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Libros 20 COMUNICADOS DE LA TORTUGA CELESTE ANDRÉS IBÁÑEZ EL MAR DE LA ESCRITURA ás allá de la literatura, se extiende el mar de la escritura. La literatura es sólida. Se compone de formas, de géneros, de palabras, de frases, de estilos, de períodos históricos, y se concreta en libros, objetos sólidos también, que producen sombra, que pesan, que huelen. La escritura, por el contrario, es líquida, infinita, sin principio ni fin. Existe una historia de la literatura, pero jamás podrá existir una historia de la escritura, como no puede haber una historia de los sueños ni una historia de las nutrias ni una historia de la nieve. Ve a m o s e l e j e m p l o d e Tolkien. Su carrera literaria es relativamente sencilla. Después de regresar de la Primera Guerra Mundial, comenzó a escribir una obra llamada El silmarillion, que nunca llegó a publicar. En 1937 publicó El hobbit, un libro para niños, y en 19541955, El señor de los anillos, una trilogía perfectamente construida, escrita con el aire austero y lapidario de los clásicos. Después de su muerte apareció El silmarillion, que era en realidad una recopilación de textos, la primera de muchas por venir. Poco a poco fuimos descubriendo que en realidad Tolkien se había pasado casi toda su vida perdido en el mar de la escritura, escribiendo miles y miles de páginas acerca de un mundo imaginario llamado Arda. Fue su hijo Christopher Tolkien el encargado de ir sacando a la luz los interminables, gigantescos tomos de la Historia de la Tierra Media, doce en total, que recogen una de las grandes experiencias modernas de un abducido por el mar de la escritura. Otro ejemplo fascinante es el de Henry Darger, autor de una novela gigantesca, En el reino de lo irreal, situada en un planeta que da vueltas alrededor de la tierra y en el que se desarrollan horribles guerras de ejércitos de niños esclavos. El manuscrito original, mecanografiado a un espacio, tiene más de quince mil páginas (sic) Darger, nacido en 1892 y muerto en 1973, comenzó su novela en 1939. No sabemos exactamente cuándo la terminó, pero lo que parece claro es que la consideraba concluida y que por esa razón, preso de su locura y de la locura del mar de la escritura, se puso a escribir una segunda parte, descubierta recientemente, y que abarca unas ocho mil páginas más. Su título: Más aventuras de las hermanas Vivian en Chicago. Otro ejemplo que viene enseguida a la cabeza es el de Rafael Sánchez Ferlosio. ¿Abandonó realmente la narrativa, o simplemente se perdió en las aguas cálidas y tentadoras del mar de la escritura? Somos muchos los que creemos que su obra cumbre es El testimonio de Yarfoz, supuestamente parte de una obra mucho más extensa que se desarrolla en un mundo alternativo, la Crónica de las Guerras Barcialeas. Una de las leyendas de la literatura es esa inmensa historia de las guerras entre Grágidos y Atánidas que tanto desearíamos leer algún día, y que seguramente no existe. La familia Glass es mi último ejemplo. Y uno de los más sobrecogedores. Ya que el proceso creativo de J. D. Salinger va desde la intensa economía de los Nueve relatos, pasa por el año entero que dedicó a podar Zooey con William Shawn para adaptarlo a las exigencias de The New Yorker, y va hasta su última obra publicada, un texto extrañísimo titulado Seymour, una introducción, que podemos leer, si lo hacemos entre líneas, como la declaración de un autor que ya ha alcanzado la inmortalidad y toda la gloria que puede desear un hombre y se dispone a apartarse para siempre del mundo de la literatura para hundirse en el gozo anónimo e infinito del mar de la escritura. Sin podas, sin recortes, sin editors. Sin publicar nada, sin terminar nunca, hundiéndose en el olvido, pero libre, libre para siempre, dueño del mundo, del tiempo, del espacio, como un dios. M LA GUERRA DE CADA UNO LA BELLEZA Y EL DOLOR DE LA BATALLA Intensa economía PETER ENGLUND Traducción de Caterina Pascual Roca. Barcelona, 2011 762 páginas, 24 euros El mundo de Arda os combatientes de la Primera Guerra Mundial nos están abandonando: los últimos soldados de los ejércitos francés, alemán, italiano y austrohúngaro murieron en 2008, y el último norteamericano acaba de fallecer en febrero de este mismo año. Un marino británico de 110 años es el último superviviente de los más de sesenta y cinco millones de personas que participaron en un conflicto en el que murieron 9.750.103. El ocaso de la memoria directa de lo sucedido permite abrir las puertas a la explicación y la comprensión de la Primera Guerra Mundial como un acontecimiento que ha pasado al dominio de la Historia. Este tránsito del testimonio a la narración historiográfica aparece perfectamente representado en la obra de Peter Englund, que ha seleccionado 227 fragmentos de las memorias escritas por una veintena de personas supuestamente representativas de las distintas funciones y escenarios del conflicto. Vivieron la guerra en primera persona y en carne propia, aunque en ámbitos tan distintos como la trinchera o la oficina ministerial, el buque de guerra o el hospital de sangre, la retaguardia o el campo de prisioneros. Las actitudes personales oscilan entre el pacifismo y el ardor guerrero, entre el heroísmo y la compli- L cidad culposa en las masacres de civiles, pero en su mayoría se inscriben en esa vasta zona gris que va circulando de la apatía y la desesperanza a la conducta delictiva, y que en ocasiones se desvía por el despeñadero de la neurosis de guerra y la locura. La discutible apuesta del autor por poner en intriga memorias tan diversas, encuadrándolas en un discurso contex- COLECCIÓN ABC tualizador que no respeta la versión literal del testimonio son omitidos (por ejemplo, original, lleva a una confusión la guerra submarina, el esde límites: no vemos claramen- pionaje y el contraespionaje) te dónde termina la tarea del encontramos estremecedores narrador y dónde comienza testimonios de primera mano la evocación firmada por el del desastre de Gallipoli, de testigo presencial. Todo ello las innumerables batallas del sitúa la obra en una ambigua Isonzo, de la trituradora de tierra de nadie entre la anto- carne de Verdún o de la tumba logía memorialística y el popu- de barro del Somme. lar subgénero de la narración Entre la maraña de relatos anecdótica de episodios béli- se adivinan no sólo las penacos que ha hecho la fortuna lidades de la vida cotidiana de de autores como Dominique unos combatientes situados Lapierre y Larry Collins. en vanguardia de los aconteciEl resultado es una visión mientos, sino también circunscaleidoscópica, pero frag- tancias colectivas relevantes mentada e incompleta, de un de esa época, como el rápido conflicto de la magnitud de paso del frenesí patriótico a la la Gran Guerra, cuya comple- resignación fatalista respecto jidad lo hace refractario a los de una guerra que aparentaba discursos simno tener fin; las plistas y unícontradictorias VISIÓN vocos. A pesar CALEIDOSCÓPICA relaciones de de que algunos la organización PERO escenarios quemilitar con la INCOMPLETA dan apenas esmodernidad (la DEL PRIMER bozados (como medievalización CONFLICTO el conflicto en de la indumenMUNDIAL los Balcanes) o taria, la protec- En tierra de nadie