Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
a. ColeCtiva sIn posIbIlIdad de catarsIs el CrepúsCulo de los ídolos ColeCtiva galería casado- santapau. MadrId c conde de xIquena, 5 coMIsarIo: raúl ZaMudIo www. casadosantapau. coM Hasta el 5 de junIo en la tierra del lobo. sobre estas líneas, ManIMal (2005) anIMacIón dIgItal de carlos aMorales, uno de los cInco artIstas de la colectIva el crepúsculo de los ídolos (MadrId, 2010) apunta Zamudio, sino a asumir el diagnóstico nihilista para realizar acciones decisivas que no tengan ni lo escatológico, ni la melancolía como destinos inevitables. un perfil bajo. si a finales de los ochenta los artistas realizaban instalaciones que, en muchos casos, derivaban hacia cierto manierismo estilístico o manifestaban una pulsión wagneriana, en este siglo marcadamente demoledor tenemos al mismo tiempo una suerte de regodeo en lo anecdótico junto a un juego de las sugerencias que revela un perfil bajo. aquella desencantada bienvenida al desierto de lo real que formuló Matrix la prolonga Avatar en una alteridad descafeinada justo cuando lo conspiratorio (fruto de la dimensión vírica del terrorismo) no es mero producto de la paranoia. el mundo verdadero se ha convertido en una fábula y aquello que era trágico es desconcertantemente patético. en las últimas líneas de El crepúsculo de los ídolos, nietzsche desborda lo que llama el malentendido aristotélico esto es, su concepción de la catarsis como aquello que nos libera del espanto y de la compasión para defender el placer destructivo, que no es otra cosa que la afirmación del poder. sin duda, Zamudio no está pensando ni en el eterno retorno de lo mismo, ni en el superhombre ajeno a la compasión cuando selecciona a una serie de artistas que, según su opi- fernando castro flórez raúl Zamudio toma el título de la muestra de uno de los libros más polémicos de nietzsche: El crepúsculo de los ídolos. desde la muerte de dios, enunciada por boca cínica (justo cuando comienza la tragedia) en La gaya ciencia, surge un cierto tono funerario que impone en el ánimo moderno tanto la conciencia de la muerte del autor cuanto la certeza del fin de la Historia, esto es, el desbordamiento de una episteme centrada en el sujeto como foco intencional y de sentido. aquella culpa (vinculada a la deuda y a la mala conciencia para conformar la rígida responsabilidad que arrastra onto- teológicamente el hombre occidental puede ser entendida como un juicio que jamás se celebra, una demora kafkiana en la que el vacío (de la ley) o la inconsistencia (del ídolo) no dejan de imponer su poder y, por supuesto, el pavor extremo. el tono apocalíptico (capaz de certificar incluso la muerte de la idea de la muerte) que conlleva la filosofía postmoderna no tendría en principio que obligarnos a reinventar nuevas formas de salvación tal y como nión, reconocen la multiplicidad de los ídolos contemporáneos. en la animación digital de carlos amorales vemos un mundo sombrío dominado por pájaros de mal agüero y perros o lobos que corren imponiendo una sensación de miedo inevitable. emma Mccagg plasma en sus pinturas la dimensión perversa y polimorfa de la infancia, mientras abdul vas plantea una mise en abyme de la pornografía por medio de esa boca de la actriz que multiplica la lengua felatriz. Mientras riiko sakkinen da rienda suelta al sarcasmo para atacar distintas formas de poder, realizando una tergiversación de iconos que tienen en sí mismo algo de cómicos, gabriel de la Mora dibuja con cabellos y enorme sutileza autorretratos en forma de pollo o de gato, convirtiendo la subjetividad en un esqueleto que es tan hipnótico cuando inquietante. javier téllez, uno de los artistas actuales que más me interesa, presenta una fotografía titulada Oedipus Wedding (Oedipus Marshall) de 2006, que resulta tal vez hermética para aquéllos que no conozcan la película de la que forma parte. con los pacientes del oasis club House (un centro psiquiátrico de gran junction, en colorado) téllez propone una versión de Edipo Rey de sófocles en clave western. los pacientes, entre los que estaba aaron shelley, un esquizofrénico que había estudiado cine en ucla y que trabajó como co- guionista, actuaron con máscaras de teatro japonés no. el mito fundacional americano, la ensoñación de la última frontera, friccionan tanto con la enfermedad mental cuanto con la culpa trágica que conduce al horrendo acto del rey arrancándose los ojos. un juego sin fin. si al final de la obra de tellez los protagonistas muestran sus rostros, nietzsche pensaba que el juego del enmascaramiento no terminaba jamás. el ídolo resuena porque está literalmente vacío. Hemos eliminado leemos en un pasaje decisivo de El crepúsculo de los ídolos el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado? ¿acaso el aparente? ¡no! ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente! en el instante de la sombra más corta, en el final del error más largo, ya no hay posibilidad de catarsis. Y, a pesar de que la impureza sea endémica, no todo está podrido ni podemos ejercer de enterradores. de nuevo el saber discurre entre el monstruo y el fósil, custodiando fetiches que se corresponden a nuestro ánimo desfallecido. n Zamudio no pensó ni en el eterno retorno, ni en el superhombre al seleccionar a unos artistas que reconocen la multiplicidad de los ídolos contemporáneos abCd 30