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L. ESCAPARATE UN TRAGO ANTES DE LA GUERRA DENNIS LEHANE TRADUCCIÓN DE RAMÓN ESPAÑA RBA. BARCELONA, 2009 336 PÁGINAS, 15 EUROS PUENTES EN EL DESIERTO. AFUERISMOS ÁNGEL DE FRUTOS SALVADOR PRÓLOGO DE AGUSTÍN GARCÍA CALVO DIBUJOS DE LUIS GORDILLO JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN. VALLADOLID, 2009 118 PÁGINAS, 10 EUROS Próxima a la órbita de Cosecha roja, de Hammett, Un trago antes de la guerra, primera obra de Dennis Lehane (1965) cuenta una sangrienta historia de violencia urbana, políticos perversos y bandas juveniles que se matan para hacerse con el mercado de la droga en los barrios marginales de Boston. La novela inaugura una serie protagonizada por la pareja de investigadores privados Patrick Kenzie- Angela Gennaro, dos arquetipos del private- eye norteamericano que siguen las pautas convencionales del modelo patentado: frases cortantes, diálogos ingeniosos y enjutos, y ca- FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ pacidad sobrehumana para arrostrar cualquier peligro y salir indemnes y victoriosos. La novela destaca sobre otras del mismo estilo, sin embargo, por la acentuada visión escéptica en torno a una realidad de degradación urbana que parece estar desahuciada y fuera de control. Lehane es, sin duda, uno de los auténticos maestros del género negro, pero no dio la verdadera talla de su talento hasta que no rompió decididamente con la mímesis de los tópicos aceptados y salieron a la luz Mystic River (2001) una verdadera obra cumbre, y Shutter Island. Para bien. SEÑALES QUE PRECEDERÁN AL FIN DEL MUNDO YURI HERRERA PERIFÉRICA. CÁCERES, 2009 123 PÁGINAS, 14 EUROS Esta primera obra de creación de Ángel de Frutos se parece en más de un aspecto a la Flor de aforismos peregrinos que menciona Miguel de Cervantes al final de Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Se presenta también como un libro que recopila dichos agudos, insólito y exquisito, cuyo subtítulo, Afuerismos, avisa ya al lector de que se interna por los descampados del ser y del lenguaje. Esquivo a la clasificación por géneros ¿filosofía? ¿poesía? ¿mínimos parlamentos de teatro? las ráfagas verbales de este libro consuenan con una corriente sumergida que atraviesa nuestra cultura desde sus primeros tiempos: los oráculos de Delfos, los poemas órficos, el libro de Heráclito, los susurros transcritos de Maria Magdalena dei Pazzi, los fragmentos de Friedrich Nietzsche, los cuadernos de Simone Weil, o el Breviario de la aurora, de Rafael Argullol, por referirme a un ejemplo español reciente. MATERIA ACUÁTICA. Puentes en el desierto comparte con estos textos dos características. Por una parte, el rechazo a otorgar completamente su sentido, obligando al lector a salvar el vacío mediante un salto desde su experiencia personal. Y, por otra, su permeabilidad a la materia acuática del lenguaje, dejando afluir en la página los meandros del habla que, desde hace generaciones, remansan el sentido en frases hechas por nadie. Ángel de Frutos amplía en su libro la resonancia de esos dichos, aparentemente insignificantes falta que hace erre que erré ni qué ALFREDO MATEOS PARAMIO niño muerto el fin justifica los miedos la voz que calma en el desierto y revoca y apela juicios de Luis de Góngora, Franz Kafka, Miguel de Unamuno, James Joyce y otros fantasmas de la cultura a los que se refiere Agustín García Calvo en su prólogo, convidados a la cena de cenizas de este libro singular. ESQUIRLAS DE FRASES. Quizás Puentes en el desierto no hubiera sido posible sin la práctica como psicoanalista de Ángel de Frutos, editor en español de las variantes textuales de Jacques Lacan. En estas páginas hay palabras de mucha gente escuchada, herida por esquirlas de frases que queda- LIBRO INSÓLITO Y EXQUISITO EN EL QUE ÁNGEL DE FRUTOS RECOPILA DICHOS AGUDOS Y AMPLÍA SU RESONANCIA: FALTA QUE HACE EL FIN JUSTIFICA LOS MIEDOS LA VOZ QUE CALMA EN EL DESIERTO ron alojadas en su cuerpo. A uno lo tienen las palabras: