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Libros C 20 arl Gustav Jung (1875- 1961) se preocupó por el desarrollo de la personalidad desde dos perspectivas distintas pero complementarias: desde la patología psicológica (padecimiento) relacionada con causas orgánicas o de orden personal y familiar, y desde su vertiente arquetípica: aquella que colinda con el ánima y el ánimus. Desarrollar la personalidad supone para el adulto alcanzar su verdadera individualidad, algo que se inicia en la infancia, pero que sólo en la segunda mitad de la vida podemos llevar a sus últimas consecuencias. Los textos en los que aborda estos temas, aquí reunidos, fueron escritos desde 1919 a 1932. Una y otra vez se diferencia Jung, sin negarle su restringida pertinencia, de las teorías de Freud, especialmente del concepto de represión y de la etiología de la neurosis cristalizada en el complejo de Edipo. Nunca concedió tanta importancia a la imagen paterna (y materna) y amplió el área de influencia. Le reconoce el descubrimiento de lo inconsciente en relación a la estructura de la neurosis y la psicosis y el método para desentrañar los sueños, pero Jung hizo hincapié en sueños que rebasan la individualidad (arquetípicos) y que, sin embargo, nos competen en el logro de nuestra psique. Resumiendo: hizo la crítica del pansexualismo casuístico de Freud y fue más allá de la psicología de la autoafirmación de Adler. JUNG, LA TAREA INTERMINABLE SOBRE EL DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD CARL GUSTAV JUNG Trad. de Jorge Navarro Pérez Trotta. Madrid, 2010 208 páginas, 19 euros cia decisiva del trasfondo inconsciente de los padres, cuyos sedimentos vienen a veces de generaciones anteriores (frustraciones, fobias, obsesiones, miedos) y que, más o menos ignorados, se imponen en la formación de la personalidad infantil. Así que estudiar los síntomas del niño no excluye, sino que demanda, el conocimiento por parte de los educadores (y aquí entran también los profesores) de los propios conflictos. Los niños cargan frecuentemente con las vidas no vividas (e ignoradas) de los adultos. Lo reprimido en los padres pesa más en los hijos que la racionalidad de las normas. Jung llega a pensar que se podría afirmar que los verdaderos progenitores de los niños no son sus padres, sino sus árboles genealógicos, una idea muy utilizada en nuestros días por la terapéutica sistémica. Jung no magnifica a la familia, y cree en un camino intermedio entre presencia fuerte y ausencia. La escuela, dice, ha de dotar al niño no tanto de mucho saber como de una conciencia de sí mismo que le permitirá la autonomía necesaria para desarrollarse. Debemos no sólo conocer el alma infantil, sino los procesos inconscientes que subyacen en nuestras normas educativas, porque éstos se proyectan sobre el objeto (que es a su vez un sujeto) de la educación. Heisenberg no hubiera dicho otra cosa si hubiera pensado estos temas. Es clara la modernidad del concepto de desarrollo de la persona que tiene Jung, tendente al respeto de lo individual y de la autonomía. Quizás por eso quedó admirado, en su primer viaje a Estados Unidos, al observar que en la vía pública apenas se obligaba a comportarse a los conductores y viandantes, sino que se apelaba a la inteligencia, mientras que en Europa se dirige a la estupidez La infancia no desaparece ¡ay de quien la ha perdido del todo! pero puede ser lo mejor o lo peor de cualquiera y forma lo que Jung denomina el espíritu rector secreto de nuestras acciones. La niñez en el adulto apela a lo inacabado, al devenir y la educación constantes. JUAN MALPARTIDA Presencia y ausencia En la idea de Freud hay un cierto pesimismo que nos encadena a la pulsión sexual y a sufrir o superar la imponente figura del padre; en Jung, sin descartar aspectos clínicos claramente empiristas relativos al desenvolvimiento psicológico, hay una visión creativa y cósmica de la mente (con elementos ancestrales) que ha sido grata a muchos creadores y filósofos y que, por otro lado, fue vista con sospecha por los más clínicos. Aunque acepta que la psicología ha de limitarse a una fenomenología natural, advierte que el laboratorio del psicólogo analítico es el Visión cósmica mundo y, por lo tanto, propone siempre un entendimiento dinámico de la mente. Jung puso una atención desprejuiciada y lúcida en la educación y, de hecho, buena parte de la psicología pedagógica posterior a sus trabajos tomó buena cuenta de sus ideas, aunque no está de más recordarlas, porque parece que hemos vuelto a olvidar muchas cosas. Trató, frente a la tendencia freudiana, de no proyectar en la comprensión del mundo moral y psicológico del niño lo que es propio del adulto. Si queremos cambiar algo en los niños, primero debemos examinar si no sería mejor que lo cambiáramos en nosotros mismos. Educar para el crecimiento y la autonomía supone el autoconocimieno del educador, y no sólo de lo que le parece bien o mal. Desconfió de los discursos moralistas y apeló al ejemplo del comportamiento, es decir, de la vida real de los padres, cuya gravitación sobre el niño es mayor que un decálogo más o menos racional. En lo relativo al aprendizaje de la sexualidad, no estaba a favor de dar a los niños explicaciones falsas, pero tampoco de obligarles a aceptar las correctas, porque el niño (cuya experiencia no puede ser la del adulto) no accede de la misma forma al saber. Alertó acerca de la influen- Arriba, sentados, Freud (a la izquierda) y Jung (a la derecha) en la Universidad de Clark (1908) Abajo, galvanómetro utilizado por Jung y algunos de sus esbozos