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Opinión 08 a de Javier Marías es una prosa al galope. Lo prueba, una vez más, en Los enamoramientos (Alfaguara, 2011) Marías es un escritor, un prosista, un novelista que necesita que sus libros y novelas sean leídos con un alto grado de complicidad (lectora, se entiende) Su escritura, siempre al galope y de frase larga, no permite al lector detenerse en una esquina cualquiera a tomarse un refresco para luego continuar la carrera. Los enamoramientos es una cábala detrás de otra, porque un gorrilla (que ha acuchillado a uno de los personajes antes incluso de empezar la novela: el asesinato es una nota de prensa, un simple suceso de la crónica roja de Madrid) ha matado a un señor bien en una zona segura de la capital del país. Narrada por la voz de una mujer, su protagonista principal, la editora a su pesar María Dolz (a quien, a veces, me ha parecido reconocer; otras veces, he tenido la sensación de que estaba hablando sólo conmigo) la novela de Marías es también el eco del eco de otras voces que se imagina (piensa) la protagonista esencial, que relata una tras otra (y las desgrana) las hipótesis del crimen. Un crimen donde el criminal es lo menos importante, no hay nada de novela negra en esta prosa al galope donde nunca se desboca un caballo ni ningún personaje ni episodio van más allá de donde los ha destinado el novelista. a duda, la traición, la envidia, el crimen; el enigma, la intención real del crimen, la reflexión (monólogo interior o diálogo imaginario) de la protagonista en la narración, los perfiles de los protagonistas, las descripciones (demoradas a veces hasta la misma escultura de los personajes) delatan (descubren) un oficio de corredor de fondo que en Marías ya tiene una larga tradición. Los enamoramientos lleva a la misma narración una novela corta de Balzac con la que Marías juega: por mucho que alguien haya amado y lo hayan amado, una vez cumplido el ciclo del enamoramiento, su desaparición como personaje es un hecho sin vuelta atrás. Cuando a alguien se le da por muerto o desaparecido un largo tiempo, ya no puede volver a la misma realidad que abandonó: las cosas y las personas son otras y él, el desaparecido aparecido de nuevo, no es más que un fantasma inoportuno. Ahí está la vaina. Me ha gustado mucho leer esta novela, leer su dedicatoria personal (a veces me daba la impresión de que Marías me estaba contando a mí la novela, yo con un Edmundo en los labios y en silencio y él hablando con su cigarrillo en la mano, los dos jugando cada uno con un vaso de whisky) Al fin y al cabo, me he reconocido un par de veces en la literatura de Marías (en uno de sus relatos soy un L A LA INTEMPERIE J. J. ARMAS MARCELO UNA PROSA AL GALOPE Es muy gratificante seguir la carrera de la prosa de Javier Marías: el lector libera endorfinas intelectuales y termina por perder grasa superflua, tan común, y por verse más estilizado al final de la escapada L T putero hasta Mainer se hizo cargo y en una de sus novelas mis apellidos están en dos de las tumbas de un cementerio lleno de vivos) y eso, y algunas cosas nuevas, me acercan más al autor de esta prosa galopante, que arrolla e hipnotiza a quien haga el esfuerzo de seguirla con el interés de un lector acostumbrado a la gimnasia cotidiana de leer. No, no es fácil leer a Marías, pero es muy gratificante seguir esa carrera de su prosa: el lector libera endorfinas intelectuales y termina por perder grasa superflua, tan común, y por verse más estilizado al final de la escapada. Recomiendo vivamente la lectura de esta novela última de Marías porque, además, me parece el maduro compendio de las virtudes de un prosista siempre al galope de su propia escritura. Tuve entuertos y diferencias amistosas con Marías durante largo tiempo. Como en Los duelistas, todavía no sé exactamente dónde estuvo la etiología de esa enfermedad que luego otros atizaron: cómo se enfervoriza la masa cuando ve que dos combatientes se fajan en el terreno de la lucha. Tengo envidia de Marías cuando escribe sobre su padre con motivo de su cumpleaños o de su muerte; cuando lo cita en las novelas, cuando lo rememora en frases o en leves anécdotas que para él, y con razón, son episodios trascendentales. Cuando publicó uno de esos artículos sobre el viejo filósofo estuve a punto de enviarle una nota, felicitándolo, pero no lo hice por prurito de combatiente, y me equivoqué. Luego nos hemos dado cuenta de que poco a poco las distancias se han roto, para pavor y asombro de quienes pasan muchas veces por sus amigos y por los míos. engo para mí que ahora somos amigos, aunque no todavía confidentes de nada. Tal vez compartamos algunos puntos de vista que nunca estuvieron tan lejanos como nos creímos o nos hicieron ver, pero en todo caso el verdadero acercamiento por mi parte se produjo cuando empecé a leerlo a fondo y supe, por fin, que había encontrado un amigo. Supe tal cosa por uno de nuestros vicios comunes, el caballero del sur William Faulkner, señor de la literatura, que nos enseñó entre otras cosas que los verdaderos amigos de los escritores son sus lectores. De modo que, a este tenor, creo que Marías va a ganar con Los enamoramientos muchos amigos a través de su lectura. Recuerdo muy bien que, en una reunión de escritores en Santillana del Mar, vimos juntos un partido internacional de fútbol, Italia- Francia. Ante el susto de otros muchos autores, Marías me preguntó amistoso: Juancho, ¿tú con quién vas? Con Francia, Javier, con Francia, ¿y tú? le dije. Se sonrió con levedad y me contestó: Con Italia, con Italia ¡Están hablando, están hablándose! escuché detrás de mí. Una vez más nos unían unos duelistas contrarios, como si la vida repitiera la literatura: como si todo estuviera predeterminado por la literatura. En pequeñas dosis Libertad para Ai Weiwei Puede que no sirva de mucho, pero aquí vamos a estar dando la matraca semana tras semana. La desaparición, detención, de Ai Weiwei, y de otros críticos con el régimen chino, no hay por dónde cogerla sin que te pinches El descaro de la dictadura Un buen día el artista (cotizado como el que más) dice que se va a Berlín. Al día siguiente missing y como si nada. Nadie que dé una explicación y el resto habla con cuentagotas, no sea que les hagan desaparecer El misterio de una sonrisa La Mona Lisa tiene nombre y apellidos, y hasta restos mortales. Nos lo han hecho saber estos días, pero nosotros siempre hemos preferido el misterio de una mujer sin más pasado ni presente que una media sonrisa