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Libros 22 EN NOMBRE PROPIO CAZAS SUTILES LA VIDA DE LOS LIBROS ENSAYOS cripción y muy documentado análisis, las ideas referentes, las constantes, los anhelos, y la voluntad de saber que contiene cada texto de Vela. Un ensayista plural y oblicuo, en el que la discreción debe uno insistir en ello en una nación de fatuos la opacidad (Mainer) la transparencia (Jarnés) la independencia, y la exigencia de objetividad (Creus) se erigen en la arquitectura esencial de sus escritos. Esta acertadísima selección no solo permite disponer de un centón de voces que indagan sobre los más profundos y cercanos temas de nuestro tiempo, sino entablar un diálogo con el autor, a través de las incitaciones que su pensamiento instala en cada página. Fernando Vela se muestra con una poderosa capacidad de narrar las ideas, de sugerir aspectos complementarios en ámbitos irreconciliables, de jugar con la paradoja en que se convierte la vida contemporánea. Lo destacó alguien tan sobrio como Garagorri: Su escrupulosa honestidad intelectual le hacía no acometer sino lo que estuviera seguro de dominar, y frente a la petulancia o improvisación de no escasos intelectuales españoles, él elaboraba casi siempre por debajo del nivel de sus posibilidades; así, dejó de hacer algunas cosas que, en rigor, hubiese cumplido mejor que nadie En efecto, su creación periodística está repleta de cientos de artículos, crónicas, reseñas, en los que dejó buena parte de su excepcional talento en aras a la actualidad; sin embargo, y es otro de los valores de esta antología, fue en sus ensayos, meditados, elaboradísimos, en los que se trasluce una sensibilidad intelectual con pocos iguales en esos años. Escribe para un público culto no especializado, al hilo de lo señalado por Ortega: La vida tiene que ser culta, pero la cultura tiene que ser vital Una vida a medias, siempre con Ortega, del que escribiría a la muerte del filósofo: Para mí, la muerte de Ortega es ese quedarse solo, vivido de veras, experimentado en la carne y no solo en el pensamiento Estas páginas de Fernando Vela si merecen un homenaje y un título, no es otro que: En nombre propio, sin tutelas. FERNANDO R. LAFUENTE Cultura vital JOSÉ LUIS MELERO Xordica. Zaragoza, 2010 147 páginas. 15 euros FERNANDO VELA Edición de Eduardo Creus Fundación Santander Central Hispano. Madrid, 2010 329 páginas, 20 euros or sugerencia de Antón Castro, José Luis Melero publicó estos artículos, ahora recogidos en forma de libro, en el suplemento de Artes y Letras de El Heraldo de Aragón donde aparecieron desde el verano de 2006. No son unos artículos al uso: representan uno de los anecdotarios más jugosos respecto a la bibliofilia que gusta de lo raro y curioso que al lector le es dado encontrar hoy. Además, en conjunto, se muestran como un canto bellísimo a la materialidad de un objeto, el libro, que en estos momentos parece trocar esa belleza tangible en fantasmagóricos bytes. José Luis Melero es bibliófilo, pero también fino escritor, y este anecdotario no solamente lo demuestra sino que potencia un posible filón para futuros goces... si para entonces quedan lectores que sepan sobre lo que aquí se recoge. Hay en el volumen anécdotas deliciosas, como las referentes a Pedro Laín, al hallazgo de un libro escrito por Ramón Ruiz Alonso el que denunció a Federico García Lorca al testimonio de Janés sobre las gestiones que hizo para salvar la vida de Félix Ros, y que no firmaron ni Max Aub, ni José Bergamín, ni Antonio Machado, al goce de la posesión de la primera edición zaragozana de El Quijote... En fin, un abanico de revelaciones en torno a la caza más sutil, la del libro, pero no por ello menos peligrosa. JUAN ÁNGEL JURISTO P U ARCHIVO FUNDACIÓN ORTEGA- MARAÑÓN na tarde a mediados de abril de 1923, subiendo por la calle de Alcalá, Ortega me dijo: ¿Y por qué no hemos de ser nosotros los que hagamos esa revista? Usted me ayudaría como secretario de redacción así contó Fernando Vela, en las páginas de Revista de Occidente, en 1963, como nació la publicación. Pero, como recordaría Soledad Ortega: Hacía tiempo que Ortega hablaba con su amigo y discípulo de la conveniencia de una revista que pusiera a los lectores españoles al corriente de las nuevas ideas (Fernando Vela) Sí, Revista de Occidente fue una de las grandes empresas intelectuales de Ortega, pero todo fue posible gracias a quien tenía a su cargo la ejecución, el segui- miento de la revista: Fernando (Evaristo García Alonso) Vela (1888- 1966) Alguien discreto, siempre en un segundo plano, siempre cercano y leal a su admirado amigo Ortega. Alejado de famas y cónclaves, retirado a la elaboración de la Revista y de sus escritos, Vela se constituye hoy como uno de los más sólidos ensayistas en español, y este volumen, ejemplarmente editado por Eduardo Creus, recupera una de las prosas de la reflexión en español más sútiles y atractivas. No aparece nunca, en los diversos asuntos tratados por Vela, el lugar común, la cita gratuita, el pensamiento arreglado al gusto de la época o la exégesis vacua tan propia de la sociedad española. Creus presenta, con somera des- Plural y oblicuo En la parte superior, de izquierda a derecha, Gómez de la Serna, Ortega y Fernando Vela. Arriba, portada del primer número de Revista de Occidente de la que Vela fue su secretario de redacción