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SÁBADO, 11 DE JUNIO DE 2011 abc. es ABC cultural ilosz representó una leyenda para varias generaciones, incluida la mía. Su poesía era como el fruto prohibido: nos sabía a gloria, pues acceder a ella requería grandes esfuerzos. Sus versos formaban una especie de código secreto de comunicación entre los polacos insumisos. Nos reconocíamos a través de citas de Milosz: al que estuviera familiarizado con su poesía podías llevártelo contigo a tomar una cerveza sin temer nada. Sus libros, con esas características cubiertas grises de la editorial parisina Kultura, eran considerados por los intelectuales polacos el bien más preciado. Swiatlo dzienne Luz de día El pensamiento cautivo, Rodzinna Europa Europa familiar Traktat poetycki Tratado poético Kontynenty Continentes Prywatne obowiazki Los deberes privados Czlowiek wsród skorpionów Hombre entre escorpiones Widzenia nad Zatoka San Francisco Visiones en la bahía de San Francisco Ziemia Ulro La tierra de Ulro todos estos títulos eran devorados por los miembros de la oposición democrática, quienes los consideraban de lectura obligada. Libros que fascinaban a la vez que inquietaban. Los rebeldes anticomunistas nos dábamos cuenta intuitivamente de que Milosz continuaba la polémica abierta en varios frentes. No solo argumentaba contra el comunismo soviético y la hipocresía de la oposición izquierdista de Occidente, sino que también juzgaba con incondicional severidad la tradición polaca de irreflexivo griterío populista y nacionalismo totalitario. Sus escritos dedicados al período de entreguerras, la actitud hacia las minorías nacionales, la pobreza de la derecha polaca y la falsedad de la izquierda, el antisemitismo, la agresividad obtusa del clericalismo, pero también sobre la hipocresía de las elites del poder de la Sanación coalición política polaca que accedió al poder en 1926 con un golpe de Estado liderado por Józef Pilsudski y que pretendía la sanación moral del país nos retaban a replantearnos los valores de la cultura y la espiritualidad polacas. Milosz, el autor de Pensamiento cautivo, fue un maestro del pensamiento libre en Polonia. M 05 alegre, Entre versos introduzco el nombre de un Feldwebel. Porque lo que repite Breza (ese autor) es atinado: Mucho más escritor, dice, que dignatario Esta observación que debería ser memorizada por los dignatarios ofrece una clave importante de la biografía del escritor. La política le aburría y le repugnaba; no obstante, sabía que era imposible huir de ella en una época en la que el Espíritu de la Historia hablaba la lengua de la opresión totalitaria. Tal huida solamente era factible pagando el precio del oportunismo y la mentira, pero Milosz afirmaba: Madre, no es verdad que en el género humano no existan los salvados ni los condenados. ¿Quién puede llegar a decir, soy justo, Cuando de la cobardía crece la indiferencia, De la indiferencia, el silencio sobre el crimen, Del silencio, sólo la muerte y acusaciones? Poseía una intuición inaudita de su tiempo y una extraordinaria conciencia de su deber como escritor. Su vida discurrió en una secuencia de trampas dispuestas por el Espíritu de la Historia: en los años 30 se enfrentó al gobierno de Sanación la derecha nacionaldemócrata y la izquierda simpatizante del comunismo. En la época de la ocupación alemana, observó con terror el devenir de los acontecimientos que condujeron a su patria a la cruel matanza durante la Insurrección de Varsovia de 1944, los crímenes de la época estalinista y el dominio soviético sobre Polonia. Frente a todo ello se sentía impotente; impotencia que por otra parte le proporcionaba una particular sensación de libertad. Durante la ocupación alemana escribió: En un momento de la Historia en que nada depende del ser humano, todo depende del ser humano: hoy esta verdad paradójica se me revela con singular claridad Esta libertad le permitió contemplar la espantosa catástrofe con una perspicacia que muchos considerarían cinismo, pero que en realidad revelaba su desesperación. Milosz presenció el fin del mundo, equiparable en su visión con el derrumbe de la civilización de la antigua Roma. ¿Cómo se puede continuar viviendo después del fin del mundo? Nada más terminar la guerra, observando desde su perspectiva de diplomático polaco en Washington cómo las democracias occidentales pactaban con Stalin, dijo en un poema dedicado a Kronski: Y a nosotros, Juliusz, ¿qué poder nos sería dado Si previéramos el destino de nuestra Europa Natal, que conduce los pies armados A estar bajo potencias extranjeras? Pero la heredera de nombre griego, La gloria, durará mientras dure la humanidad. Y el siglo de la oscuridad pasará como el invierno Mientras el árbol tenga resistentes jugos bajo la corteza Después de 1945 consiguió publicar Ocalenie Salvación un tomo de poesía que se convertiría durante decenios en un título de coleccionista. También tuvo tiempo para enriquecer la lengua polaca con un puñado de bellas traducciones de lírica anglosajona y editar, casi de milagro, Traktat moralny Tratado moral y Toast Brindis Inmediatamente después se cerró la puerta de la cárcel Todo depende del ser humano Testigo de la agonía La de Czeslaw Milosz fue la principal voz que se alzó contra el régimen comunista polaco. Adam Michnik, uno de los impulsores de aquella democracia, recuerda al Nobel en su centenario Por Adam Michnik Milosz se había formado en la Mancomunidad de las Naciones como solía denominarse al Estado polaco integrado por múltiples nacionalidades o para ser más exactos, en el Gran Ducado de Lituania, país de gran diversidad nacional, cultural, lingüística y religiosa, de cuya agonía fue testigo en los años 30, lo que condujo a que desde entonces el poeta se considerara un emigrante, un refugiado, un hombre que había perdido su patria. Escribió en Toast Brindis Se vivía en una mezcla de dialectos y selvas, Revoluciones, religiones y romanas Digestas. Quería huir de allí, porque mi instinto de ave Me dice qué es sano y qué deja el humor acre, Hasta que demasiada materia se me aglomera Y poca distancia, y un exceso de parte interna. Me ayudó a emigrar, casi como un indigno, El voivoda de allí, Bocianski de apellido. Se saldó a mi favor, pero es dulce la venganza. A quien se me ponga en medio, le pondré trabas. Y aquí, en medio de virutas de una garlopa El nombre de Milosz se inscribe junto al de otros dos grandes poetas polacos, Jan Kochanowski y Adam Mickiewicz (bajo estas líneas) que dejaron honda huella en la cultura de aquel país. A la izquierda, Milosz, exiliado en Francia desde 1951, durante su visita a Polonia en 1981