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Libros 24 ALLEGRO MA NON TROPPO GABRIEL ALBIAC DIOS, ÁNGULO a bajado del avión. Ha atravesado pasillos kilométricos en Le Bourget. Extraño y milagroso mundo, éste piensa en el cual es más barato y mucho más rápido volar de Barajas a Le Bourget que llegar desde la Plaza de España de Madrid al uno, desde el otro al corazón de París que el Centro Pompidou fija. Corredores, escaleras mecánicas, metro, más escaleras mecánicas para emerger al cielo de París color de estaño. Beaubourg. En uno de sus momentos mayores: la exposición Mondrian De Stijl ha recompuesto el versátil volumen interior del museo a su medida. Durará hasta el 21 de marzo. Vale la pena el viaje de ida y vuelta, las esperas en Barajas, el frío glacial de París solo para ver esto. Se entra en este Beaubourg remodelado a la medida de Mondrian y de quienes, desde De Stijl remodelaron, a principios del siglo XX, lo que sería el ojo al cual se ajustan pintura como arquitectura, como se entra en una catedral. Del número y la línea; que, desde mediado el siglo XVII, sabemos son nombres del Dios cuyo único atributo esencial es la belleza. Nadie entre aquí que no sepa geometría Aunque, para Platón, tal templo de la pura inteligencia tome el necesario nombre de filosofía. Aunque, para Mondrian y De Stijl, esa geométrica invención de la belleza se constituya extrañamente como una ancillatheosophiae, artesanal servidora de una especulativa mística cuyas raíces habría que buscar en los finales del siglo XVI centroeuropeo. Cómo de una confusión o mejor, un sinsentido así puede el pintor hacer verdad, belleza, esa ascética mayor del absoluto a la cual llamamos obra de arte, es el enigma de la maravilla que muy pocos resuelven en la primordial pureza de un lienzo. Mondrian, el limpio blanco sobre el cual azul, rojo, amarillo se articulan en la trama de líneas negras cuyo duro trazado a regla libera del viscoso sentimentalismo. Mondrian: la religión de un Dios que es ángulo. Que nadie entre estos días en el Beaubourg que no sepa geometría. H BALIZAS DE LA MEMORIA LUGARES EN EL TIEMPO JEAN AMÉRY Traducción de Marisa Siguan Boehmer y Eduardo Aznar Anglés Pre- Textos. Valencia, 2010 160 páginas, 17 euros puede perder añade. Los recuerda a esos silenciosos y flemáticos ingleses, entre 1940 y 1945 luchando hasta la muerte, venciendo a los zorros del desierto de Rommel, desembarcando, apretujados los unos contra los otros, en Normandía, y en una imagen tan límpida como el día en que se originó el 15 de abril de 1945, en Bergen- Belsen, donde él y otros muchos estaban internados. Aquel día, un jeep llegó al Averno y un sargento de la policía militar inglesa dijo por un altavoz: Desde hoy este campo está bajo la protección de las fuerzas militares de Su Majestad Británica En 1974, Améry nacido en Vien, en 1912, como Hans Mayer trabajó en un proyecto radiofónico, una serie de seis ensayos centrados en varios lugares, con sus momentos específicos y su espíritu histórico, que se convertirían, como dice su traductora Marisa Siguán, en lugares en el tiempo, en balizas de la memoria Lugares, o encrucijadas de la civilización europea, como Viena, Colonia, Amberes, Bruselas, Zurich, París o Londres, marcados siempre, en su caso, por esa terrible autobiografía intelectual y personal de perpetuo exiliado como él mismo se definía, que conforma el corpus de su admirable y clarividente obra ensayística. Crecido en una familia mixta, de padre judío y madre católica, con la ocupación nazi y, en especial, con las leyes racistas de Nuremberg de 1935, Améry tomará conciencia de ser judío. En Viena, donde estudiaba, con la ola creciente de feroz antisemitismo, siente cómo se le excluye de la comunidad que había creído suya hasta entonces, con la consecuente pérdida de una identidad, una patria y una lengua. A partir de entonces, convertido en un extraño decide pasar a Francia y cambiar de nombre. Enrolado en la Resistencia, será detenido por los nazis, torturado por la Gestapo y enviado a Auschwitz, experiencias que darían pie a su célebre e impresionante ensayo sobre la tortura, el Holocausto y el derecho de las víctimas a no perdonar, a resarcirse a través del resentimiento: Más allá de la culpa y la expiación (Pre- Textos) MERCEDES MONMANY Perpetuo exiliado C omprarse un destartalado utilitario inglés o un indestructible Volkswagen. En sus viajes por la Europa de la posguerra, en sus melancólicos homenajes al pasar por tal o cual hotel, el escritor austríaco Jean Améry, que nunca conoció la paz como decía su compañero y más tarde polemista de Auschwitz Primo Levi, elige el pequeño vehículo inglés. ¿Por qué? En el caso de Améry, todo son recuerdos, elecciones atravesadas, inconscientemente o no, por el eco y tremendo peso del pasado europeo. Un suelo que nunca querrá abandonar, al contrario que otros célebres suicidas, como Stefan Zweig, y que él escogió, en 1978, para acabar con sus días. Así lo había anunciado en libros estremecedores como Levantar la mano sobre uno mismo (1976) Un suicidio que tendría lugar en un hotel de Salzburgo, justo cinco años después de la muerte de la igualmente escritora austríaca Ingeborg Bachmann, cuyas obras guardarían numerosos paralelismos, como recuerda Irene Heidelberger- Léonard, en la biografía que le consagró (Jean Améry, Actes Sud, 2004) Bachmann incluye un homenaje a Améry en su obra Tres senderos hacia el lago, en la que la protagonista está leyendo Sobre la tortura de un hombre, un extraterritorial entre los vivos, que tenía un nombre francés, pero que era austríaco y vivía en Bruselas; un hombre que intentaba descubrir, en la destrucción del espíritu, aniquilado y consciente, lo que le había sucedido Al final, se decantará por un pequeño coche de fabricación inglesa. El sentido de gratitud no se Espíritu aniquilado En la parte superior, niños prisioneros en Auschwitz, campo de exterminio donde estuvo confinado el escritor austríaco (arriba)