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Libros 12 COMUNICADOS DE LA TORTUGA CELESTE ANDRÉS IBÁÑEZ EL HOMBRE QUE LO SABÍA TODO or supuesto estoy exagerando y es obvio que nadie puede saberlo todo. Sin embargo, leyendo Origen y presente uno tiene a menudo la sensación de que su autor, el filósofo alemán Jean Gebser, lo sabía todo, o que al menos sabía mucho más de muchas cosas (permítanme que lo exprese así) que la mayoría de las personas del mundo. Su libro tiene unas setecientas páginas (más casi trescientas de notas) pero su lectura es una delicia. Gebser escribe muy bien y a veces lo que hay en sus páginas es pura literatura. Pero lo que realmente seduce y fascina de su libro no es tanto su ingenio, ni la intensidad de sus imágenes, ni esa música especial que tienen a menudo las palabras de los verdaderos sabios, sino sobre todo la infatigable claridad de su pensamiento, la oportunidad e infinita sensatez de todo lo que dice. Gebser nacio en Alemania y murió en Suiza. Era descendiente de Melanchton por vía materna, ese lejano predecesor de la psicología. Desde joven manifestó un gran interés por la literatura y el pensamiento, pero su familia le forzó a que entrara en el mundo de la banca. El joven Gebser, fascinado con Freud, con Schopenhauer y con Rilke, no quería trabajar en el Deutsche Bank, y huyó del hogar paterno para vivir una existencia errante. Pasó años de pobreza y de hambre. Viajó por Italia y en 1931 llegó a España, donde terminó por instalarse en Madrid. Fascinado por la efervescencia cultural del país, decidió quedarse a vivir en España indefinidamente. Se hizo amigo de Lorca, Alberti, Aleixandre, Cernuda, Guillén, publicó traducciones de Hölderlin y de Novalis en Cruz y raya y fue el primer traductor de Lorca al alemán. Gebser simpatizaba con la República. Con el estallido de la Guerra Civil fue detenido y estuvo a punto de ser fusilado por las tropas franquistas. Escapó de España con un pasaporte mexicano y se esta- P bleció en París y finalmente en Suiza, donde viviría el resto de su vida. Es importante destacar que perteneció al círculo de Jung y que tuvo también una intensa relación con el círculo de Eranos. Origen y presente (1953) es una especie de historia resumida de la cultura humana. El principio que lo organiza es el de las transformaciones de la conciencia. Gebser afirma que la conciencia humana está sometida a un proceso de transformación, y que ha habido varias formas de conciencia a lo largo de la historia del hombre: la arcaica, la mágica, la mítica, la mental y una nueva forma de conciencia que comienza a hacerse evidente en todos los campos de la ciencia, el pensamiento, las artes, las letras, la música, y que él llama conciencia integral Hay muchas cosas asombrosas en Origen y presente. Una de ellas, por solo nombrar una, es la posición decididamente moderna de Gebser y su capacidad casi sobrenatural para no caer nunca en simplificaciones. Su afirmación de que el racionalismo corresponde a un modelo del mundo y del hombre que ha sido superado no tiene nada de reaccionario, ni de místico (y lo pongo entre comillas) ni de nostálgico. Gebser explica muy bien que lo opuesto del racionalismo es el irracionalismo, y que la conciencia integral en que estamos entrando no es en absoluto irracional sino, más bien, arracional En la página 523 de su libro asombroso hace una pequeña síntesis de elementos que intervendrían en ese pensamiento aperspectívico que es la conciencia integral superación del yo, libertad respecto al tiempo, quiebra de lo sistemático, reconocimiento de lo energético, superación del patriarcado, renuncia al dominio, claridad (en vez de mera vigilia) Los que tienen miedo al presente o al futuro, los que piensan que la posmodernidad es un gran desastre, deberían leer sin falta a Jean Gebser. Posición moderna EL ÚLTIMO AQUELARRE LAS VIUDAS DE EASTWICK JOHN UPDIKE Traducción de Ana Herrera Tusquets. Barcelona, 2011 400 páginas, 20,19 euros Lorca en alemán in llegar al nivel de solipsismo de J. D. Salinger a quien alguna vez acusó, cariñosamente, de amar demasiado a sus personajes lo cierto es que John Updike también quiso mucho a los suyos. No solo le costaba despedirse de ellos, sino que a lo largo de una fértil carrera, puntual novedad cada doce meses celebró una y otra vez reencuentros para contarnos qué iba siendo de ellos. Junto a Updike (1932- 2009) seguimos a Harry Conejo Angstrom, asistimos a la boda y al divorcio de los Maple, salimos de gira una y otra vez con el catastrófico escritor judío Henry Bech, contemplamos la pará- S bola de David Kern (álter ego de Updike) y visitamos varias veces pueblos llamados Olinger y Tarbox. Ahora en lo que resultó ser su última ficción publicada en vida llega el momento de reencontrarnos con Alexandra Spotford, Jane Smart y Sukie Rougemont, Las brujas de Eastwick, que Updike nos presentó en su best seller de 1984 y con el que pretendía agradar a las feministas, que lo acusaban de ser un misógino falo que escribe. El trío de hechizadas al borde de un ataque de nervios, por el camino, padeció el maleficio de una pésima adaptación ci- Trío de hechizadas nematográfica protagonizada por Cher, Michelle Pfeiffer, Susan Sarandon y las cejas y sonrisa de Jack Nicholson A medida que se suceden las escenas de esta vulgar e incoherente fantasía, cuanto menos se parece a mi libro, mejor me siento comentó Updike) y ahora regresa volando. En avión. Las tres con unos cuantos años más encima, sin por eso dejar de poner en evidencia lo portentoso que era ese Merlín que las invocó. Y, también, lo raro que podía llegar a ser este realista- naturalista que continuamente se arriesgó y ganar con novelas histórico- privadas como Memorias de la Administración Ford y La belleza de los lirios; la