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SÁBADO, 23 DE OCTUBRE DE 2010 abc. es ABC cultural n varias ocasiones a lo largo de su producción novelística, Mario Vargas Llosa ha migrado de las historias y ambientes peruanos que constituyen el centro natural de su ficción. La primavera vez fue en La guerra del fin del mundo (1981) que narra la rebelión de El Consejero en el sertón brasileño. Luego fue la República Dominicana, donde transcurre La fiesta del Chivo (2000) durante los años de la dictadura de Leónidas Trujillo. Uno de los hemisterios el que protagoniza Paul Gauguin en los que se divide El paraíso en la otra esquima (2003) nos lleva de París a Tahití y las Islas Marquesas. Y en Travesuras de la niña mala (2006) cada uno de los capítulos, salvo el primero, que ocurre en Lima, se sitúa en una ciudad distinta: París, Londres, Tokio, Madrid. Esto revela el creciente cosmopolitismo de su visión, que desborda los límites habituales de un escritor latinoamericano, pues resultan cada vez más estrechos para el impulso universal de la aventura humana. Todo esto tiene especial relevancia a la luz de la última novela del autor: El sueño del celta, que, sin ninguna exageración, debe considerarse una obra maestra, no sólo por su impecable ejecución, sino por la temeraria audacia de su concepción y la minuciosa documentación que supone. La idea de escribirla surgió cuando Vargas Llosa descubrió, leyendo una biografía de Joseph Conrad, que un tal Roger Casement había sido, aparte de un muy cercano amigo del gran escritor anglopolaco, la persona que le brindó la información esencial que lo movió a escribir El corazón de las tinieblas. Así se configura una triangulación entre Casement, Conrad y Vargas Llosa, cuyo hilo común es la colonización del Congo, centro de esta novela. E 05 es como un descenso al infierno. Presencia las más brutales formas de tortura; mutilaciones, decapitaciones, flagelaciones, incineraciones de cuerpos vivos, violaciones y matanzas ejemplarizantes de todos aquellos sin excluir niños, mujeres o viejos que no pudiesen entregar la cuota diaria de caucho a los amos blancos. En un angustioso proceso moral, Casement descubrirá que de su santísima trinidad personal de las tres C cristianismo, civilización y comercio con la que justificaba el colonialismo, lo único que sobrevivía era el último término; en verdad, lo demás era un simple pretexto para disimular la codicia y voracidad incontrolables del europeo por las nuevas riquezas que consolidarían su dominio del mundo. Con creciente horror, va comprobando que el hombre blanco puede ser más salvaje que los nativos a los que ellos mismos llaman salvajes En esas tierras se produce una terrible inversión de conceptos. Hay avances que parecen retrocesos a un momento anterior porque los agentes de la civilización resultan ser los nuevos bárbaros. Por ejemplo, la trinidad personal de Casement es la misma que invocaron los españoles para la conquista y colonización de América. Las palabras con las que el protagonista resume su experiencia en el Congo (eslavitud, asesinatos, mutilaciones) bien pueden aplicarse a esa y otras situaciones del pasado; Conrad, quien dice que Casement lo desvirgó sobre la realidad del Congo, cree que merece ser llamado el Bartolomé de las Casas británico por su defensa de los congoleños. Estas alusiones ahondan y enriquecen el tejido narrativo de la novela al proyectarla más allá de la historia que nos cuenta. Simultámente, Casement sufre en el Congo un secreto y atormentado proceso interior: aunque representa oficialmente al Gobierno inglés, en verdad se siente cada vez más un irlandés que sólo desea pertenecer a una nación independiente y soberana. Cree que los irlandeses están sometidos a una situación colonial que les niega su dignidad y sus derechos. Pese a que el proceso se inicia en el Congo, su radicalización ideológica tendrá el más inesperado escenario: la Amazonía peruana, donde ocurre la segunda parte de la novela. La razón es que, después de servir como cónsul en Manaos, el Foreign Office lo envía a la región del Putumayo para investigar la situación en las caucherías explotadas por la Peruvian Amazon Company propiedad del peruano Julio C. Arana que es legalmente una empresa inglesa. Esta nueva aventura de Casement, aunque parezca imposible, es todavía más terrible e infernal que la del Congo: las atrocidades, castigos y otros actos execrables desafían la imaginación más febril. Incluyen indecibles privaciones, niños doblados bajo los chorizos de caucho, cuyo peso es superior al de sus cuerpos, y hasta suplicios en un cepo medieval para rebeldes o indisciplinados. Tras más de un año de penosos trajines, investigaciones y entrevistas, el informe de Casement provoca un gran escándalo en Inglaterra y posteriormemte la caída y ruina del acaudalado Arana. En El cepo Las tres C El 3 de noviembre llega a las librerías El sueño del celta la última novela de Vargas Llosa. Adelantamos las claves de una obra maestra donde la documentación se alía con la audacia y el genio del nuevo Nobel Por José Miguel Oviedo Iniciada por Bélgica a fines del siglo XIX tras los pasos de exploradores, aventureros y comerciantes ingleses, norteamericanos y de otros países, tiene como propósito principal la explotación del caucho, material estratégico entonces para fines industriales y bélicos. Eran los comienzos del imperialismo y el colonialismo europeos en África, Asia y otros territorios. Esa expansión de las grandes potencias se hizo en nombre de una misión civilizadora, que sacaría de su triste condición a pueblos sumidos en el atraso y la pobreza. El paradigma de lo que en verdad ocurrió fue el Congo, muy rico en caucho. Colonizado por Bélgica, fue escenario de los peores crímenes imaginables bajo las órdenes del rey Leopoldo II, un hombre de increíble crueldad y responsable de un genocidio que sólo puede compararse con el de Hitler. Este es el marco histórico y el mundo concreto en el que actúa Roger Casement. Con raíces irlandesas por el lado materno, pero criado como un inglés, llega, muy joven, al Congo y entra a trabajar en la compañía belga antes de ser cónsul al servicio del Foreign Office. Lo movía un idealismo bastante ingenuo y una sed de aventuras estimulada por el ejemplo de exploradores como Stanley y Livingstone. Su experiencia de veinte años en África lo cambiaría profundamente: haber trabajado para los intereses belgas comunes con los de Inglaterra en el Congo Roger Casement (bajo estas líneas) es el protagonista de El sueño del celta cuyos destinos mueve Mario Vargas Llosa (arriba) por la Amazonía peruana, Irlanda y el Congo Belga. A la izquierda, el rey congoleño Basoo y cuatro de sus ministros en 1920