Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Placeres privados Fabrice Gignault dedica su nuevo libro al esnobismo y elabora un catálogo de los escritores que mejor lo encarnan, algunos tan poco conocidos como ilustres Por Patricio Pron SÁBADO, 19 DE FEBRERO DE 2011 abc. es ABC cultural 11 hilippe Jullian dijo de la palabra esnob que empieza como un silbido y acaba como una pompa de jabón y le dedicó un Diccionario del esnobismo en 1958; el escritor francés sabía de lo que hablaba. Jullian es autor de una obra abundante en la que destacan las biografías de Wilde y D Annunzio, ensayos sobre el simbolismo y el Art Nouveau y una obra de ficción en la que exploró el homoerotismo, el sadomasoquismo y el travestismo con un estilo sensual y decadente, y tuvo un final digno de un escritor esnob: se suicidó en 1977 después de que ardiera su casa de campo y su sirviente marroquí fuera asesinado en una riña. La Real Academia Española (institución de gustos diferentes a los del francés, aparentemente) define esnob como persona que imita con afectación las maneras, opiniones de aquellos a quienes considera distinguidos pero esto (para un esnob) tiene menos importancia. Fabrice Gaignault no propone por su parte ninguna definición personal del término en su Diccionario de literatura para esnobs y (sobre todo) para los que no lo son que publica estos días la editorial Impedimenta con un prólogo del mallorquín José Carlos Llop y extraordinarias ilustraciones de Sara Morante. El escritor y periodista ofrece en él, sin embargo, un recorrido por la literatura principalmente francesa del que se puede inferir que las actitudes que caracterizan la P s producción de la literatura para esnobs son ía, el desprendimiento, la rareza, la ironía, el ones cinismo y la desconfianza de las opiniones teramayoritarias. En este Diccionario de literatura para esnobs aparecen autores tan faser, cinantes como la plagiaria Kathy Acker, el izo improbable Guy D Arcangues, el movedizo y villy despiadado Jules Amédée Barbey d Aurevilly, el desaparecido Ambrose Bierce, el extraordinario Christian Bourgois (editor del Modelo matemático de la morfogénesis de René Thom, del que confesó no haber entendido siquiera el título) el proctológico Renaud Camus, el futurista Arnaldo Ginna (inventor de un aparato para medir el ingenio) el apátrida Gregor von Rezzori y el accidentado Denton Welch (publicado recientemente en España) pero el libro también incluye instituciones del esnobismo como la Academia Francesa, el Aston Martin, la autoficción, el círculo de Bloomsbury, los cafés italianos, el Chelsea Hotel, el suéter de cuello vuelto, El gran Gatsby, las revistas Granta, McSweeney s y Nouvelle Revue Française, la exclusiva residencia para escritores de Santa Maddalena, el suicidio y la ciudad de Tánger. Gaignault reserva a sus lectores algunas sorpresas como la aparición del multiventas Harold Robbins y la de William Shakespeare; también, la constatación de que diciembre de 1994 fue un buen mes para los escritores suicidas franceses y la omisión de autores que uno hubiera supuesto inamovibles en un diccionario de estas características: el extraordinario escritor, fotógrafo y suicida Édouard Levé, el maravilloso Copi, el desafortunado Guy Hocquenghem o el poco prolífico Fernand Combet. Sin embargo, todo el libro está escrito desde la sorpresa y en procura de ella, como en la recomendación entusiasta del libro de Robert Benchley Psicología del pingüino y en la afirmación de que los afamados coloquios de Cerisy- LaSalle acerca de Robbe- Grillet y Barthes son la demostración de que el mundo universitario fue víctima de una especie de locura Cada esnob literario tiene su jardín secreto, su autor incógnito y por supuesto esencial sostiene Gaignault en el prefacio a la obra; que su autor no lo es queda de manifiesto en lo que Llop llama en su prólogo una traición al esnobismo: el desvelamiento de un placer privado Al carácter privado y p personal de ese placer le debemos el que quiz sea el único aspecto en el que pueda pozás ne reparos a esta obra, que es el de la escanerse s presencia de escritores hispanohablantes sa en ella. Por las páginas de este Diccionario de li literatura para esnobs desfilan Max Aub, José Ca Carlos Llop, Enrique Vila- Matas, el colomb biano Nicolás Gómez Dávila y la argentina Silvina Ocampo, a la que Gaignault dedica una entrada inexplicablemente entusiasta. Quizás uno de los principales méritos de la obra reside pues en la tarea pendiente de completarla con los nombres de los hispanohablantes que formen parte del jardín secreto del lector, al que nosotros sugerimos aquí algunos: Macedonio Fernández, Juan Rodolfo Wilcock, César Aira, C. E. Feiling, Felisberto Hernández, Mario Levrero, Armonía Somers, Marcelo Mellado, Martín Adán, Alberto Laiseca, Marcelo Cohen, por nombrar sólo a un puñado de hispanoamericanos. El Diccionario de literatura para esnobs obliga a preguntarse dónde se encuentra el esnobismo literario en nuestros días; también, a interrogarse acerca de si, con su devoción por autores que produjeron una obra personal al margen de la opinión mayoritaria y la ratificación del mercado, los esnobs literarios no son los últimos que comprenden qué cosa es la literatura. A la rareza de unos autores inclasificables nunca dispuestos a ceder a la opresión de las multitudes, esto es, a escritores que decidieron hacer su trabajo (que es siempre el de escribir a la contra) está dedicado este libro, algunos de cuyos personajes son el muy digno Emanuel Bove, que se negó a ser publicado bajo la Ocupación y desapareció al final de la guerra, y el desafortunado Maurice Rollinat, que conoció el fracaso literario, vio morir a su esposa de rabia y, al fallecer a los cincuenta y seis años de edad, había sido olvidado hasta tal punto que se lo confundió con un pescador muerto por esas fechas. Quizás ambos rediman a la literatura de los escritores mediocres y los advenedizos y los trepadores. DICCIONARIO DE LITERATURA PARA ESNOBS FABRICE GAIGNAULT Prólogo de José Carlos Redimir la literatura Shakespeare y pingüinos En la otra página, Fabrice Gignault. Arriba, algunas de las ilustraciones de Sara Morante que representan (de arriba abajo) al círculo de Bloomsbury, Sylvia Plath y Marguerite Duras Llop. Traducción de Wenceslao- Carlos Lozano. Ilustraciones de Sara Morante. Impedimenta. Madrid, 2011. 256 páginas, 25,95 euros