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Cine 46 ABC cultural den contenido y rocoso) un policía corrupto de la aduana del puerto de Nueva York que se revela como un incansable sabueso. Para asesinar al torvo Alfredi (Raf Vallone) después de una intentona fallida, Castor probará todas las añagazas posibles: desde la seducción inescrupulosa de su secretaria Michèle (Claudine Auger) hasta el secuestro de su hija Tania (la dulce y aniñada Olivia Hussey, inolvidable Julieta de Franco Zeffirelli) a la que retiene en una suerte de casa flotante, en mitad del lago de Entrepeñas, para fingir después el cobro de un rescate que le permita tener un encuentro con Alfredi, siempre escoltado por sus esbirros, y matarlo. SÁBADO, 26 DE MARZO DE 2011 abc. es Un verano para matar La carrera de Antonio Isasi- Isasmendi fue poco dilatada, pero consiguió ser el director español más cercano al estilo del Hollywood de su época LOS TESOROS DE LA CRIPTA ¿Q ué le restaba a Antonio IsasiIsasmendi por hacer, tras dirigir una película tan pluscuamperfecta como Las Vegas 500 millones? Eran los años finales de los sesenta en que España se había convertido en plató internacional, a lomos de la emergencia del cine popular italiano. Directores como Rafael Romero Marchent, León Klimovsky, José María Elorrieta, Tulio Demicheli o Eugenio Martín, aproximadamente de la misma generación que Isasi, nutren con su talento desprejuiciado y estajanovista esa demanda voraz, que hasta mediados de los setenta abarcará todos los géneros y subgéneros por entonces en boga spaghetti western, giallo, poliziottesco, terror, etcétera antes de que el cine nacional entre en un colapso del que ya nunca se repondría. Sin embargo, en aquellos años de actividad frenética, Isasi no engrosará apenas su filmografía como director: el éxito internacional de Las Vegas 500 millones lo ha animado a insistir en un cine de factura hollywoodense sobre el que aspira a ejercer control en todas sus fases de producción; y, además, acaba de erigir a las afueras de Barcelona sus propios estudios, que pronto, desgraciadamente, tendrá que alquilar como plató televisivo, acuciado por la crisis de la industria. Isasi es un cineasta concienzudo y exhaustivo que gusta de dedicar a sus películas hasta tres y cuatro años de trabajo; y el listón de excelencia que a sí mismo se había impuesto, tras la apabullante Las Vegas 500 millones, exigía cuidar en extremo su regreso a las pantallas. Tan larga espera merecerá, sin embargo, la pena, porque Un verano para matar (1972) que vuelve a aceptar las convenciones del cine americano entonces en boga (en esta ocasión, el subgénero de vengadores solitarios es también un prodigio de arquitectura cinematográfica, de trepidación y sabiduría narrativa, de virtuosismo en el montaje. En Un verano para matar se nos relata la peripecia de Castor (un Chris Mitchum cuyas limitaciones interpretativas benefician la naturaleza ambivalente de su personaje) un joven motero que, allá en la infancia, presenció el asesinato de su padre, resultado de un ajuste de cuentas entre mafiosos. Su madre se ha preocupado de inculcarle un afán de venganza que Castor ejecuta implacablemente, persiguiendo a los asesinos de su padre hasta los lugares más diversos del atlas; entretanto, los mafiosos que están siendo diezmados contratan a Kiley (un Karl Mal- Una venganza implacable Arriba, a la izquierda, los tres protagonistas de Un verano para matar Christopher Mitchum, Karl Malden y Olivia Hussey. Sobre estas líneas, el director, Antonio Isasi- Isasmendi, y el cartel de la película La trama de Un verano para matar, expuesta someramente, no se distingue de decenas o centenares de rutinarios bodrios setenteros. Pero Isasi cuenta como en Las Vegas 500 millones con un guión pulido hasta el más mínimo detalle, lleno de giros insospechados y secuencias de creciente tensión; y cuenta, sobre todo, con una magia irrepetible para la captación de las ambigüedades y contradicciones humanas. Aquí tal magia se vuelve perturbadora cuando comprobamos que Kiley, el rocoso y corrupto preso de presa, esconde en los repliegues y resquebrajaduras de su alma un depósito de nobleza intacta; y, sobre todo, cuando descubrimos que Castor, el asesino frío y desapasionado que no duda en fingirse un muchacho cándido para seducir a la secretaria de Alfredi se revela verdaderamente cándido cuando se enamora de la secuestrada Tania... que, a su vez, se rendirá a la desarmante ingenuidad de su captor. Nunca el llamado síndrome de Estocolmo se había expuesto con una habilidad tan liviana, tan delicada, tan invisiblemente conmovedora; y esta misma habilidad, que mezcla en sugestivo cóctel un tono idílico y a la vez acechado por la turbiedad, brinda a Un verano para matar su peculiar atmósfera de incertidumbre moral, que por momentos roza lo sublime. La química que se entabla entre Chris Mitchum y Olivia Hussey propicia momentos de un romanticismo limpio, nunca empalagoso; las secuencias de persecuciones que trufan la película (utilizando con igual pericia los paisajes fluviales del Maresme y las obras de la M- 30, entonces en construcción) vuelven a probar que Isasi tiene un sentido de la acción descomunal; y la música de Luis Bacalov, grácil y pegadiza (cuyo tema principal, por cierto, recuperaría la urraca Tarantino en Kill Bill) contribuye a crear ese clima, mixto de encantamiento y desazón, que mantiene en vilo la película, de principio a fin. Y es que Antonio Isasi- Isasmendi, que tiene el don de la eficacia narrativa y un sentido felino del montaje, posee también una capacidad sugeridora fuera de lo común. Sólo podemos reprocharle que su filmografía no haya sido más copiosa; a quienes lo impidieron o dificultaron habría que darles matarile, como a los mafiosos de esta grandiosa Un verano para matar. JUAN MANUEL DE PRADA UN VERANO PARA MATAR. ANTONIO ISASI- ISASMENDI. PROTAGONIZADA POR CHRISTOPHER MITCHUM. ESPAÑA FRANCIA ITALIA, 1973 Sublime incertidumbre