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SÁBADO, 26 DE MARZO DE 2011 abc. es ABC cultural e trata de un recuerdo conocido, aunque un tanto desdibujado, con la excepción del significativo número de páginas que le dedicara en un magnífico ensayo Lynda Nead El desnudo femenino 1998) Y los recuerdos, ya lo escribió Benjamin, son siempre tumultuosos, desordenados, íntimos, autobiográficos, micro- políticos, pero sin la extraordinaria violencia y peligro de la memoria, poderosa diosa que todo lo recuerda, enemiga militante del olvido. Es curioso que ni el recuerdo, ni el olvido tengan imagen o figura femenina o masculina que los representen, al menos conocida. Sí lo tiene la memoria, Mnemosyne, siempre mujer, incluso Ninfa, al menos tal como la pintara Ghirlandaio en un fascinante fresco sobre el nacimiento de San Juan Bautista en Santa Maria Novella (Florencia, 1486- 1490) y estudiara Aby Warburg, tan presente ahora en Madrid. Ninfa cuya manía era la memoria y cuya figura había recuperado años antes del ensayo de Warburg nada menos que Wilhelm Jensen en su novela Gradiva (1903) disparatada y brillantemente estudiada por Freud en 1907 y consumida y continuada por los surrealistas y por Alain Robbe- Grillet (2006) Ya lo señaló Lacan al escribir que Freud, como buen arqueólogo, deja sus hallazgos en el lugar de la excavación, de tal modo que, aunque su tarea quede inacabada, nos permite descubrir lo que significan los objetos encontrados Así, la hermosa mujer que avanza (Ninfa de Ghirlandaio; Gradiva de Jensen; Mnemosyne de Warburg) tiene la manía de la memoria todopoderosa, cruel porque lo recuerda todo, aunque lo deje en su sitio, como Freud, tal vez para que siga inquietando, porque todo está en ella. Relieve neoático conservado en el Museo Chiaramonti del Vaticano, tengo una postal, regalo de la misma Gradiva, enviada desde las páginas de Jensen, a no ser que se tratase de un envío del propio Norbert Hanold, el arqueólogo alemán protagonista de la novela. También Francisco Jarauta, conociendo mi pasión compartida en tantas cosas, me envió hace años desde Italia una postal con la ninfa de Ghirlandaio. Es más, una reproducción a escala kitsch me miraba desde las paredes de un restaurante granadino no hace tanto. Cabe pensar que Eros exige filología, no simplemente simpatía con la aparición de lo amado, como escribiera Cacciari, que continúa: La musa exige memoria, una musa que en ningún nombre se aquieta porque su belleza, el viento, que la acompaña sin que de ningún lugar provenga, suscitan eros en alma bella, nostalgia por la patria como en tantas imágenes de esta exposición es posible reconocer, tal vez rememorar. No están ni el olvido, ni los recuerdos, posiblemente masculinos, aunque muchas veces, en forma de nostalgia, de melancolía o de espera, tengan forma de mujer, incluso como cuando son alegorías de las artes y las ciencias, de la poesía, la pintura o la arquitectura, también melancólicas y activas en otras ocasiones como heroínas. Y tal sucede en esta muestra, que viaja en extravío intencionado, como un Ulises sin patria, o definitivamente con una patria sin lugar, capaz de sobrevivir atado como todos, incluida Pené- S 27 lope, a los recuerdos, amontonando ruina sobre ruinas, significado sobre significado, imágenes de mujer sobre imágenes de mujer, activas, heroicas, crueles, violentas, magas, artistas, lectoras, madres. Ifigenias, circes, penélopes, medeas, atalantas, judits, ménades, místicas; en éxtasis, levitando, como Santa Teresa; mártires y cariátides; acorazadas, metálicas, armadas, crueles, astuta; amazonas, en soledad, ensimismadas en la lectura, entre otras muchas imágenes y figuras de la mujer, creadas por mujeres y por hombres, en una tensión iconográfica e histórica, artística y política, que se plantea con un eterno tejer y destejer la Historia, las artes y la vida, como en una imaginaria y utópica ciudad de las mujeres en expresión de Guillermo Solana, parafraseando la conocida obra de Christine de Pizan La ciudad de las damas (1405) iluminada a la manera de algunos manuscritos de los Diez Libros de Arquitectura, de Vitruvio, y cuya fuente debió ser Bocaccio y su fundacional De claris mulieribus (1362) Aunque es cierto que la ciudad de Pizan es distinta, presentado una afirmación de la identidad de la mujer, una arquitectura femenina, una construcción del mundo ajena a modelos masculinos, autorretrato de sí mismas, como tantas obras confirman en esta magnífica exposición. La Historia extravió la ciudad de las damas la aplastó, incluso cuando la primera fue revolucionaria, como si siempre hubiera estado condenada a ser tejida y destejida, como si Penélope solo pudiera ser alegoría de la soledad, de la espera, del recuerdo, de la melancolía. Y sabemos que no, que tejió y destejió su mismo destino como mujer. Mientras, entre grietas, artistas y mujeres luchaban por hacer presente la identidad femenina a lo largo de los siglos. Desde los años sesenta del siglo pasado, las cosas han cambiado notablemente, incluida la forma de hacer Historia e Historia del Arte, no solo de género, sino a la legitimación de su imaginario, tantas veces perdido o extraviado, en las imágenes artísticas del pasado. Recuperarlas es la tarea de esta intensa exposición llena de confrontaciones y tensiones. Más de cien obras, antiguas y modernas, ponen en escena una performance extraordinaria, en la que los recuerdos y la memoria parecen confrontarse política y artísticamente. No en balde y lo decía al comienzo podría recuperarse como una fecha clave el martes 10 de marzo de 1914, en cuya mañana, poco después de las diez, Mary Richardson, una mujer menuda y elegante, sufragista, golpeó con su paraguas el cristal que protegía la Venus del espejo, de Velázquez, en la National Gallery de Londres: ahí estaba el Gran Vidrio de Duchamp, antes de Duchamp. Es decir, como para sentir la imperiosa necesidad de reescribir la Historia y, por supuesto, también la del arte, la de la ciudad de las mujeres incluida la Ninfa de Ghirlandaio avanzando como Gradiva. HEROÍNAS COLECTIVA Museo Thyssen- Bornemisza. Madrid. Paseo del Prado, 8. Fundación Caja Madrid. Madrid. Plaza de San Martín, 1. Comisario: Guillermo Solana. Catálogo: 38 euros. Http: www. museothyssen. org Hasta el 5 de junio El eterno tejer y destejer Entre la filología y la memoria En la otra página, Leyendo (2010) de Anni Leppälä. Bajo estas líneas, Autorretrato con collar de espinas y colibrí (1940) de Frida Kahlo, y Santa Catalina (c. 1597) de Caravaggio. Arriba, Fem (2008) de Julia Fullerton- Batten Heroínas en el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid, echa por tierra el tópico de la mujer como sexo débil para rastrear en la Historia del Arte occidental sus imágenes más triunfantes, activas y poderosas Por Delfín Rodríguez