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Arte 30 ALLEGRO MA NON TROPPO GABRIEL ALBIAC MUNDO EN LEICA e diría un chagall. Y es Washington Square. Nueva York, años cincuenta: líneas negras que cortan la nieve a tiralíneas, y que fotografía la geométrica pureza blanca y negra de la Leica. Desde 1928, esa Leica ha sido el filtro a través del cual André Kertész construye su mundo en el mundo. Cuarenta años han pasado desde su primera IcaPlatten. Con ella, un chaval de dieciocho años aprendía, en el Budapest judío de 1912, a ver el mundo, ese juego de algebraica luz y sombra al cual nuestro ojo y nuestra mente llaman mundo: frágiles equilibrios de belleza en el desorden. Y, al fijarlo sub specie aeternitatis, arrebata en cada foto un átomo de realidad eterna al flujo devorador del río heraclíteo. Europa no había aún naufragado. Estaba a punto. Y, asombrosamente, el chaval habrá aprendido a construir esa armónica realidad del mundo como un teorema, en medio del mayor desorden que el mundo ha conocido. La Gran Guerra del 14 destruyó todas las ilusiones de perennidad sabia con las cuales Europa acunó su adormecerse de final del siglo XIX. Las lámparas del Titánic tintinearon, de pronto. Nadie había podido aguardar aquello. Pero era, de eso no cupo duda, el naufragio. La fangosa geometría de las trincheras se tragó el viejo mundo, su arte de vivir y soñar, sus fantasías. Rudyard Kipling habría de dar la más horrible narración de aquella pesadilla de un suelo que se enlosa con cadáveres. Lo asombroso en las fotos del joven Kertész de esos años es que también en las trincheras en las cuales juega su vida y la ve naufragar en barro, el fotógrafo sigue tallando sus arquetipos: impecables, ajenos al tiempo. Porque en una trinchera cabe el mundo: la letrina, como el violoncelo. Kertész mira y lo sabe. Lo sabe Wittgenstein, que en el caos anota la prolija tela de araña del libro más ordenado y frío que dará a luz el siglo. Filósofo como fotógrafo saben que solo esa glacial constancia les salvará la vida. Emoción y verdad solo se cruzan en la tragedia. S SALIRSE DEL GUIÓN El postcolonialismo es analizado desde diferentes perspectivas en el trabajo del colectivo The Otolith Group, ahora en el MACBA de Barcelona Historia no se puede leer como una casualidad de hechos, y debe cuestionarse. Por eso Otolith lanza una avalancha de datos, acontecimientos y actores que resulta inimaginable poner en relación y que muestra el propio movimiento del pensamiento, otra forma posible de aprehensión del significado. De ahí que sorprenda la disposición de la muestra, realizada en gran parte en orden cronológico, en aparente contradicción con el método citado. Y si bien los trabajos se insertan en el contexto de los ya realizados sobre otros modos de relación entre imagen, sonido y narración, el colectivo añade una interesantísima propuesta. La posibilidad de leer los acontecimientos a partir del futuro, es decir, desde la imaginación y la ficción. En este sentido, muchas de sus películas, como Otolith III e Hydra Decapita, avanzan en La forma del pensamiento y en uno de sus últimos objeto de estudio: la diferencia epistemológica entre la forma de acceder al pasado y al futuro. Aventurando sobre esto último a través de la ciencia- ficción Desde el futuro l colectivo artístico formado por Anjalika Sagar y Kodwo Eshun, The Otolith Group, presenta en el MACBA un gran número de sus trabajos desde 2001, año de su fundación, hasta hoy. La muestra recorre el creciente interés y desarrollo que ha generado la investigación sobre el pensamiento en la última dé- E cada, al que Otolith añade su propia forma, el estudio de la imagen, y su método, el ensayo fílmico. La labor del colectivo se basa en la manipulación de las imágenes y la manera en que estas pueden generar otras formas de pensar, lo que consiguen gracias a la superposición de sonidos, textos e imágenes en temporalidades diversas. Desde las primeras obras, queda al descubierto la forma- ción de los artistas: la antropología visual y la crítica literaria. Y, con ello, la necesidad de que los discursos se desplacen de una disciplina a otra. De este desplazamiento surge uno de los ejes vertebradores de la exposición: mostrar la imposibilidad de coherencia dentro de un texto y, además, hacerlo en textos documentales, imágenes ejemplares durante mucho tiempo de dicha coherencia. La