Polonia. Milosz inédito A La tierra inalcanzable y Regiones lejanas pertenecen estos dos poemas de Milosz MUCHACHO De pie sobre la roca, echas el sedal. El agua centelleante de tu río nativo Te rodea los pies en una espesura de nenúfares. Y tú, que miras fijamente el corcho, que atiendes Al eco, al ruido de palas y tinas ¿quién eres? Señorito ¿cuál es tu estigma, ahora Que estás enfermo de tu particularidad, Con el solo anhelo de ser como los otros? Conozco tu historia y sé en qué te convertirás. Podría bajar hasta el río vestido como una gitana Y decirte la buenaventura: fama y riquezas. Pero no mencionaría cuál será el precio a pagar, Inconfesable a aquellos que nos envidian. Una cosa es segura: tus dos naturalezas, Una parca, prudente contra la otra, generosa. Y buscarás por mucho tiempo reconciliarlas, Hasta que tus trabajos te parecerán vanos, Y te serán bellos sólo los regalos espontáneos, La magnificencia del corazón, la entrega despreocupada Sin libros, ni monumentos ni memoria humana. DURACIÓN Eso fue en una gran ciudad, no importa de qué país, en qué lengua. Hace mucho (bendecido sea el don De crear una historia de una nimiedad, En la calle, en el coche lo apunto para no perderlo) Quizá no una nimiedad, puesto que era un café nocturno Siempre lleno donde cada noche actuaba una famosa cantante. Estaba sentado con otros entre el humo, el ruido de los vasos. Corbatas, uniformes de oficial, escotes de mujeres, La bruta música del folclore de allí, seguro que de las montañas Y ese canto, su garganta, un tallo que palpitaba Que no he olvidado durante todos estos largos años, Su paso de baile, el negro de sus cabellos, la blancura de su piel, El olor imaginado de su perfume. ¿Qué aprendí, que llegué a conocer? Países, costumbres, vidas, todo ya pasado. No queda ningún rastro de ella, ni de aquel café. Y sólo su sombra está conmigo, su fragilidad, su belleza, siempre. Traducción: Xavier Farré Poesía que no salva De repente, y para mi gran sorpresa, vi correr lágrimas por las mejillas del poeta. Consternado, interrumpí mi recital y entonces oí la voz emocionada de Milosz: No sabía que los jóvenes en Polonia se supieran de memoria mis poesías. Creí haber sido proscrito Era lógico que lo creyera. Sus libros se confiscaban con una diligencia inusual, como si los comunistas quisieran demostrar que su venganza no tenía límite. En la Encyklopedia Powszechna Enciclopedia Universal su apellido apareció seguido del calificativo: Enemigo de la Polonia Popular Afortunadamente, una vez más comprobamos que dura más el escritor que el dignatario Los dignatarios que habían condenado a Milosz a la inexistencia, hoy no existen, mientras las palabras de Milosz continúan resonando e irradiando una belleza impoluta. Después volví a ver a Milosz en numerosas ocasiones. En Varsovia, durante el memorable verano de 1981, y más tarde, en Budapest, California, México, Cracovia o París. Nuestras conversaciones siempre me resultaron fascinantes e intensas. Mientras hablaba con Milosz, era consciente de estar tratando con una persona excepcional. Poseía un extraño magnetismo, un don oculto de grandeza, que no le impedía en absoluto mostrarse cordial, directo y modesto frente a sus amigos. A la vez, fue leal y abnegado: nunca olvidaré lo que hizo por mí cuando estaba encarcelado. Además de organizar continuamente toda clase de protestas en defensa de los presos políticos, me obsequió con un prólogo conmovedor a un libro que estaba a punto de publicar en Estados Unidos. Este prólogo supuso un acto de legitimación, de reconocimiento público. Yo era por entonces para el amplio público un preso desconocido, una víctima más de la ley marcial en Polonia, Venganza sin límites Con su poesía, Milosz hizo frente a la opresión totalitaria del régimen comunista polaco, cuyos cimientos dinamitó Solidaridad. Arriba, Lech Walesa, líder del sindicato, en Gdansk en 1980 TRADUCCIÓN: BEATA RÓZGA Y XAVIER FARRÉ. COLABORACIÓN: INSTITUTO POLACO DE CULTURA