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MIKEL CASAL A LA INTEMPERIE J. J. ARMAS MARCELO En Buenaventura C ada cinco semanas, las gentes de ABCD nos damos un homenaje en Buenaventura: un cada vez más sorprendente cocido que cada uno se paga de su bolsillo. Y otorgamos un premio al mejor artículo del mes: una invitación a ese mismo cocido suntuoso. Hemos premiado, propuesto por Fernando Castro Flórez (yo no voté) un artículo de Vargas Llosa sobre los museos peruanos. Castro hace, ante el cocido, el florilegio y la laudatio. Andrés Ibáñez, desde el otro lado de la mesa, nos fotografía como si fuéramos los Soprano: con baberos color vino y rostro de comilones. También por encima de la mesa me confiesa que Eduardo Lago, el novelista de Brooklyn, conoce al enano de Twin Peaks. Marchamalo interviene: la otra noche lo vio salir del Hispano. Iba riéndose con su pequeñez de canalla: Ji, ji, ji Para cambiar de tema, Fernando R. Lafuente le pregunta a Vargas Llosa por la novela de Casemont, El sueño del celta, la que está escribiendo. Y el novelista nos explica una vez más quién es ese personaje que ha terminado por obsesionarlo literariamente. ROGER CASEMONT ES UN PERSONAJE DE NOVELA. LE DESCUBRE A CONRAD EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS DEL CONGO, INFORMA CONTRA EL REY LEOPOLDO, ES IRLANDÉS, DIPLOMÁTICO INGLÉS EN VARIAS GEOGRAFÍAS Y TERMINA SIENDO UNO DE LOS FUNDADORES DEL IRA Roger Casemont merece la pena, porque es un personaje de novela. Le descubre a Conrad el corazón de las tinieblas del Congo, informa contra el rey Leopoldo (dueño personal del Congo, entonces) es irlandés, diplomático inglés en varias geografías y termina siendo, entre otras cosas, uno de los fundadores del IRA. Sus Dark Diaries son un ambiguo referente de su vida: nada hay más peligroso que la memoria escrita. Los historiadores se han pasado los años desentrañando el mal de esos escritos, unos, y el bien de esos mismos papeles, algunos otros. Al final, hay empate, pero a Roger Casemont terminaron los ingleses por colgarlo en Londres. Como espía alemán, como terrorista irlandés, como pederasta, como lumpen aristocrático. Desde hace tres años, escucho esa historia de boca de Vargas Llosa. Intuyo que la novela va creciendo. Lo llamé por teléfono la otra mañana, para que me diera su opinión del cambio de gobierno de Zapatero, el estadista (así lo llama cínicamente el enano de Twin Peaks) No sé nada me contestó desde su casa de Madrid, yo estoy ahora en la Amazonía persiguiendo a Casemont El cocido de Buenaventura es rabelesiano: sopa espléndida, garbanzos de Fuentesaúco inmejorables y fuentes de carnes dignas de fiestas pantagruélicas. Castro Flórez cuenta entonces algunas de sus aventuras por parajes inexistentes, lupanares que va inventando sobre la marcha, aventuras finalmente frustradas con muchachas en flor que prometen venir al próximo cocido. No hay veto previo en el premio de ABCD al artículo del mes, aunque procuramos no dárnoslo a ninguno de los que escribimos en este suplemento. A decir verdad, esto que digo se hace muy difícil. Yo premiaría un mes sí y el otro también los artículos de Andrés Ibáñez, donde aprendo tanto, y las interminables y geniales peroratas de Castro Flórez, erigido en chamán de la palabra de ficción en estas comilones excelentes. Alguien dice que pronto premiaremos a Javier Marías. Todo el mundo me mira, a ver qué digo. No me opongo, subrayo. Están ustedes muy atrasados, añado enigmáticamente. Después hablamos del libro de Cercas sobre el 23- F, Anatomía de un instante (Mondadori, 2009) Hay criterios dispares, pero yo soy de los que afirman que es un gran libro. No, no descubre nada, ni lo pretende. Cercas quiere escribir un libro que empezó como ficción y acaba como realidad. Hablamos de la esfinge: Cortina es la clave. Para el golpe y para el contragolpe. Y, además, para el contragolpe del contragolpe del contragolpe. Es el ganador del juego de la oca, para que me entiendan: de oca en oca y tiro porque me toca. El gran susto fue curativo. Y los héroes de la despedida quedan muy bien en sus retratos estatuarios: Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo. Hablamos con pasión mientras gustamos del gran cocido de Buenaventura. Ahora mi obsesión literaria es el general Miranda. Parece que me lo he inventado, por lo inverosímil de su vida. Pensó antes que Bolívar y, al final, supo que lo único que se podía hacer en la América española era emigrar. ABCD 8