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Libros 22 NO IMPUNES CRIME ET CHÂTIMENT JEAN CLAIR (DIRECTOR) Gallimard- Musée d Orsay París, 2010 416 páginas, 49 euros ca. Por eso resulta fascinante que Jean Clair, de la Academia Francesa, haya tenido el acierto de proponer en una exposición un recorrido por la relación entre transgresión, evaluación de la culpa y castigo del criminal. La combinación de objetos de significado contundente (cabezas de delincuentes en cera, puertas de prisiones con inscripciones de despedida de condenados a la pena capital) esconde una apuesta enciclopédica e ilustrada en un envoltorio de corrección política. Lo cual crea confusión ante el espectador, que no acaba de creerse el sermón. A saber, que el progreso y la Grandeur nos han hecho moralmente mejores, hasta tal punto que abolimos la pena de muerte, ya no creemos que haya criminales de nacimiento y pensamos que, en el fondo, todos somos buenos. Este recorrido muestra lo contrario. El punto de partida se ajusta al imaginario republicano, porque una guillotina en perfecto estado de conservación abre paso a la sección 1791. La muerte igualitaria El aspecto propagandístico se refleja en los magníficos cuadros referentes al asesinato de Marat por la bella Carlota Corday, en versiones de David o Baudry. La visión de cabezas cortadas por doquier da paso a las Figuras del crimen romántico Imágenes de Blake, Goya y Delacroix exploran temas de violencia individual y gregaria. La extrema crueldad de los castigos aplicados inicia la tercera sección, La justicia abierta por un llamamiento a la misericordia de Víctor Hugo. La visión de objetos, ejecuciones y agarrotamientos abre paso a lo mejor de este catálogo, El crimen y la ciencia. La edad del positivismo El tratamiento del criminal como enfermo muestra la medicalización del mal En el tránsito hacia los tiempos modernos, Clair recoge la fascinación de la prensa sensacionalista por crímenes horrendos y culmina con una apoteosis surrealista (Breton, Giacometti) de cadáveres exquisitos y con la abolición de la pena de muerte en Francia en 1981. No es de extrañar que entre los patrocinadores haya contado con una firma de abogados muy activa en la parisina corte de apelación. MANUEL LUCENA GIRALDO PASIÓN BIBLIÓPATA TOCAR LOS LIBROS UNIVERSO TARKOVSKI ANDREI TARKOVSKI Todos somos buenos JESÚS MARCHAMALO Prólogo de Luis Mateo Díez Fórcola. Madrid, 2010 80 páginas, 9,50 euros CARLOS TEJEDA Cátedra. Madrid, 2010 408 páginas, 13,50 euros n 1866 Dostoievski publicó su novela Crimen y castigo. Veinte años después, Stevenson situó en las brumas londinenses El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Seguimos sin saber si el arte precede a la vida o es al contrario, pero, al poco, Jack el destripador hizo de las suyas y acabó con la vida de unas cuantas inocentes operándolas con meticulosidad científi- E El asesinato de Marat (1860) de Baudry (arriba) es uno de los cuadros que ilustran el catálogo de Crimen y castigo esús Marchamalo es un bibliópata. Está aquejado del mal del libro. Los síntomas no siempre se distinguen a primera vista. Lo mejor es identificarlos a partir de las obras firmadas por el bibliópata en cuestión, que en este caso son reveladoras a más no poder, pues portan títulos como La tienda de palabras, 39 escritores y medio y 44 escritores de la literatura universal, tres delikatessen publicadas en Siruela, o Las bibliotecas perdidas, un primor auspiciado por Renacimiento. Si uno se ha paseado por esos libros, aunque haya sido superficialmente, se habrá dado cuenta de en qué consisten esos síntomas: amor convulso a la literatura, pasión desaforada por el libro y fetichismo en dosis descomunales. Pero de todos sus libros el que más riza el rizo de la perversión y del morbo en este tipo de materias es Tocar los libros, cuya tercera salida, digna de Don Quijote, acaba de aparecer. Dice Marchamalo que Tocar los libros es su libro preferido, y lo entiendo, porque es una auténtica maravilla. Es, además, un opúsculo muy práctico: la última de sus cuatro secciones, Libros esguardamillados nos sirve entre otras cosas, más allá de los libros, para identificar con ese adjetivo verbal a todos los que sobrevivimos en esta España de paro galopante y desgobierno socialista. LUIS ALBERTO DE CUENCA J c ababa de cumplir 30 años cuando La infancia de Iván, la primera película que rodó después de graduarse en la Escuela de Cine VGIK de Moscú, obtuvo el León de Oro del Festival de Venecia. Tras este brillante comienzo, Andrei Tarkovski (1932- 1986) solo encontró obstáculos por parte de las autoridades soviéticas, temerosas de la creatividad desbocada del joven cineasta. En 1966 pudo filmar Andrei Rublev, aunque la película no se autorizó en la URSS hasta 1971. Pese a las limitaciones, Tarkovski rodaría otros cuatro largometrajes Solaris (1972) El espejo (1974) Stalker (1979) y Nostalgia (1983) antes de refugiarse en Suecia y rodar allí su testamento fílmico, la prodigiosa Sacrificio (1986) Un cáncer le impidió recoger el Gran Premio del Jurado que ese año otorgó el Festival de Cannes al filme y acabó meses después con la vida de este poeta del cine, al que bastó un puñado de películas intensas, luminosas, para consagrarse como uno de los más grandes directores europeos. De toda esa trayectoria da cuenta este libro que analiza con rigor el universo tarkovskiano, se adentra en los puntos de contacto entre autobiografía y ficción, despliega sus estrategias narrativas, desmenuza su pensamiento cinematográfico y pasa revista a toda su filmografía y sus proyectos. Un trabajo exhaustivo. JUAN I. GARCÍA GARZÓN A