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Opinión 08 U C na vez le pregunté a Carlos Fuentes por Mercedes Pinto. ¡Una mujer extraordinaria! La conozco desde que mi padre fue embajador en Montevideo. En Santiago de Chile, con Edwards y Arturo Fontaine, busqué infructuosamente en las librerías de viejo un ejemplar de la novela Él (1926) en su edición uruguaya o chilena. Oí hablar de Mercedes Pinto por primera vez a mi abuelo Frasco, su primo, que cargaba (como cargaba la escritora, y como cargo yo) con uno de los doce apellidos históricos de Canarias, nacidos con la Conquista. Frasco de Armas, terrateniente viejo y gran conservador, la llamaba la prima Memé, la rebelde, la hereje Tal vez esos apelativos, tan fascinantes, me llamaron la atención y mucho más tarde encontré en la desaparecida Librería Hispania, mientras buscaba las memorias de Indalecio Prieto, un ejemplar de Él y otro de Ella, publicados en los 60 por los Ruiz- Castillo en Biblioteca Nueva, que le regalé a mi padre después de leerlos. Desde entonces, cuando supe que la película Él, de Buñuel, estaba basada en la novela de Memé Pinto, el personaje me obsesionó hasta meterme en su intrahistoria y conocerla a fondo. Supe que Carmen de Burgos, la Colombine, había enfermado de gripe y que ella, Memé, en plena dictadura de Primo de Rivera, fue la encargada de dar una conferencia que le valió su exilio de España: El divorcio como medida higiénica. Tremenda mujer, Memé viajó y vivió en Montevideo, Santiago de Chile, Cuba y México, donde se radicó hasta su muerte a los 96 años. ierto que Buñuel no le dio sus créditos hasta la tercera o cuarta versión de la película, y tal vez también se inspiró el gran sordo en algún familiar cercano, tal como me hizo saber en una carta José Luis Borau contestando a mi envío de un ejemplar de mi Mercedes Pinto. Una sombra familiar (Tauro Ediciones, 2009) dedicado a Alejandra Rojo (nieta de Memé) y a la pintora Darya von Berner (bisnieta de la escritora) Un destacado miembro de mi familia, el historiador Antonio Rumeu de Armas, que conoció mucho a Memé, me dijo que yo estaba trastornado por la figura de la escritora, hasta el punto de llevarla de la realidad a leyenda y de ahí al mito. En cierta medida es verdad. Memé Pinto de Armas Clos se ha convertido para mí en un demonio familiar que me persigue cuando no escribo esa novela que, inspirada en ella (inspirada, no basada: son cosas distintas) estoy pergeñando desde hace años. Mientras escribo, recuerdo los ojos azules de Pituka de Foronda, una de las hijas que tuvo con él (el loco de la novela) escucho su voz y veo en ella una reencarnación espiritual de su madre, la hiperactiva, la rebelde, la hereje, la feminista, la escritora, la gran loca de la casa de nuestra familia, la aventurera, A LA INTEMPERIE J. J. ARMAS MARCELO EL VIENTO DE LA TEMPESTAD Tanto Gómez de la Serna como Ortega y Gasset supieron que en Memé Pinto había un ser extraordinario que luchaba contra un tiempo pasado que continuaba rigiendo en su vida la pecadora la pasional Memé; la misma reencarnación que veo en Ana María Palos y Alejandra Rojo, sus nietas, y en Darya von Berner, su bisnieta. Veo a Darya pintar esos murales blancos y veo su mano guiada por el alma de aquella mujer única a la que todo el mundo llamaba la atención sin que ella hiciera caso más que de su criterio y su instinto. Ahí están Él y Ella, publicados ahora por Escalera, donde también ha publicado mi amigo el escritor venezolano Juan Carlos Chirinos, gran mirandista. En las noches tranquilas, mientras paso revista a lo que tengo que hacer mañana, me asalta el espectro de una Memé Pinto orgullosa de ser una mujer libre que dobló la esquina de la opinión pública y de la publicada para hacer lo que siempre quiso: ser ella misma, sin someterse al poder del hombre, de la familia y del Estado. Neruda supo todo eso y escribió el poema que, como epitafio, duerme en la eternidad sobre su tumba en el Distrito Federal de México: Mercedes Pinto vive en el aire de la tempestad, con el corazón frente al aire, con la frente y las manos al aire. Enérgicamente sola, urgentemente viva. Segura de aciertos e innovaciones, terrible y amable en su trágica vestidura de luz y llamas n cuanto al divorcio, como preguntó la propia Memé en una sala llena de médicos ilustrados (mitad de los años 20) que la escuchaban con todo respeto y en total silencio, por qué tengo que vivir con un señor enfermo que quiere matarme todos los días Imposible mayor actualidad. Tanto Gómez de la Serna como Ortega y Gasset supieron, sin embargo, que en Memé Pinto había un ser extraordinario que luchaba contra un tiempo pasado que continuaba rigiendo en su vida. Llamó la atención donde fue y se enfrentó al poder con una virulenta elegancia que es la que está también plasmada en sus libros. Quiero ser escritor como Memé le contesté a mi abuelo Frasco, con apenas diez años, cuando el viejo me preguntó qué quería ser de mayor. Me dijo, señalándome con su bastón de empuñadura de plata: ¡Otra oveja negra en la familia! Todavía recuerdo cuando conocí a su hijo, el actor Gustavo Rojo, que había ido a Canarias a interpretar a Benejuí en la película Tirma, junto a Silvana Pampanini. Todavía recuerdo cuando conocí a Tatata, prima de Memé, en el Círculo de Bellas Artes, con motivo de un homenaje, casi familiar, a la autora de Él. Recuerdo a Alonso de Armas Lecuona, el anciano abogado amigo de Víctor Koplowitz y albacea de sus hijas, Esther y Alicia. Recuerdo que tengo pendiente una visita familiar y literaria a la casa de Larra, 6, donde vivían los Armas de Madrid, y donde un tío mío salvó la vida escondido durante los tres años de la Guerra Civil. Ahí, en esa casa, me espera una novela le dije el otro día a Luis Landero cuando entrábamos en El Puchero a comer y pasar un rato de amigos. E En pequeñas dosis Günter Grass, intraducible Al Premio Nobel siempre le gusta dar otra vuelta de tuerca, a su vida, a su obra. Ahora acaba de sacar un libro que dice es intraducible. Una declaración de amor al alemán apunta. Olé (o como se diga en su lengua) AÑOS DE TWITTER son muchos. Sobre todo si tenemos en cuenta que su ejemplo ha cundido entre una larga lista de escritores que son capaces de decir lindezas en 150 palabras 5 Nos ha dicho un pajarito Y seguimos con Twitter y con el pajarito que lo representa y con las escuetas frases que lanzan los escritores desde su plataforma volandera. Si tenemos que quedarnos con uno, por su genialidad, ese es Jorge Volpi