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SÁBADO, 11 DE DICIEMBRE DE 2010 abc. es ABC cultural 09 Y o nací como lector (no pido perdón) con novelas difíciles, los últimos, furiosos coletazos de la vanguardia, cuando estaba muy mal visto el argumento y lo que más se valoraba era que todo estuviera contado desde el punto de vista de una percha sin chaqueta colgada y metida en un armario cerrado. Aquellas novelas no trataban de nada o, si acaso, de abstracciones superferolíticas. Nadie escribía sobre un tipo al que le pasa algo, sino que todo eran indagaciones sobre el fracaso, la angustia o la memoria. No se podían contar, porque el argumento era lo de menos. Fueron tiempos difíciles. Muchos de los mejores no sobrevivieron para seguir leyendo. Desde entonces me ha quedado una insurrecta propensión a la literatura decimonónica y los best sellers, a las novelas cuyo argumento se pueda contar tomando una cerveza. Entre nosotros, creo que fue Miguel de Unamuno el que más temprano y más a gusto se despachó contra los que leemos una novela para saber cómo termina. Aquello debía de olerle a pueblo, a folletín o a serial radiofónico. Entre paréntesis, confesaré que, en efecto, algunas cosas del inmortal nivolista las he leído sin ningún interés en saber cómo acababan, más bien con impaciencia, a ver cuándo narices se terminaba de una vez. A mí esos novelistas implacables y esos lectores más exigentes me parecen disciplina inglesa y a la vez un tanto gazmoños. No quieren que nadie les tome por superficiales. Utilizar un argumento con intriga les parece demasiado fácil, como aparecer con minifalda y dos botones de la blusa desabrochados. El escritor honesto, el que va con buen fin, no necesita recurrir al escote de la trama, como esas novelas fáciles que solo quieren excitar los más bajos apetitos de lectores aprovechados, que a su vez solo quieren divertirse con ellas, pero nunca las respetarán ni se casarán, ¿para qué, si ya saben cómo terminan? ¿Qué van a dejar para la noche de bodas? LECTURAS Y RELECTURAS RAFAEL REIG A FAVOR DEL ARGUMENTO Se tiende a creer que la trama no es más que un truco, como un fontanero que te hace una chapuza con un alambre y esparadrapo espías, libros de Stephen King y cosas de cienciaficción. Hasta Cervantes afirmaba que su propósito era entretener: Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos, donde cada uno pueda llegar a entretenerse, sin daño de barras, digo sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan. Sí, que no siempre se está en los templos; no siempre se ocupan los oratorios; no siempre se asiste a los negocios, por calificados que sean. Horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse. Para este efecto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan, con curiosidad, los jardines Sí, que no siempre está uno para releer a Bernhard. laubert tenía como ideal (incumplido, gracias a Dios) escribir un libro que no tratara de nada (un livre sur rien) Que se sostuviera por sí mismo, por la fuerza interna de su estilo, como el polvo se mantiene en el aire sin que lo sostengan, un libro que casi no tuviera asunto o al menos que el asunto fuera casi invisible Para mí, esa paloma kantiana que vuela en el vacío, sin el aire del argumento, acaba siempre en pato mareado. El amor puro y el débito matrimonial con el Quijote será muy hermoso y edificante, pero a menudo prefiero que haya donde agarrar, una historia que no me suelte en toda la noche. Como escribió John Donne, los misterios del amor son del alma pero un cuerpo es el libro en que se leen (según tradujo Gil de Biedma aquel Love s mysteries in soules doe grow, But yet the body is his booke Se tiende a creer que la trama (más si tiene intriga) no es más que un truco, como un fontanero que te hace una chapuza con un alambre y esparadrapo. Te ahorras una pasta, pero ¿cuánto va a durar? ¿Resistirá una relectura? Una novela que se lee para saber cómo termina es una novela que solo adquiere sentido al final. Como nuestra vida: La vida nos sujeta porque precisamente no es como la esperábamos escribía Gil de Biedma. En general no somos muy partidarios de morirnos, pero más que nada por no perdernos el final de la película. Y este es, tal y como yo lo veo, el trabajo fundamental del argumento. Leemos como vivimos: para saber cómo se verá esto desde el otro lado, cuando aparezcan los títulos de crédito o nuestro epitafio. Leemos, como decía Walter Benjamin, para vivir la experiencia de la muerte con la esperanza de calentar nuestra vida helada al fuego de una muerte, de la que leemos Y también escribimos desde el punto de vista del muerto Por eso, como suelo decir: toda obra es póstuma. F l auténtico escritor lúcido ¿o será más bien espabilado? se resiste a que le quieran por su cuerpo, hasta ahí podíamos llegar. ¡Yo no soy solo una cara bonita! La literatura tiene que ser amor del bueno, comunión de las almas, algo espiritual, no un simple revolcón para ver (y tocar) lo que hay debajo de la ropa. Las buenas novelas, de hecho, no se leen, se releen, como nos recuerdan sin parar los espabilados. La relación de un buen lector con un buen libro es tan matrimonial que hay tipos que presumen de leer todos los años el Quijote. Ya son ganas de presumir. Y cada año lo leerán en la misma y mojigata postura: la del misionero. A mí, qué le voy a hacer, me gusta leer novelas de E Matrimonios de conveniencia Rara, rara, suena la fusión de la colección del Macba y la Caixa. Esto nadie lo puede negar, pero tampoco se puede negar que de aquí sale un conjunto de arte contemporáneo como la copa de un pino Verdades como puños Las lágrimas de Vargas Llosa en los Premios Nobel no deben esconder las verdades como puños que dijo en su discurso: de nacionalismos, de dictaduras... y a quien no le guste tendrá que hacérselo mirar Un ebook en su árbol navideño Por estas fechas, se empeñan las grandes superficies comerciales, que se dice, en que el futuro será de los ebook o no será. Pero no se ve a las editoriales muy nerviosas. Más bien tranquis total