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Arte 28 INMATERIALES JOSÉ JIMÉNEZ LOS VELOS DE LA CARNE aravillosa exposición la que el Museo del Luxemburgo, en París, consagra al gran pintor renacentista alemán Lucas Cranach. Hijo y padre de pintores, se le conoce con el apodo de el Viejo para distinguirlo de su hijo, llamado también Lucas, en este caso el Joven Cranach forma parte de una extraordinaria generación de artistas, entre los que destacan Hans Baldung Grien, Matthias Grünewald y, sobre todo, Durero, quien ejerció una importante influencia, tanto temática como estilística, sobre él. Aunque están también fuera de duda el fuerte carácter personal y la excepcional calidad de su obra. El comisario, Guido Messling, ha reunido 75 obras de Cranach y de otros artistas contemporáneos que nos restituyen una profunda visión de la época, en un montaje íntimo y nada grandilocuente que permite un magnífico diálogo del espectador con las piezas. Nacido en la Alta Franconia, en lo que es hoy una de las siete regiones administrativas del estado alemán de Baviera, Cranach inició su trayectoria como pintor en Viena, donde estuvo activo entre 1500 y 1504. Al año siguiente fue nombrado pintor oficial de la corte del Príncipe Elector de Sajonia, Federico el Sabio, quien se convertiría en su protector. Durante casi cincuenta años, estaría a su servicio y al de sus sucesores. En 1508, como recompensa a sus servicios, recibe como blasón la figura de una serpiente alada, que desde entonces utilizaría como firma. Tras la muerte en 1537 de su hijo Hans, modificaría la figura representando a partir de ese momento a la serpiente con las alas caídas. En más de un sentido, Lucas Cranach anticipa a Rubens. Recibió encargos de carácter diplomático de Federico el Sabio, y viajó por Europa, entre otros lugares, a Flandes, donde gobernaba Margarita de Austria, cuya corte reunía a destacados hombres de letras y artistas. Y también, de forma similar a lo que pasaría con Rubens, el éxito público y la demanda de sus obras lleva- M ron a Cranach a organizar su taller para poder dar respuesta a la misma. Su hijo Lucas lo dirigiría durante largo tiempo después de su muerte. La muestra permite apreciar la dignidad que Cranach se atribuía a sí mismo como pintor, tomando como punto de partida su Autorretrato de 1531. Las obras de carácter religioso destacan por su composición abigarrada, por la capacidad en la modulación de las escenas, así como por su intensidad cromática. Destacable es también la calidad de sus retratos, entre ellos, los de Federico el Sabio, Margarita de Austria, Philipp Melanchthon o Martin Lutero, que dan en su vivacidad todo un fresco de la época. Cranach llegaría a ser amigo de Lutero, e ilustraría su versión de la Biblia (1534) Viendo sus obras, se puede percibir en ellas la centralidad de la representación de la carne, del cuerpo humano. Aunque lo que más atrae a nuestra sensibilidad actual son sus representaciones de figuras femeninas, dotadas de una fuerza y energía especiales. Es impresionante el aliento erótico que fluye de las mismas. Incluso cuando se trata de exaltar la pureza y la fidelidad matrimonial, como en el caso de Lucrecia; el desnudo entre las pieles, el cuello y el pecho descubiertos con joyas, y la mano que sostiene el puñal nos sitúan en ese ámbito para el que Bataille acuñó la fórmula de las lágrimas de Eros Una dimensión fetichista aparece en el cuadro que representa a Venus desnuda pero con un sombrero, frente a un pequeño Amor, también desnudo. Adán y Eva (hacia 1510) La Ninfa de la fuente (1537) y, sobre todo, la Alegoría de la Justicia (1537) expresan la exaltación del cuerpo, especialmente el femenino, en una vertiente de acusada sensualidad. En las dos últimas pinturas mencionadas, auténticas obras maestras, Cranach juega con tenues veladuras superpuestas a la carne: el deseo nos induce a mirar, a ver a través. En una época de intenso rigorismo moral, este gran pintor de la carne mórbida da cuerpo y figura a la llama del deseo. Fresco de época Las alas de la serpiente El arte también debe ser militante El CA 2 M, en Móstoles, ARTIUM en Vitoria y MARCO en Vigo se reparten a Wilfredo Prieto, uno de los jóvenes artistas cubanos más aplaudidos ste es el año de máxima visibilidad de Wilfredo Prieto (Cuba, 1978) en España: lo comenzó con individual en Nogueras Blanchard, con quien compareció en ARCO, y continúa a hora en el CA 2 M, ARTIUM y, BLOG: HTTP: WWW. JOSEJIMENEZCUERPOYTIEMPO. BLOGSPOT. COM E en pocas semanas, en MARCO. El artista afronta las citas como prólogo a un ciclo que se verá en toda su extensión en 2012 en Detroit: Será una retrospectiva de media carrera, pese a lo joven que soy apunta Yo la concibo como una especie de paréntesis para plantearme todo lo realizado hasta ahora y ver cómo convive junto. Y lo que más me divierte es que voy a hacer realidad una pieza que ideé cuando tenía 9 años y que quiero desarrollar con un performance En Móstoles, no se puede hablar de retrospectiva. La mitad de las piezas se han producido para la ocasión.