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Arte 32 E lartedebería ser independiente de todo artificio: debería mantenerse aislado y apelar al sentido artístico de la vista o el oído, sin confundir esto con emociones ajenas a él. Por ello insisto en llamar a mis obras composiciones o armonías Estas palabras de Whistler traducían una postura intelectual que hoy nos resulta lógica, pero que no lo era tanto cuando el pintor norteamericano realizó obras como Nocturne in Black and Gold, the Falling Rocket. Aquel cuadro (del Detroit Institute of Arts) se considera uno de los precursores del movimiento abstracto porque, en plena etapa impresionista, daba más énfasis a la sensación visual que a la representación del paisaje, y lo hacía inspirándose en fuegos artificiales. La obra de Whistler fue concebida veinte años antes de que el cine se inaugurase oficialmente como espectáculo en París en 1895. Desde entonces, las características de la imagen en movimiento se han venido extendiendo a las artes plásticas con renovadores efectos, juegos de proyección, dinámi- MIRAR SIN QUEMARSE Fondos de la colección del Pompidou configuran en la LABoral, de Gijón, Las noches eléctricas Esta muestra recorre la fascinación de la imagen por el fuego la imponente carga arquitectónica de LABoral dialogue directamente con las obras, sin intermediarios. En esta ocasión, lo hacen apostando por el montaje en vertical, que obliga a los espectadores a mirar al cielo La propuesta se nutre de 40 obras de 26 autores de distintas generaciones (y algunas películas anónimas de hace un siglo) unidos por reflexiones sobre la creatividad, la movilidad y, por supuesto, la obsesión por el fuego. En la entrada, dos estampas de los franceses Israël Silvestre y Jean Le Pautre fechadas en 1664 hacen un guiño al pasado y a esa añeja capacidad de los clásicos para captar el carácter evanescente de los fuegos de artificio; se trata de reproducciones modernas, provenientes del departamento de calcografía del Louvre y realizadas a partir de placas antiguas que desvelan cuerpos que se desvanecen y figuras que imitan tormentas, erupciones o incendios. Hay también fotos de conocidas firmas de las vanguardias (Brancusi, Kertész, Moholy- Nagy, Dora Maar) en composiciones de carácter floral, más allá de la luz entendida únicamente El guiño al pasado cas narrativas y otros estímulos. Pirotecnia visual En 2006, el proyecto Le mouvement des images, que PhilippeAlain Michaud concibió para el Pompidou, analizaba esas influencias del cine sobre las artes de carácter estático. El mismo comisario parte de principios similares en Noches eléctricas, que usa como arquetipo los espectáculos de artificio visual, como dis- positivos de luz efímera, intermitente y discontinua. La muestra toma su título de una película realizada en 1928 por Eugène Deslaw, en la que el cineasta ucraniano escenificaba la iluminación nocturna, los letreros de neón y los escaparates de París, Berlín y Praga a modo de pirotecnia. Así, las Noches eléctricas de Gijón se han transmutado en un espectáculo para la contemplación directa, sin demasiado trasfondo teórico, ni conceptual, con películas experimentales, científicas, fotografías, grabados antiguos e instalaciones. El resultado es un conjunto de persuasiones estéticas correctamente encajadas en este centro asturiano donde su comisario- jefe, Benjamin Weil, ha querido mantener la línea abierta en la anterior exposición (Pasajes, con fondos de la Colección Thyssen- Bornemisza Art Contemporary) y evitar otra vez el exceso de decorados efímeros, para que