impuestas, prohibidas, insignificantes, repetidas. Ángel de Frutos les da forma de paradoja, y permite al lector, nuevo Perseo, contemplar en su superficie pulida lo insoportable: el rostro oscuro de la madre, la soledad en pareja, los muertos sin descanso, el retorno tenaz de lo olvidado. La segunda novela de este narrador mexicano lo confirma como escritor que sabe urdir una trama intensa y manejar un lenguaje original, tan capaz de revelar una realidad social miserable y angustiosa como de elevar poéticamente lo humilde y cotidiano hasta alcanzar proporciones simbólicas. Eso sí, ese simbolismo tiene algo de argumento kafkiano trasladado a las bardas fronterizas de México y Estados Unidos. La historia que nos cuenta pertenece a una corriente literaria nacional: la que pone en el centro del foco de la ficción las historias de espaldas mo- ARTURO GARCÍA RAMOS jadas fugitivos, aventureros, contrabandistas e ilusos buscadores de sueños y jaujas La protagonista es una joven que debe llevar un mensaje a su hermano, quien abandonó su país y cruzó ilegalmente la frontera para reclamar un espejismo. En su periplo va contactando con toda clase de siniestros carontes que la llevan de viaje al infierno. La novela está llena de méritos. El de superar el patetismo a través de un lenguaje escueto, vigoroso y poético, casi completamente jergal, no es despreciable. Priva, sin embargo, al lector de inferir un mensaje que el novelista hace demasiado explícito al final. LA CANCIÓN DONDE ELLA VIVE DANIEL RUIZ GARCÍA CALAMBUR. MADRID, 2009 194 PÁGINAS, 12,50 EUROS EN PIEL Y HUESOS (ANTOLOGÍA POÉTICA 1987- 2008) ELÍAS MORO PRÓLOGO DE MIGUEL ÁNGEL LAMA EDITORA REGIONAL DE EXTREMADURA. MÉRIDA, 2009 144 PÁGINAS, 9 EUROS Esta novela de Daniel Ruiz García juega con algo que debería ser más frecuente en la temática de nuestra joven narrativa y que, sin embargo, escasea: la deuda con el rock y su manera de enfrentarse al mundo. Conozco pocas, casi ninguna de calidad, salvo dos debidas a Francisco J. Satué, escritas hace años, a las que hay que añadir Deseo de ser punk, de Belén Gopegui; de ahí que estas páginas, plagadas de referencias casi exclusivas al mundo de la canción, me hayan llamado la atención. Pero su aportación no es sólo sociológica, sino que mantienen una calidad JUAN ÁNGEL JURISTO literaria sobresaliente en este tipo de literatura. Se podría decir que el tono de La canción donde ella vive es demasiado lírico y reiterativo, lo que es cierto, pero también que es lo que conviene a una narración que juega desde el primer momento con la idea del Paraíso, ni que decir tiene que conformado con el espíritu del rock de la década de los sesenta. Además, da una idea del tono del libro la ausencia total de diálogos, en justa coherencia con lo que se quiere contar, pero que nos habla también de cierto coraje ante lo que se lleva. Señala Miguel Ángel Lama, en el prólogo a En piel y huesos, que una de las características de Elías Moro es el afán por la recopilación, por la colección, que está en mucho de lo hecho por este autor que se asomó por primera vez al panorama editorial en 1987 con una breve entrega poética Sin duda, este volumen es una clara confirmación de las palabras de Lama, quien también, significativamente, titula su prólogo La pasión del coleccionista Recoge aquí Elías Moro más de veinte años de actividad literaria, en la que básicamente se ha centrado en la poesía, C. R. S. con títulos como, entre otros, Contrabandos, Casi humanos (Bestiario) y La tabla del 3, y alguna incursión en otros géneros: así su libro de relatos Óbitos súbitos. Algunos de los asuntos eternos de la poesía, como el amor o el transcurrir del tiempo, adquieren en Elías Moro, quien vive apartado de cenáculos e intrigas, que no pocas veces distorsionan la apreciación de una obra un nuevo y singular aliento, que le convierte en una voz muy a tener en cuenta en el ámbito poético de nuestras letras. Moro nació en Madrid en 1959, aunque desde finales de los ochenta está afincado en Mérida. ABCD 26