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Otra forma de hacer zapping El efecto del cine en CaixaForum, de Madrid, reúne a aquellos artistas que, desde el videoarte, coquetean con lo cinematográfico y documental Por Fernando Castro Flórez SÁBADO, 12 DE FEBRERO DE 2011 abc. es ABC cultural 31 T odos aquellos que han sucumbido a la compulsión del zapping saben de sobra que, intentando escapar de la idiotez o de la nulidad, es fácil entrar por la puerta falsa a una corrala de alaridos interminables. El reality show llegó como tantas tiranías para quedarse. Cualquier actividad puede sufrir la mutación patética por obra y gracia del voyeurismo histérico. Da lo mismo que se trate de una cuadrilla de adolescentes atolondrados que pretenden triunfar en el karaoke, de unos torreznos adoctrinados por Gurruchaga y otros fulanos para intentar bailar a lo Fred Astaire o de aquellos que pretenden aprender nouvelle cusine a fustazos: todos han aceptado que el camino a la fama es el del cambalache del tango. Gran Hermano es algo más que un programa insoportable. Mal que nos pese, ha terminado por adquirir la proporción de una epidemia. Lo decisivo es aceptar la vigilancia de forma festiva y actuar con naturalidad Ser tú mismo La popularidad de los reality shows en todo el mundo leemos en el desplegable de esta exposición sugiere que las audiencias aceptan que aquello que están viendo ha sido cortado, montado y programado para exagerar su efecto dramático y mostrar una visión estilizada, una fórmula de lo que llamamos realismo Lo cierto es que, con frecuencia, no hace falta montar nada, sino que basta con lanzar rumores, propiciar montajes y no cejar en el empeño épico del alarido o el rebuzno. También es evidente en el plano estético y estilístico que la noción de realismo ha sufrido una mutación tremenda, desde las prácticas pictóricas naturalistas (habitualmente caracterizadas por ser de un academicismo rancio) a las performativas, que presentan lo real problemático en toda su crudeza (un comportamiento que, por otra parte, ha llegado a tornarse ortodoxo e inercial) en una época en la que la virtualización y la expansión tecnológica de la subjetividad son determinantes. Las obras seleccionadas en El efecto cine, según sus comisarios, tendrían que animarnos a reflexionar con espíritu crítico sobre los hábitos que condicionan nuestra percepción de la realidad Tras la contemplación de los vídeos, no queda nada claro que sea esa la principal intención de los artistas. En Lonely Planet, de Julian Rosefeldt, seguimos las andanzas artificiosamente sudorosas de un mochilero que atraviesa la escenografía de Bollywood para, tras una sobreactuada travesía del desierto, convertirse en motivo de chanza en medio de la multitud nativa. Isaac Julien vuelve a exhibir su virtuosismo en Fantôme Créole, tensando su imaginario entre Burkina Faso y las regiones heladas de Escandinavia, en un paisaje de belleza manierista y donde el efectismo anula cualquier intencionalidad crítica. La instalación de Mungo Thomson, New York, New York, New York, New York, eleva al cuadrado el impacto de la fachada que no es otra cosa que decorado, en un presunto desvelamiento de algo que es una verdad de Perogrullo. Stella Bruzzi ha señalado que el concepto tradicional de documental (vertebrado en torno a la cuestión de la búsqueda de la verdad con la mayor fidelidad y honestidad posible) escamotea el proceso de producción; frente a esa fetichización de lo real reaccionarían los nuevos documentales performativos que presagian un concepto muy distinto de verdad documental al reconocer la artificialidad que rige en su narrativa. La exposición Postvérité que comisarió Berta Sichel en el Centro Párraga en 2003 (con obras, entre otros, de Anri Sala, Fiona Tan, Cristoph Draeger o Ursula Biemann) analizaba, con muchísima más penetración que esta del CaixaForum, las derivas del documental y de la representación social de la realidad o de lo que entendemos por ver- dadero. Más que hablar del efecto del cine, del realismo o de la dimensión crítica del vídeo- arte, el aspecto destacable de algunas de las obras seleccionadas es que reconsideran lo que Diderot llamó la paradoja del comediante Pienso en los trabajos de Kerry Tribe, que contrató en 2001 a cinco actrices para que la interpretaran a ella ante la cámara, o en la más intensa propuesta de Ian Charlesworth, que graba un casting de un adolescente que es impelido a cambiar de papel una y otra vez, pasando de ser un tipo agresivo o un boxeador a alguien humillado dentro de un armario, para encontrar el límite a su versatilidad interpretativa cuando le piden que recuerde una escena que hizo hace tiempo en la que pensaba suicidarse. En la otra página, de arriba abajo, Tuin (1998) de Runa Islam; Lonely Planet de Julian Rosefeldt (2006) y Fantôme Créole (2005) de Isaac Julien. Sobre estas líneas, Rosefeldt y Julien En Godville, de Omer Fast, contemplamos las entrevistas a individuos que representan personajes históricos en Colonial Williamsburg, ese parque temático que pretende reconstruir la vida del siglo XVIII en Virginia. Sobre Dios lanza un fantástico monólogo de vertiginosas definiciones el negro esclavizado que llega a percibir su presencia en el microondas, en el viento o, por supuesto, en el dinero. Todos estos personajes están interpretando pero, al tiempo, tienen que controlar lo que sienten, en un trenzado muy complejo de experiencia y emoción, de verdad y representación teatral. Con todo, ni siquiera en estos casos encuentro un intenso cuestionamiento del realismo que ha perdido tanto su oscuridad traumática cuanto su dimensión de testimonio de lo que (nos) pasa. En trayectos diferentes a los del neo- realismo, el Dogma o lo real lacaniano, estos vídeos ofrecen un recorrido (expositivo) sofocante y, valga la paradoja, de baja intensidad (crítica) La visión cromático- decorativa de la catástrofe de Paul Chan ejemplifica a la perfección este efectismo despotenciado del vídeo, presentado a la mirada masiva como un pretendido desmontaje del realismo sin producir otra cosa que el abotargamiento de la mirada turística. Otra forma de zapping. EL EFECTO DEL CINE. ILUSIÓN, REALIDAD E IMAGEN EN MOVIMIENTO. REALISMO COLECTIVA CaixaForum. Madrid. Paseo del En el viento y en el microondas Narratividad artificiosa Prado, 36. Comisarios: Kerry Brougher, Anne Ellegood, K. Gordon y Kristen Hileman. Http: obrasocial. lacaixa. es. Hasta el 24 de abril