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Arte 28 SACO DE PATATAS reglada al minuto. Estuve hasta los catorce. En estos cinco años creo que subí todos los peldaños de mi corazón y de mi alma, y su rastro es omnipresente en mi persona y en mi pintura. Quiero que mi pintura sea carne de la vida y de los días. La mística es la estación más alta del alma. Mi alma es cotidiana Por eso, cuando la pintura vive sus momentos más bajos entre las nuevas generaciones de artistas, acercarse a la obra de Antón Lamazares resulta reconfortante. Y lo recomiendo desde ya. En él hay un clásico, un primitivo, pero no un antiguo. Como siempre, como debió ser desde el principio de los tiempos, la clave está en la esencia. Aunque suene redundante y hasta obvio, despojarse de todo el equipaje, de todo lo superficial y lo accesorio. Ante la apreciación de que la gente que pinta hoy no siente pasión por pinturas anteriores replica Lamazaraes: Para que haya presente tuvo que haber un pasado. Yo soy un melancólico, a mí me interesa mucho el pasado, sobre todo el arte bizantino. Nos decían de niños que los Reyes Magos venían vienen de Oriente, donde nace el sol. Donde nace el sueño o se duerme el sueño o se depierta el sueño La pintura de Lamazares es así desde las primeras obras que podemos encontrar en esta retropectiva, que va de los años ochenta hasta 2010. Sus dibujos y pinturas sobre cartón (cajas, sobres... de las más variadas procedencias, sus gouaches sobre papel se van reconcentrando en intensas manchas de color, en ensamblajes de cartón y madera con grapas, para pasar a unas ventanas con cristal como lienzo de fondo... donde la expresividad se recoge, mira al interior, como en una oración. ¿Cuál es el peso de un saco de patatas? Nada y todo si uno atiende a la pintura de Lamazares, quien pinta tal y como es, parafraseando (y así lo afirma, tal cual) al torero Juan Belmonte, que dijo aquello de se torea como se es LAURA REVUELTA ANTÓN LAMAZARES 1980- 2010 Museo de Pontevedra. Los Reyes Magos l catálogo de esta exposición restrospectiva de Antón Lamazares viene acompañado de una entrevista al artista gallego grabada en dvd (Tan antiguo como el mundo, de los hermanos Nayra y Javier Sanz) en la que afirma que si le dan a elegir entre la belleza de un saco de patatas y de una madonna, él se queda con el saco de patatas. Antón Lamazares es así: más claro, imposible; más directo al corazón, imposible; más certero, imposible. Imposible, más por menos. Y no hablamos de minimalismo, sino de un alma cuyos ropajes apenas se ven. Cuando dice estas cosas no lo hace para epatar o llamar la atención cual artista necesitado de ocupar el centro del universo con extravagantes sentencias. En esta frase está contenida toda la filosofía de su obra, de una pintura apegada a la tierra, a la esencia de las cosas, de la vida, del arte. Un saco de patatas es mucho más que un saco de patatas: es el alimento más E Casilda (1987) obra de Antón Lamazares básico, aquel que sacia como ningún otro cuando el hambre es una realidad que no se hace carne ni hueso (aunque bien pudiera) Cuando uno es más de campo que las propias patatas. Y Antón Lamazares es un pintor básico o entiende la pintura como algo bien básico, al estilo de un San Francisco de Asís que se puso a pintar sobre sucios cartones una serie inagotable de signos primitivos y abstractos. El misticismo de Lamazares en absoluto es impostado. Al artista gallego todo le sale de las entrañas: A los nueve años ingresé en el Convento de San Antonio de Hebrón. Los tres primeros meses fueron terribles... ¡Me parecería imposible vivir alejado de los míos! Fue mi entrada en la cultura, en la meditación. San Francisco de fondo con su ejemplo inmortal y una vida NADERÍAS DE LUJO El CACMálaga es el plató en el que se exponen las estrategias de Sylvie Fleury y su ácida mirada al mundo del consumo desaforado Desde las entrañas Pontevedra. C Pasantería, 10. Comisaria: Gloria Moure. Hasta principios de junio artiendo de las enseñanzas que definió el pop, Sylvie Fleury (1961) potencia hasta cotas máximas la ambigüedad que caracterizó al movimiento y lo situó en un espacio fronterizo entre el aprovechamiento comercial de las posibilidades ofrecidas por la sociedad de consumo y la denuncia de esos procesos. Décadas después, las fracturas entre la glamurosa ilusión de excepcionalidad que pretende hacernos sentir especiales potenciada por la publicidad y los medios y la verdadera (y miserable) P realidad cotidiana, se han acentuado aún más. Consciente de ello, la versátil artista suiza vuelve a jugar a esa sutil indeterminación, pero multiplicando la experiencia sensorial de lo desconcertante, haciendo bascular al espectador entre la fascinación por la imagen del lujo y la inadecuación funcional (y hasta fealdad) de las categorías más kitsch. Aunque creamos asistir a un panegírico del deseo consumista, no atisbando por lado alguno un cuestionamiento a la frívola dictadura de la moda, y centrándose en el universo de lo femenino sin aparentar feminismo (véase