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Realidad incontenida La poliédrica naturaleza del Realismo pictórico, que desborda los márgenes del siglo XIX, es analizada por una ambiciosa muestra en el MNAC de Barcelona Por Delfín Rodríguez SÁBADO, 30 DE ABRIL DE 2011 abc. es ABC cultural 25 normemente ambiciosa, fascinante y también polémica se ofrece esta exposición sobre el Realismo ya desde su título. Y es que se trata, a la vez, del Realismo del siglo XIX y de los supuestos de antes y después, lo que constituye una forma de cautela historiográfica y crítica ante las dudas que el propio término suscitó en su época y aún suscita, asunto no especialmente llamativo si pensamos en otros como el barroco, el del manierismo, clasicismo, romanticismo... Así, por un lado, se identifica con precisión el Realismo en su acepción moderna, propia del siglo XIX, centrada en la figura excepcional de Gustave Courbet (1819- 1877) del que se exponen diecisiete obras, algunas muy significativas, y, al tiempo, el término y la exposición se abren, no sin cierta incomodidad conceptual e histórica, a otros momentos históricos e influencias diversas. En primer lugar, al llamado realismo de la pintura del XVII, especialmente en Rembrandt, Velázquez, Ribera o Murillo, artistas que interesaron a los realistas por excelencia del siglo XIX, aunque en justicia sabemos que aquellos maestros del pasado algunos expuestos no fueron nunca tales realistas, por mucho que su técnica pudiera inducirnos a considerarlos así: tras su naturalismo siempre hubo una intención moral, retórica, emocional, alegórica o simbólica, es decir, un tema, un asunto que demandaba trascen- E dencia. Lo que fue negado por Courbet o Flaubert, al que se menciona poco como escritor realista, mucho más próximo al pintor que el mismísimo Balzac, tan inapropiadamente citado siempre al respecto. Y es que el Flaubert de Madame Bovary y el de las cartas a Louise Colet ambas de los años centrales del Realismo de Courbet son decisivas para entender este ismo moderno, sin tema, solo pendiente de la vida, antirromántico y anticlásico, ensimismado en ser moderno, en las palabras y en la pintura, autónomas ya de la alegoría o de la literatura, de la moral o la Historia. Pero también es cierto que el Realismo de Courbet y del XIX está considerado como origen mismo de la modernidad y de la vanguardia, frente a algunas exposiciones de los años ochenta que intentaron negar esa genealogía, diluyéndolo en un discurso antimoderno, como pusieron en evidencia hace años Charles Rosen y Henri Zerner. Lo que no es el caso de esta muestra, de ahí que pueda ser Tàpies el que la cierre simbólicamente. Porque esa es otra cuestión decisiva de esta brillante y polémica propuesta: la de la existencia de un Realismo catalán, antirromántico y moderno, centrado en la obra del extraordinario, influyente y desigual Ramón Martí Alsina (1826- 1894) del que se exponen tantas obras como las de Courbet. Son ambos los protagonistas centrales del discurso en la exposición y en los textos, como en parangón tal vez no del todo justo, sin desdeñar el papel decisivo del español en la construcción de una modernidad realista en Cataluña, a la que el pintor se incorporó tarde y abandonó pronto, dejando sin embargo una estela de influencia en pintores que, en ciertos momentos de su trayectoria, acusaron también la de los realismos de Courbet y de Alsina, como ocurre en los casos de Benet Mercadé (1821- 1897) Antoni Caba (1839- 1907) o Simó Gómez (1845- 1880) este último, extraordinario, aunque su prematura muerte nos privara de un pintor magnífico, formado en París entre 1863 y 1865 en el estudio con Cabanel y Couture, tan alejados, sin embargo, del realismo del primero, cuya pintura debió conocer en esos años. Menos apropiada parece la presencia de Pere Borrell del Caso (1835- 1910) con su trampantojo Huyendo de la crítica (1874) relectura del género cultivado por los pintores del XVII español como Murillo, expuesto aquí en su célebre Autorretrato de 1670- 1673. Presencia que sólo confirmaría el interés de estos artistas por la pintura naturalista del Seiscientos, pero no por el Realismo entendido a la manera de Courbet, Flaubert, Champfleury, Manet, Carolus- Duran, Millet y Corot, entre otros. La incorporación de Alsina al Realismo fue tardía, y su conocimiento de la obra de Courbet no está confirmado, aunque en sus viajes a París, entre 1855 y 1882, así como algunas de sus obras permiten intuirlo. Es más, algunas de los setenta y ochenta se pueden adscribir sin dificultad al realismo de aquel, como ocurre con Mujer desnuda de espaladas (1878- 1882) El sueño (1870) o La siesta (1884) su obra más célebre y pertinentemente puesta en relación con otras del francés como La hilandera dormida (1853) lo que también sucede con otras suyas, como La fuente (1868) o El sueño (1866) esta última, encargo del diplomático turco en París Khalil- Bey, propietario del muy secreto Origen del mundo (1866) un desnudo sin rostro, ni mitológico ni literario, sin historias memorables, sin tema, como quería el Realismo, y que en la exposición deja su rastro tanto en un dibujo de Alsina de 1870, como en Piernas (2010) de Tàpies. Centrada en la figura y en sus composiciones, dejando al margen conscientemente los paisajes, la muestra se articula en torno a cinco argumentos (retratos y autorretratos, arte cotidiano, desnudos, así como realismos expandidos) en los que conviven pinturas del siglo XVII, realistas franceses y catalanes, pintores como Tápies, dibujos, estampas y fotos (magníficas las de Antoni Esplugas) tal vez por su supuesta objetividad realista. Una exposición para pensar y disfrutar, lo que es mucho. REALISMO (S) LA HUELLA DE COURBET COLECTIVA MNAC. Barcelona. Sin histerias, ni historias Una comparación incómoda Sobre estas líneas, El desesperado y El sueño también llamado Las dos amigas o Pereza y lujuria de Courbet. En la otra página, Huyendo de la crítica de Pere Borrell del Caso Parque de Montjuïc, s n. Comisarios: Cristina Mendoza, Mercè Doñate, Francesc Quílez y Elena Llorens. Catálogo: 25 euros. Http: www. mnac. cat. Hasta el 10 de julio