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Libros 12 VENTANAS DE PAPEL JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN EL POETA Y EL HISTRIÓN ¿Q ué fue de Evgueny Evtushenko? Con el título de Manzanas robadas (Visor) se publica una antología suya, en traducción indirecta de Javier Campos, que entremezcla los poemas sin atender a la cronología. Evtushenko le dio voz y rostro juvenil a una nueva Rusia, a un comunismo de rostro humano, el que surgía trabajosamente de los desmanes del estalinismo. En 1963 publicó en París su Autobiografía precoz, que ese mismo año apareció en español. La autobiografía de un poeta son sus poemas. El resto es solo comentario empieza. Y a continuación: Las ideas nuevas, los sentimientos nuevos que se encuentran en mis poemas existían en la sociedad soviética mucho antes de que comenzara yo a escribir. Cierto, no habían recibido aún forma poética. Pero si no hubiera sido yo, otros los habrían expresado Algo más y algo menos que un poeta es Evtusenko, quien en 1963 a los treinta años, tan famoso ya en Occidente como en su país señalaba el destino monótono a que parecía condenado: Los críticos me cubrían de lodo, el público me aplaudía Los poemas se daban a conocer en recitales multitudinarios; solo después, si resultaban eficaces, se publicaban. Poemas valientes, muchos de ellos. Por ejemplo Babi Yar cuyo título alude a un barranco de Kiev donde fueron asesinados millares de judíos. Evtushenko no se limita a condenar la barbarie nazi: Cuántos antisemitas se nombraron Unión del Pueblo Ruso. Qué vileza En los primeros sesenta muchos, dentro y fuera de Rusia, creyeron en la posibilidad de un comunismo no dogmático y democrático. Evtushenko encarnó esas ilusiones. Pronto fue un juguete roto, aunque siguiera con sus recitales multitudinarios, convertido ya más en un personaje de la farándula sus mayores éxitos los tuvo junto a Vittorio Gassman que en un verdadero poeta. Lo era, sin embargo. Y algo puede entreverse en esta antología, cuyos textos son como letras de hermosas canciones de las que desconocemos la música. TRANSICIÓN CASTIZA y la epopeya futbolística de la selección española, con Luis Aragonés a la cabeza y el oé, oé, oé como estribillo, en la Eurocopa de 2008. Las armas literarias que Rafael Reig exhibe provienen de una forma de actualización del costumbrismo con personajes que, en dimensión de caricatura, recitan los papeles de la farsa: doña Carlota y su rígido derechismo; el aristócrata corrupto metido a empresario en connivencia con quienes están instalados en los aledaños del Gobierno; la criada Rosario, que corrompe al señorito... Rafael Reig exhibe una notable capacidad para la imagen y es gracioso, de manera que lo que su novela tiene de Cuéntame cómo pasó se acaba cruzando con lo que comparte con Torrente (el personaje cinematográfico) A cada una de las secciones de ese costumbrismo le extrae alguna escena sabrosa, desarrollada con brillantez en agudas alegorías: el cáncer que corroe a doña Carlota se ve como invasión de la Cruzada; el diálogo entre Montovio y el marqués de Morcuera capta muy bien los giros machistas y las corruptelas de las cloacas; o la mejor escena, muy al comienzo de la novela, con esa aguda descripción de un Madrid de dos orillas, la rive gauche y la rive droite, divididas por La Castellana. Lo que comienza así termina, sin embargo, pagando un tributo innecesario a la brillantez, al convertirse en novela acumulativa de anécdotas, exuberante de gracias, sin apenas tensión. Eso motiva que cuando llega el lector a su mitad, le ocurre lo mismo que a quien en una tertulia está oyendo contar chiste tras chiste: la risa inicial ante lo brillante queda amortiguada. Quizá el lector sienta el deseo de advertirle al narrador que tiene una historia que contar, que ha comenzado con ella y que, incomprensiblemente, la va dejando morir entre los brazos. Dadas las dimensiones que tiene Todo está perdonado, no creo que haya sido un acierto haber subordinado su jerarquía a la predominancia del cuadro costumbrista. Es un viejo problema de nuestra tradición estilística, del que ni siquiera algunos de los maestros de la posguerra aquí entreverados lograron zafarse. J. M. POZUELO YVANCOS Entre dos orillas TODO ESTÁ PERDONADO RAFAEL REIG VI Premio Tusquets de Novela Tusquets. Barcelona, 2011 367 páginas, 19 euros a Historia de la Transición española tras la muerte del César Visionario (a ese sintagma de Francisco Umbral se acoge Rafael Reig en esta novela) viene aportando una serie considerable de ficciones que se inscriben en diferentes estilos. Si he citado el ascendente de Umbral sobre Reig no lo he hecho únicamente porque lo homenajee explícitamente, sino porque Todo está perdonado se inscribe estilísticamente en esa tradición de memoria, entre castiza y gamberra, que ejecuta una verbalidad conceptista, plagada de hallazgos y agudezas, de manera que la novela, la historia misma seleccionada, se pone al servicio de la brillantez asociativa, del desplante más o menos iconoclasta que a menudo pasa por tal, puesto que del rey abajo ningún títere queda con cabe- L COLECCIÓN ABC za, salvo ese pueblo, famélica legión, que el narrador asegura traicionado por la Transición, calificada de Inmaculada Transacción. De manera que estamos ante una novela de tesis planteada como políticamente incorrecta. Le hace un desplante a la orteguiana cagalera (así dicha) a la que se acogió, según el narrador, una sarta de intelectuales y políticos ucedistas, suaristas, solanos y felipistas que le birlaron a ese pueblo la cartera de su redención definitiva. Una corte de los milagros (engaños) más umbraliana que valleinclanesca, sobre todo porque la novela, conforme avanza, va desplazando a un segundo plano, por el protagonismo creciente de escenas casi sueltas, los lugares inicialmente planteados como cañamazo argumental. Esos dos lugares, que terminan siendo un pretexto, son la investigación de un crimen En los años posteriores a la muerte de Franco sitúa la trama Rafael Reig (arriba) En la imagen superior, propaganda electoral de los comicios de 1977 inunda una boca de Metro en Madrid