Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
L. POESÍA ENSAYO COMUNICADOS DE LA TORTUGA CELESTE ANDRÉS IBÁÑEZ ¿Tienen los gobiernos el derecho de hastiarnos? N adie pensó que el desarrollo de la democracia occidental iba a dar lugar, en los inicios del siglo XX, a un nuevo sistema político en el cual el gobierno en vez de oprimir a los ciudadanos, organizar su vida o ayudar a los necesitados, iba a tener como objetivo principal el de aburrirles a muerte. Un aburrimiento que no es pasivo, sino apremiante, exigente, y que deja al individuo sumido en la ansiedad. El signo de esta ansiedad tiene un carácter curiosamente paradójico. Se obliga a los ciudadanos a ser a la vez muy rápidos y muy lentos. Esto lo vemos en las nuevas medidas de tráfico: se nos obliga, por ejemplo, a conducir muy despacio. Pero conducir tan despacio (por ejemplo, a 30 km. por hora en un túnel) tiene un efecto muy estresante. El estrés clásico, como sabemos, se produce cuando se nos obliga a hacer las estudio de mi hijo de diez años, les dicen que aparte del tiempo destinado diariamente a los deberes tienen que dedicar dos horas y media al día a estudiar Ahora entendemos que el fracaso del sistema escolar español se debe, quizá, no a que los niños no estudien, sino a que se espera de ellos que estén todo el día estudiando. A LOS DIEZ AÑOS. Mi hijo está siete horas en el colegio, más dos horas y media de estudio, más una hora (por lo menos) diaria de deberes: diez horas y media al día dedicadas al estudio. ¡A los diez años! ¿Cuántas horas dedicará cuando esté en la universidad? Los profesores de mi hijo están enseñándole a sentir (a) ansiedad y (b) tedio. Parecen convencidos de que es lo que la sociedad espera de ellos. Es posible que ellos mismos sean también víctimas del sistema. El aburrimiento se extiende a todos los ámbitos profesionales. Profesores, médicos e investigadores tienen que dedicar cada vez más horas de su tiempo a rellenar papeles, a satisfacer estadísticas, a hacer informes y, en fin, a justificar que hacen lo que hacen, a explicar por qué hacen lo que hacen, y no sólo a trabajar, sino a demostrar también que han trabajado. Ya que una de las premisas del estado del aburrimiento es que todos los que trabajan son unos sinvergüenzas y unos tramposos a los que hay que atar corto y someter a controles y escrutinios constantes. Tengo un amigo que trabaja en el CSIC. Es investigador desde hace muchos años, y me cuenta que últimamente para lograr que le paguen todos los complementos de su sueldo tiene que dedicar una buena parte de su tiempo a hacer trabajos educativos tales como escribir artículos de divulgación, dar charlas en colegios o contestar a las preguntas que hacen los niños en una página web. Esto es outreaching, llevar la ciencia a la sociedad Pero él es un científico, tiene un trabajo que hacer y no siente el menor interés por llevar la ciencia a la sociedad No es esa ni su vocación ni su profesión. Mi amigo también está, como casi todos, hastiado y agobiado. No le exigen que trabaje más o que trabaje más rápido. Le exigen que esté aburrido haciendo cosas que no quiere hacer, que no le interesan y que no le estimulan. ¿Tienen los gobiernos (europeo, nacional, autonómico) el derecho a hastiarnos? AHORA ENTENDEMOS QUE EL FRACASO DEL SISTEMA ESCOLAR ESPAÑOL SE DEBE, QUIZÁ, NO A QUE LOS NIÑOS NO ESTUDIEN, SINO A QUE SE ESPERA QUE ESTÉN TODO EL DÍA ESTUDIANDO cosas a una velocidad superior a la que nos es natural. El nuevo tipo de estrés surge cuando se obliga al individuo a hacer algo mucho más despacio de lo que lo haría naturalmente. Frente al estrés de la prisa, el nuevo estrés del tedio. LA VIDA CONTEMPORÁNEA. Los ejemplos de este nuevo tipo de estrés están por doquier y constituyen el signo característico de la vida contemporánea. Los estudiantes universitarios que quieren hacer oposiciones a la enseñanza, por ejemplo, tienen que dedicar ahora dos años enteros de sus preciosas vidas a aprender pedagogía y didáctica. Dos años de pedagogía son dos años de aburrimiento. Pero además los nuevos másters son (a) muy caros y (b) tienen muchas más horas diarias que los antiguos cursos de propósito similar. De modo que al estrés de los altos precios se une el estrés paradójico de la interminable duración. Estrés compulsivo de obligación y estrés dilatorio de aburrimiento. El aburrimiento comienza ya en el colegio. En la clase de técnicas de ABCD 22