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Jean Rhys, divino infierno Si la existencia de todo autor da para un libro, la de Rhys dio para muchos. Una vida sin ti rescata la obra de esta dama vagabunda que bajó al infierno y tocó el cielo Por Rodrigo Fresán SÁBADO, 30 DE ABRIL DE 2011 abc. es ABC cultural 11 l final de su autobiografía inconclusa leemos: El infierno de los que buscan, luchan, se rebelan. El cielo de los que no pueden pensar o evitar el pensamiento, de los que carecen de imaginación... Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa Bienvenidos al divino infierno de Jean Rhys (Dominica, 1890) mujer única y escritora distinta que vivía la vida privada para, enseguida, convertirla en obra personal. Una de esas vidas de novela. O, mejor dicho, de novelas. Porque lo reunido en el acontecimiento editorial que es Mi vida sin ti constituye uno de esos extraños casos en los que la ficción no solo se nutre de la realidad, sino que, además, acaba anticipándola. Ficciones donde Rhys futurista a su manera se las arregla para recordar algo que no le ha sucedido aún pero que le sucederá. Así, hay que leer Viaje a la oscuridad (1934) Cuarteto (publicado en 1929 con el sugerente título de Posturas) Después de dejar a Mr. Mackenzie (1931) y Buenos días, medianoche (1939) ensamblándose como una gran novela de la que se desprenden variaciones sobre el aria rara de una dama vagabunda nacida Ella Gwendolene Reese Williams. Alguien que a los 16 años viaja a Inglaterra a estudiar en la Royal Academy of Dramatic Art. Y se convierte en leyenda nómada, extraviada y secreta. Posa desnuda, recorre Europa, se casa tres veces (uno de sus mari- A dos fue espía y compositor de canciones) es madre de un hijo muerto, trabaja en cantinas de soldados durante la Primera Guerra Mundial y llega al festivo París de los años 20, donde es amante de su descubridor Ford Madox Ford (Cuarteto es un devastador roman à clef que narra la perversa relación de Rhys con los Ford) Pasa hambre, se hace alcohólica, fracasa en el suicidio, acaba en prisión y la dama desaparece su rastro se borra en 1940, creyéndosela muerta. En 1956, la BBC pone el siguiente aviso: Solicitamos a Jean Rhys o a cualquiera que la conozca, por favor, ponerse en contacto con la BBC para discutir adaptación de Buenos días, medianoche Y la dama reaparece viviendo casi como una reclusa en Cornwall Rhys vuelve a brillar como nunca. Publica en 1966 Ancho mar de los sargazos, gana el Royal Society of Literature Award y el W. H. Smith Award y se la considera y se la sigue considerando una de las grandes novelas del siglo XX. Redescubierta, las feministas no tardan en reclamarla para sus filas. Pero es una etiqueta tan fácil como inexacta y limitada. Mejor pensemos en Jean Rhys fallecida en Inglaterra en 1979, un año después de ser condecorada Comandante del Imperio Británico como en una mujer moderna. Entonces, ahora y siempre. Hasta ahí, una vida difícil de abreviar. Y, desde ahí, su obra. Y sus heroínas perdedoras, sus ángeles caídos o, mejor dicho, cayendo. Y nunca tocando fondo. Cuatro muy adelantadas lunáticas lunas llenas previas a su eclipse de décadas. Incomprendidas en su momento y que criaturas singularísimas, extranjeras profesionales en un extranjero sin límites ni fronteras solo pueden inscribirse junto a las de otras autoras sui géneris. Firmas como Emily Brontë, Isak Dinesen, Djuna Barnes, Jane Bowles, Silvina Ocampo, Clarice Lispector y, más cerca, Joan Didion, Lydia Davis, Deborah Eisenberg, Amy Hempel y Mary Gaitskill, para quienes lo hembra es nada más que otro modo de mostrar y demostrar lo alien. Justo antes de morir, Rhys confesaba estar cansada de mi striptease mental; pero eso significaría romper todo lo que he escrito Y, sí, Anne Morgan, Marya Zelli, Julia Martin y Sophia Jansen velados álter egos y transparentes sombras de Rhys suben y bajan, apátridas, por lo que Rhys consideraba su tema: La tristeza del amor, no confundir con las tristezas del amor en oposición a una anestesiada supuesta vida feliz en la que ya no te importa si vives o mueres En Rhys, la tristeza del amor está muy lejos de los anhelos y penurias románticas. Para Rhys abandonada en serie, abandonadora compulsiva la tristeza del amor es el desastroso combustible que pone en marcha los motores de una catástrofe más existencialista que sentimental. Y todo con una prosa agridulce. En trance pero precisa, deambulante pero firme, sencilla savant pero calculada cuidadosamente, sórdida pero delicada, cínica a la vez que emotiva al retratar transacciones físicas y juegos mentales. Cerrado el ciclo que comprende Mi vida sin ti, a Rhys, renacida, solo le quedó vampirizar a una loca ajena pero cercana y, de paso, inventar la ahora tan de moda abducción de clásicos: en Ancho mar de los sargazos Rhys se puso en la piel de Antoinnette Conway, alias Berta Mason, la esposa demente confinada al ático del señor Rochester en Jane Eyre. Y antes de que estallen las llamas del adiós, Rhys le hace justicia a esa mujer caribeña como ella, otra náufraga maltratada por los hombres lo que puede admirarse como una revancha insuperable y un plan perfecto. Aquello a lo que siempre aspira y nunca consigue del todo Joyce Carol Oates. A saber: si en sus libros anteriores Rhys llevaba ciertas pulsiones del gótico decimonónico a lo doméstico, íntimo y contemporáneo, aquí regresaba a una de las borrascosas cumbres de la especie para domesticarla. Jean Rhys aunque puede argumentarse que ya la había concluido en estas cuatro mentiras tan verdaderas, tan solamente suyas murió sin cerrar su autobiografía. Entonces, los editores bautizaron a ese último y póstumo recuento de su ayer con el cálido Una sonrisa, por favor, ignorando el más gráfico título que tenía pensado su autora: Y las paredes se vinieron abajo. Pues eso. Y no hace falta agregar nada más, pienso. UNA VIDA SIN TI JEAN RHYS Traducción de Las llamas del adiós Extranjeras profesionales Ford Madox Ford (en la imagen superior) además de amante, fue el descubridor de Jean Rhys (a la izquierda) cuya novela Ancho mar de los sargazos de 1966, está considerada la precuela de Jane Eyre (1847) de Charlotte Brontë Catalina Martínez Muñoz. Lumen. Barcelona, 2011. 348 páginas, 23,90 euros