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L. NARRATIVA ANDRÉS NEUMAN Y LOS ATLAS DEL TIEMPO CON TÍTULOS COMO BARILOCHE Y UNA VEZ ARGENTINA A LOS QUE AHORA SE UNE EL VIAJERO DEL SIGLO PREMIO ALFAGUARA 2009 NEUMAN HA LOGRADO UN MERECIDO RECONOCIMIENTO FERNANDO IWASAKI Voy a ser rotundo desde el principio: no creo que haya otro autor en lengua española desde los tiempos de la generación del Boom que a la edad de Andrés Neuman haya producido una obra tan rica y diversa, tan sólida y coherente, y que disfrute al mismo tiempo del conocimiento y del reconocimiento en ambas orillas del mundo de habla hispana. En Bariloche (1999) su ópera prima Demetrio Rota, basurero de Buenos Aires, puebla su tiempo libre armando rompecabezas mientras encaja en su memoria las huidizas piezas de su vida. En La vida en las ventanas (2002) una novela anterior a la existencia de Second Life un solitario adolescente llamado Net se construye un mundo alternativo gracias a internet, donde la realidad virtual se le antoja tan sólida como los fragmentos virtuales de su realidad. Todas esas intuiciones y ambiciones alumbraron Una vez Argentina (2003) novela extraordinaria en la que Neuman descubrió que los atlas son arbitrarios rompecabezas que se arman a través de los años, consiente la literatura policial porque hay un delincuente, cuyos crímenes nos tienen en vilo hasta el final; por otro lado, es un compendio de ensayos y críticas literarias porque los personajes discuten en un salón que nos recuerda las tertulias de la Ilustración, y por último estamos ante una novela que se atreve con la literatura erótica. REGISTROS FASTUOSOS. Sin embargo, Neuman no se conforma con esta exuberancia de géneros, porque las técnicas y registros de El viajero del siglo son igual de fastuosos que su variedad temática. Así, uno encuentra monólogos interiores y recursos dramáticos, traducciones literarias y miniaturas epistolares, junto a poemas, aforismos y greguerías sabiamente diseminados. Es decir, una obra que recrea el paisaje y la cultura europea del siglo XIX con las técnicas narrativas del siglo XX, y que no quiere ser una novela decimonónica sino una ficción poseída por los grandes asuntos políticos y sociológicos de la modernidad: el temor al otro extranjero, la ciudadanía transnacional, los derechos de la mujer y el malestar cultural. A primera vista uno podría creer que bajo El viajero del siglo laten solamente Chéjov y Tolstói, aunque a la vista del resultado estoy persuadido de que el modelo es El Quijote, que no es una novela de caballerías, pero que Cervantes jamás habría escrito sin las novelas de caballerías. Así, por más que El viajero del siglo no sea una novela decimonónica, sin Ana Karenina o Guerra y paz simplemente no existiría. No deseo concluir sin cumplimentar al personaje más conmovedor de la novela: el viejo músico ambulante. Andrés Neuman sabe que yo sé cuánto significan para él la música y las personas queridas con música. El entrañable organillero se lo explicó así a Hans: En el fondo tocar no es importante, ¿sabes? Lo importante es escuchar. Si escuchas, siempre hay música. Todos llevamos música Por eso lo más hermoso de El viajero del siglo es la música, la que hace cantar y bailar a los personajes, la que enciende discusiones en las tertulias, la que recorre las calles de Wandernburgo y la que perfuma toda la novela desde la dedicatoria hasta la última línea, cuando descubrimos que Hans viaja con el organillo dormido dentro de su estuche de madera, porque tú sabes que yo también sé, querido Andrés, que todos los instrumentos que duermen dentro de sus estuches son casi un corazón. ERNESTO AGUDO OBRA POSEÍDA POR LOS GRANDES ASUNTOS DE LA MODERNIDAD: EL TEMOR AL OTRO EXTRANJERO, LA CIUDADANÍA TRANSNACIONAL, LOS DERECHOS DE LA MUJER porque algunas piezas se desplazan por el mundo trenzando genealogías de horarios imposibles y geografías caprichosas. COMPLEJA Y AMBICIOSA. El viajero del siglo es una novela compleja, sugerente y ambiciosa, porque Neuman ha querido que su libro sea en el dominio estrictamente literario tan excéntrico, apátrida y extraterritorial, como podría serlo cualquier granadino de origen polaco que haya nacido en Argentina o peor todavía cualquier sevillano de origen japonés que haya nacido en Perú. Estamos ante una novela que participa de la literatura fantástica porque Wandernburgo es una ciudad que se mueve y cuyo paisaje cambia constantemente; también es un libro de viajes porque sus personajes recorren varios países y narran sus impresiones sobre las tierras más remotas; al mismo tiempo LA HORA DE LA CONSAGRACIÓN CIUDAD MÓVIL. HASTA WANDERNBURGO, EN LA ALEMANIA POSNAPOLEÓNICA, NOS TRASLADA EN ESTA NOVELA ANDRÉS NEUMAN (EN LA IMAGEN SUPERIOR) EL VIAJERO DEL SIGLO ANDRÉS NEUMAN PREMIO ALFAGUARA DE NOVELA 2009 ALFAGUARA. MADRID, 2009 540 PÁGINAS, 22 EUROS MIGUEL GARCÍA- POSADA Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) es un gran escritor; en realidad, es ya un gran escritor; el adverbio apunta a designar una realidad dada, no una promesa de perfiles inciertos. Camino nada corto el recorrido por el joven escritor argentino afincado en Granada, con tres novelas en su haber, varios libros de relatos, una colección de aforismos y un conjunto de libros de poesía que, agrupados bajo el título Década, ha visto recientemente la luz. La madurez creadora de Neuman no ha sido fruto gratuito ni obra del azar. Esta novela, El viajero del siglo, ratifica plenamente la excelencia narrativa del escritor. La descripción que se hace de Wandernburgo, la ciudad en la que discurre el relato, es ejemplar al respecto. El narrador no se limita a darnos la imagen de una ciudad, sino que nos otorga su olor, color, sabor, la calidad de los cuerpos, las luces cambiantes del día, las va- rias morfologías de sus habitantes; todo un orbe, en suma, cuya mostración le es posible sólo a quien calza más puntos de lo habitual. Porque es la ciudad toda de Wandernburgo, ciudad móvil la que resulta incorporada por estas páginas memorables, que la ofrecen íntegra en una empresa única de transposición. Esas páginas no están solas; aduzcamos las páginas finales sobre el viento sus acciones, sus atributos que hacen de él no sólo una fuerza extraordinaria de la naturaleza, sino un inquietante demonio equívoco de belleza y terror. Hay que pensar en escritores de la talla de Alejo Carpentier para encontrar equivalente a la arquitectura sintáctica de Neuman, que se muestra aquí como un virtuoso de la escritura. DE PURA LEY. El viajero del siglo es un alarde idiomático sin que entendamos demasiado bien qué quiso decir Neuman cuando en unas declaraciones se refirió al carácter híbrido de su discurso. Nada de hibridismos: castellano de la más pura ley vinculado de modo muy preciso a nuestra tradición clásica. No es en suma moderno el idioma que maneja el autor, sea dicho en su honor. El viajero del siglo es también una ABCD 12