Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
SÁBADO, 3 DE JULIO DE 2010 www. abc. es ABC cultural 09 A C ntes de que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia así empieza La vorágine (1924) de José Eustasio Rivera, una de las grandes novelas del siglo XX, quizá la que más veces he puesto a leer a mis (resignados) estudiantes. Es la historia de Arturo Cova, contada por él mismo (un narrador del que no hay que fiarse demasiado y al que el propio autor ridiculiza) un muchacho de buena familia ¡y encima poeta! que abandona la ciudad y se interna en la selva, sin más equipaje que una mujer, su sensibilidad casi histérica y su enjoyada prosa modernista. El viaje de Cova es hacia la locura y la aniquilación y, en el trayecto, la mujer, la prosa y la sensibilidad del narrador se ven sometidas a tensiones extremas y se van transformando hasta volverse irreconocibles. Lo que estaba previsto para escribir filigranas o himnos tiene que enfrentarse a la vida insufrible de los esclavos del caucho, a la violencia ciega, a los indios, al sexo orgiástico, a la brutalidad más sádica, a la ferocidad de la naturaleza y a la (más feroz) de la naturaleza humana. Un día siente Cova, en la selva, una emoción romántica pero acto seguido afirma: Procuré manchar con realismo crudo el pensamiento Este episodio quizá resume el programa literario de Rivera. En el camino, Cova se desprende, como quien abandona una cáscara, de su propia identidad y también de la identidad nacional. Qué alivio. No pocas carcajadas he soltado cuando, en plena selva virgen, el tipo se empeña en que una mulata le diga si es o no colombiana. Ella no tiene ni idea de qué le habla, pero él insiste en saber cuál es su tierra Ésta onde me hallo responde la sabia mujer. La novela (manuscrito encontrado) termina con el último cable de nuestro Cónsul que cancela la búsqueda de Arturo Cova y sus compañeros: Ni rastro de ellos. ¡Los devoró la selva! olombia no es Disneylandia, porque no termina mucho mejor la otra gran novela colombiana, Cien años de soledad, con el último de una estirpe que acaba en el monstruo con cola de cerdo, y que nunca tendrá una segunda oportunidad sobre la tierra Con Rivera y García Márquez leyendo por encima del hombro, no debe de ser tan fácil escribir en Colombia, pero acabo de leer dos novelas excelentes. Los ejércitos, de Evelio Rosero, profundiza (más) en la línea de García Márquez, mientras que Zumbido, de Juan Sebastián Cárdenas, dialoga (más) con José Eustasio Rivera. Los ejércitos transcurre en un pueblo entre Macondo y Comala. Podría ser el mismo lugar de La LECTURAS Y RELECTURAS RAFAEL REIG UN RUIDO SAGRADO La novela colombiana quizá pertenezca al género de terror. La cuestión, como escribe Cárdenas, es dónde está el monstruo (con o sin cola de cerdo) de tantas historias actuales siesta del martes (el cuento de García Márquez) pero cuarenta años después, cuando ya nada tiene remedio y la vida ha sido desalojada por la guerra, la muerte y los desaparecimientos El narrador, un anciano que espía a mujeres, obseso ¿un monstruo? es lacónico y contundente, como la realidad que cuenta. El realismo mágico aquí ya se ha vuelto una espectral danza de la muerte. Parece un relato de García Márquez corregido (con más goma de borrar que lápiz) por Juan Rulfo. El efecto es hipnótico. En Zumbido, un narrador (parecido a Arturo Cova) al convertirse, tras la muerte de su hermana, en el último de su estirpe se interna en la vorágine, pero no la de la selva, sino la de una barriada de la ciudad. El trayecto es también un descenso al infierno, un viaje a la nada, a ese vórtice que le deglutirá, y que Cárdenas convierte en una liberación: Pensé en la identidad como en una pequeña fortuna familiar que me hubieran confiado desde niño, una cantidad que tendría que haber administrado hábilmente hasta el final de mis días y que yo había optado por malgastar hasta la bancarrota o que hace Cárdenas con el realismo mágico es lo mismo que hace Arturo Cova con su romanticismo: mancharlo de realidad, corromper el espíritu a través de la materia. En su selva urbana se encuentra con el culto de la Santa Panchita, una de esas religiones que sólo están al alcance de los más pobres. Estos tipos graban conversaciones al azar en casetes y las convierten en sus evangelios de barriada. Algunas son anécdotas de los vecinos. Otras son canciones, canciones tristes, alegres, canciones de fiesta, como los salmos. Muchas son historias de cómo se formó el barrio. Sólo que la cinta más importante, con la voz de la Santa Panchita, se la come un perro y, cuando la extraen de los intestinos del animal, corroída por jugos gástricos, ya sólo se oye un zumbido. Como es natural, deciden declararlo ruido sagrado porque al fin y al cabo también cuenta algo, aunque la voz de la Santa Panchita pasó a otro estado en el que intentaba comunicar otra cosa y no la misma historia de siempre Esto es lo que, creo yo, han querido hacer Cárdenas y Rosero con la tradición literaria: que cuente otra cosa. La novela colombiana quizá pertenezca al género de terror. La cuestión, como escribe Cárdenas, es dónde está el monstruo (con o sin cola de cerdo) de tantas novelas actuales: El monstruo es el adulterio o la enfermedad, nunca la revolución, que ya no forma parte de las opciones disponibles se nos permite cultivar en secreto una vida salvaje, alguna dependencia, alguna fantasía, una parafilia grotesca ¿Era eso lo que yo quería? L Lecciones de provincianismo Email recibido esta semana: Vi la exposición de Le Corbusier en la Residencia: aburrida, repetitiva. Todavía con la idea de que éramos África y nos iluminaba un talentito Abrimos el debate ESCRITORES POR debajo de los 40 años, procedentes de todo el mundo, están en la lista que ha configurado The New Yorker Si van a su página web, averiguarán a quién hay que seguir 20 La Lady Gaga española Nuevo mote que circula por el panorama cultural patrio: la Lady Gaga española. Con un poco que le den a la imaginación, seguro que descubren quién puede ser. Un pasatiempo de verano