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Cine 38 La mala acogida de Con el viento solano le animó a aceptar propuestas decididamente comerciales. Por ejemplo, Digan lo que digan (1967) un melodrama romántico protagonizado por el cantante Raphael y escrito por Antonio Gala. Durante el rodaje de este musical en Argentina, Camus descubrió a un excelente amigo, Adolfo Aristarain, con quien volvió a contar como ayudante en la teleserie Los camioneros (1974) y en otras películas de aquel tiempo. Es Gala quien despacha el libreto de Esa mujer (1969) un folletín efervescente y sin complejos, que dio a Camus la oportunidad de dirigir a Sara Montiel. Por esta época, el realizador llegó incluso a filmar un western a la italiana, La cólera del viento (1971) cuya estrella fue Terence Hill en efecto, el mismo actor de Le llamaban Trinidad. Afortunadamente, gracias al despotismo ilustrado que, censura incluida, se practicaba en la televisión de la época, el realizador también intervino en teleseries con barniz literario, como Cuentos y leyendas (1968) Si las piedras hablaran (1972) y Paisaje con figuras (1976) Estas dos últimas tenían un propósito declarado por su autor, Antonio Gala: Vamos a comprobar lo hondas y afincadas que han de ser las raíces de lo español para mantener unidos a tipos, gentes, climas, lenguas, razas, paisajes y actitudes tan distintos Cuestión de identidad, vaya. Y puesto a ello, el propio Camus fue otorgando nuevo sentido a esa literatura que nos une a través de series como Fortunata y Jacinta (1980) o La forja de un rebelde (1990) y de películas como La leyenda del alcalde de Zalamea (1972) La colmena (1982) Los santos inocentes (1984) La casa de Bernarda Alba (1987) o La ciudad de los prodigios (1999) Es probable que muchos de quienes ahora se acerquen a la citada novela de Delibes adaptada al cine en 1984 lleven en su memoria estampas del filme de Camus: una versión ejemplar, en la que se concentra la sustancia del libro con la inmediatez de lo real, y con una sabiduría narrativa que se exhibe en todo su vigor. El propio Delibes, cinéfilo desde sus años mozos, creía que Los santos inocentes era una de sus novelas más difíciles de adaptar. Pero le contó a Camus que había conocido en un psiquiátrico a Azarías, el personaje a quien da vida a Paco Rabal, y fue ese detalle lo que le permitió al realizador armar la narración que luego llegó a las pantallas. Si damos por bueno que esta es la culminación del arte de Camus, imagínense qué hubiera podido hacer el realizador si hubiese llegado a rodar, como en algún momento se dijo, la continuación de la teleserie El Quijote (1992) Hay algo que tienen en común los títulos que llevamos mencionados, y es que en todos ellos las interpretaciones van de lo bueno a lo fabuloso. Camus ha sido bendecido con ese raro don que le permite Bajo estas líneas, de arriba abajo, Mario Camus en los rodajes de Los pájaros de Baden Baden (1975) El prado de las estrellas (2007) Volver a vivir (1968) La vuelta de El Coyote (1998) y La visita que no tocó el timbre (1965) Afinar las emociones afinar perfectamente las emociones de sus actores. La buena dirección es un empeño que exige talento y también cierto estado de ánimo. Hablando de ello con Adolfo Aristarain, el realizador argentino me dio esta definición: Mario es el amigo junto al que es posible cooperar en todos los planos. Lo considero mi único maestro, aparte de un consejero excepcional. Fue él, por ejemplo, quien me previno del riesgo que implicaba exponer tantos elementos personales en Martín (Hache) Bueno, me hizo esa advertencia cuando ya faltaba poco para el estreno, así que el remedio era imposible. No obstante, aunque Mario tenía razón en este caso, sigue pareciéndome difícil controlar el rumbo del relato dentro de un proceso creativo tan íntimo Tradición realista Y vaya si lo es. Para alguien con tantas preocupaciones personales y cívicas, puede resultar complicado no confesarse a través del celuloide. Por mucho que algunos en Hollywood quieran convencernos de lo contrario, la ficción siempre es un envoltorio de la vida real. Por eso mismo, en la presentación de El prado de las estrellas, Camus recurrió a la voz de uno de sus autores de cabecera, Claudio Rodríguez: Para mí decía el poeta la vida tiene aspecto de fábula; es algo legendario, no sólo historia y datos concretos ¿Acaso no explica esta frase buena parte del cine de Camus? En fin, llegados a este punto, uno ya no sabe qué debemos agradecerle más. Posiblemente sea su respeto a la tradición realista española. La misma que se inserta en nuestra genética e incluso en nuestra mitología.