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Lydia Davis, ojos con rayos X Adictivos, así son los cuentos de Lydia Davis. Relatos llenos de ingenio e ironía que combinan la palabra exacta y la pasión por los pequeños detalles Por Rodrigo Fresán o aforismos o poemas en prosa o autobiográficos o riffs jazzísticos, nunca como microrrelatos adictos al remate ingenioso, sino su Gran Procedimiento. Davis laureada traductora al inglés de Flaubert y Proust consigue lo mejor de ambos mundos: la obsesión por ubicar la palabra exacta del primero y la pasión microscópica del segundo a la hora de alcanzar lo sinfónico con música de cámara. Estos Cuentos completos que incluyen los libros Desglose (1986) Sin apenas memoria (1997) Samuel Johnson se indigna (2001) y Variedades de perturbación (título de 2007 bajo el que podría cobijarse, sin problemas, todo lo que firmó y firmará) ponen de manifiesto la temprana y meditada madurez de Davis. Y la sitúan junto a (pero a un costado de) otras cronistas de mujeres al borde de un ataque de todo como Lorrie Moore, Amy Hempel, Deborah Eisenberg, Mary Gaitskill y Lydia Millet. Lo que distingue a Davis de ellas es cierta pulsión casi extraterrestre y como ocurre con su ex marido, Paul Auster una evidente formación o deformación con modales europeos en una escuela que incluye a Kafka, Beckett, Perec, Calvino y hasta el Ballard de sus últimos relatos. Así, en muchos momentos y Davis es una gran escritora de momentos la autora parece recitar con una dicción de sonámbula iluminada que recuerda un poco a la dicción androide de la performer musical Laurie Anderson o a una Dorothy Parker en trance. Lydia Davis sería como una stand- up comedian que les resultará graciosísima a los que se ríen con David Lynch. Una bromista lateral flotando, con aguda gravedad cero, en el espacio sin fondo de una desanimación suspendida. Resulta imposible por cuestiones de espacio enumerar tramas y trucos, pero sí pueden precisarse varios motivos recurrentes: los blues del abandono, el amor como exitosa forma de frustración en serie, las idas y vueltas del lenguaje, el fracaso profesional, la caza y pesca en textos admirados de otros y de otras, la perfecta compaginación de estímulos aparentemente irreconciliables (ver Glenn Gould la fertilidad al fondo del vacío absoluto y, una y otra vez, el paisaje de SÁBADO, 28 DE MAYO DE 2011 abc. es ABC cultural 15 una escritora empezando o acabando de escribir. Párrafo aparte merece el modo de empleo para el buen uso y mejor provecho de estos Cuentos completos. Su aspecto engañosamente inofensivo remite al de un breviario. Uno de esos volúmenes útiles para toda ocasión, cómodos de llevar, siempre listos. Pero no se confíen. Lo de Davis es inmediatamente adictivo y se corre el riesgo de sobredosis. Mejor, una o dos o tres dosis por vez como máximo, y disfrutar de cómo, rebotando en nuestro interior y potenciándose, van revelando una suerte de libro detrás del libro. Una especie de novela- de- cuentos, del mismo modo en que The End of the Story (de 1995, única novela de Davis) funciona como cuentos- en- novela. ¿Q El más rápido, el más lento ué es un cuento? Desde sus raíces, la literatura norteamericana ha ensayado no una respuesta definitiva a semejante enigma pero sí múltiples posibles soluciones que no han hecho más que enriquecer el género. Una somera lista de científicos en lo que alguien definió como el laboratorio de la novela contaría con los exitosos experimentos de Hawthorne, James, Hemingway, Fitzgerald, Salinger, Cheever, Updike, Barthelme, Carver y Wallace para no alcanzar infalible fórmula sino múltiples variaciones de ingredientes, yendo del susurro a la explosión. Hay que sumarle a los anteriores la extraña dama y rara avis Lydia Davis (Massachussets, 1947) a quien en principio podría coronarse como la sucesora de Barthelme. Pero aunque comparten cierta atracción por la brevedad como forma de expansiva comprensión la cosa no es tan sencilla. Porque si al travieso Barthelme le gustaba salir a jugar con las letras, lo de Davis está más instalado en lo introspectivo y en el quedarse dentro de uno mismo. Su Gran Tema pasa por aquello que se contempla con ojos de rayos X listos para detectar una mancha sospechosa Y lo que importa en Davis no es tanto que recurra a tramas desarrolladas o presentadas como apenas epigramas o polaroids o soliloquios Una Dorothy Parker en trance Lydia Davis (a la izquierda) es traductora al inglés de Proust y Flaubert. Arriba, sus versiones de Por el camino de Swann y Madame Bovary En la obra narrativa de la autora, igual que en la de su ex marido, Paul Auster (sobre estas líneas) se detecta la huella de Kafka, Beckett, Perec, Calvino y Ballard Cerca del cierre de Cuentos completos, Davis se despide en Casi al final: ¿Cómo se dice? Y lo que nos dice allí es: Dijo él: Cuando te conocí no pensé que pudieras resultar tan... extraña No es una mala forma de entenderla y apreciarla. Y en La carrera de los motociclistas pacientes Davis consciente o inconscientemente parece ofrecer lo más parecido a un credo creativo aplicable tanto a lo brevísimo como (destaquemos el portentoso Te echamos de menos: Estudio de las cartas que un grupo de alumnos de primaria escriben a un compañero, deseándole mejoría a lo más extenso de su obra. Allí, leemos: En esta carrera no vence el más rápido, sino el más lento. Parecería fácil, al principio, ser el más lento de los motociclistas, pero no es fácil, porque no forma parte del temperamento de un motociclista ser lento o paciente Y dos páginas después, punto y adiós Davis concluye: ...y al final de la lenta jornada hasta el sol parece haber sido lanzado con un arco rapidísimo La luminosa y pausada velocidad extrema de la más absoluta y vertiginosa lentitud. Y así, a su manera, Lydia Davis responde ciento noventa y siete veces y en casi ochocientas páginas al interrogante de qué es o puede llegar a ser un cuento. CUENTOS COMPLETOS LYDIA DAVIS Traducción de Justo Navarro. Seix Barral. Barcelona, 2011. 744 páginas, 28 euros